Grace Kelly – Somewhere Over the Rainbow

(…)

De camino al Edificio de Administración de la Policía paró en el Blue Whale para ver quién estaba tocando y quién vendría ese mes, y le sorprendió gratamente ver a Grace Kelly en el escenario con un cuarteto. Grace era una joven saxofonista de sonido poderoso. También cantaba. Bosch llevaba algunos de sus temas en el móvil y en ocasiones pensaba que Kelly estaba canalizando al difunto Frank Morgan, uno de sus saxofonistas favoritos. Pero nunca la había visto tocar en directo, así que pagó la entrada, pidió otra cerveza y se sentó al fondo de la sala, con el maletín en el suelo entre sus pies.

Disfrutó del concierto, sobre todo del juego entre Grace y su sección rítmica. Grace terminó con un solo que se clavó profundamente en el corazón de Bosch. La canción era Somewhere Over the Rainbow, y Grace sacó del saxo un sonido que ninguna voz humana podría igualar. Era quejumbroso y triste, pero venía acompañado de una ola innegable de esperanza subyacente. Hizo que Bosch pensara que todavía tenía alguna oportunidad, que podía todavía encontrar lo que estaba buscando, sin que importara el poco tiempo que le quedara.

(…)

CONNELLY, Michael. La habitación en llamas. Alianza editorial, 2017

 

Ohaguro

(…)

—No lo sabemos con seguridad. Partimos de las marcas que dejó en la víctima, óxido y restos de pintura negra.

—¡Ajá! —exclamó Smith—. Entonces tenemos que irnos a Japón.

—¿Ah, sí? —dijo Bratt acercándose el teléfono a la oreja.

—Tal vez hayas visto a mujeres japonesas con los dientes teñidos de negro. ¿No? Bueno. Pues se trata de una tradición llamada ohaguro. Quiere decir «la oscuridad tras la puesta de sol» y se inició en el periodo Heian, más o menos en el siglo VII después de Cristo. Y… eh… ¿sigo?

La mujer le indicó que sí moviendo la mano.

—Cuentan que en la Edad Media había un guerrero mongol del norte que hacía que sus soldados llevaran dentaduras de hierro pintadas de negro. Los dientes eran sobre todo para dar miedo, pero se podían usar en los combates cuerpo a cuerpo. Si estaban enzarzados de forma que no servían ni armas ni golpes ni patadas, los dientes podían utilizarse para desgarrar la garganta del enemigo.

(…)

NESBO, Jo. La sed. Reservoir books, 2017

La imagen, con licencia Creative Commons, es de Wikimedia Commons.