Mandazi

(…)

—Quince pisos, arriba y abajo. No había dónde comprar comida ahí arriba, por supuesto. Se llevaba algo para comer, o compraba un mandazi en el camino de ida. Pero aquella mañana se dejó la comida encima de la mesa. No pude soportar la idea de que pasase hambre. Tenía turno de tarde. Así que, pensé, se la llevaré.

(…)

CROMPTON, Richard. La hora del Dios Rojo. Siruela, 2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s