Rash

(…)

Las primeras administraciones de la heroína se reciben con un fuerte desagrado: destacan las náuseas y los dolores abdominales: sin embargo, el heroinómano avezado, nada más pincharse la dosis, experimenta un brote de euforia o una sensación placentera conocida como rash: después de esa sensación inicial viene un desinterés por los asuntos habituales, acompañado de un entumecimiento que se desliza hacia un semisueño bastante parecido a la ebriedad: suele producir unas horas de calma lúcida y de propensión al contacto con los otros y a la introspección: la piel se sonroja, la boca se seca y los brazos y las piernas se vuelven pesados: el heroinómano se siente volando: dormido y despierto a la vez: la mente navega entre la niebla: el sistema nervioso central se ha debilitado.

(…)

LLORENTE, David. Te quiero porque me das de comer. Alreves, 2014.

La imagen es de Wikipedia Commons.

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