Gibson

(…)

6 partes de vodka

1 parte de vermut

2 cebollitas de cambray

Hielos

Mezcle las bebidas con el hielo en el vaso mezclador, agitándolo para escarchar. Sirva en una copa de coctel. Adorne con las dos cebollitas en un palillo.

En Chicago el coctel Gibson fue bautizado en los bares clandestinos de tiempos de la prohibición. El nombre viene de las características cebollitas que representan los senos de las famosas mujeres Gibson. Estas eran la personificación del ideal femenino de la época dibujado durante las dos primeras décadas del siglo Veinte por el famoso ilustrador de la revista Life, Charles Dana Gibson. Muchas modelos posaron para Gibson, como Anaïs Nin. Otro ilustrador, Harry G. Peter, tomó el modelo para realizar los cómics de Wonder Woman.

(…)

HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

La imagen es de la Wikipedia

Anuncios

The White Stripes – Blue Orchid

(…)

—¿Los mormones usan crucifijos?

—No —dijo Wyller—. Creen que la cruz simboliza la muerte y es pagana. Creen en la resurrección.

—Mmm… Así que un mormón con un crucifijo en la pared es casi como…

—Un musulmán con una caricatura de Mahoma.

—Exacto.

Harry subió el volumen de la música que sonaba en la radio. The White Stripes. «Blue Orchid.» Guitarra y batería. Desnudo. Nítido. Subió el volumen sin saber muy bien qué era lo que quería silenciar.

(…)

NESBO, Jo. La sed. Reservoir books, 2017

 

Burmese Days

(…)

—¿Y tus ladies? —preguntó Ferrer—. ¿Se quedó alguna?

—No, la duquesa y su séquito regresaron a Londres antes de esta guilladura colectiva. Se han ido hasta las cocottes francesas.

—Te debes aburrir mucho sin mujeres —bromeó Regina.

—Me ha salvado una inglesa preciosa con la que no tengo esperanza alguna: está casada y enamorada, que es peor; Eileen, se llama. —Los ojos del casanova se iluminaron por primera vez— Su marido es un inglés larguirucho que vino para pelear con el POUM en Aragón. Ahora el hombre está aquí, en el teatro Poliorama disparando contra los guardias que se atrincheraron en el café Moka.

Eddy sacó un libro del bolsillo de su chaqueta. Burmese Days. Tenía la cubierta rota y las esquinas dobladas por muchas lecturas.

—Es escritor, aunque usa un seudónimo para firmar. —Le pasó el libro a Regina.

—George Orwell —leyó ella—. No he oído hablar de él.

—Yo tampoco, hasta que Eileen me regaló el libro; estoy convencido de que algún día será famoso. —Eddy volvió a guardarse el volumen—. Escribe bien y ha vivido mucho, ¿qué más se le puede pedir?

(…)

IBÁÑEZ, José Luis. También mueren ángeles en primavera. Espasa Calpe, 2009

 

Simply Red – Stars

(…)

Ese atardecer, después de acompañar a Merlin hasta la puerta de su vivienda y dejar a Soledad en el centro de Galway, se marchó con las carpetas de Pembroke a un bar cercano. Al igual que lo había hecho en el Antiguo Bar Inglés, de Valparaíso, buscó una mesa apartada, ordenó una jarra de Guinness mientras retumbaba «Stars», de Simply Red, y comenzó a examinar los apuntes. Tenía confianza en ellos. Un historiador, pensó, no solo deja por escrito el pasado, sino también aquello que lo inquieta del presente.

(…)

AMPUERO, Roberto. Bahía de los misterios. Plaza y Janés, 2014

Torre Eiffel

ía calor cuando por fin avisté la casa de Ove Kjikerud. Fui hasta la orilla del bosque y me senté en un tocón desde donde podía ver bien la calle con sus chalets adosados y sus bloques de casas. Y me di cuenta de que la gente que vive en la zona este de la ciudad no tiene unas vistas tan diferentes a los de la elegante zona oeste. Todos teníamos vistas al edificio del Postgirobygget y al Hotel Plaza. La ciudad no se veía ni más fea ni más bonita. En realidad, la única diferencia era que desde aquí podía verse la parte oeste de la ciudad. Lo que me hizo pensar en cuando Gustave Eiffel construyó su famosa torre para la exposición universal de París en 1889 y los críticos dijeron que la mejor vista parisina era desde la torre Eiffel porque era el único sitio desde el que no se veía la torre Eiffel.

 (…)

NESBO, Jo. Headhunters. RBA, 2012

Eiffel

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de

Eiffel

Jefferson Airplane – White Rabbit

(…)

Sonaba «White Rabbit» en el estéreo, me había liado un grueso porro con kif de las montañas del Atlas y el más dulce tabaco para pipa de Carolina del Norte, y estaba a punto de meterme en la bañera cuando oí que sonaba el teléfono en la sala, que estaba en la planta inferior.

Las probabilidades de que le hiciera caso o no eran de cincuenta y cincuenta.

Lee dijo que si no hubiera contestado, no habría vuelto a llamarme porque tenía el instinto de no ofrecer información a la policía en ninguna circunstancia.

Sí bajé. Sí cogí el teléfono que estaba en la mesa.

—¿Sí?

—Soy Lee McPhail.

(…)

McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Pasta ‘Ncasciata

(…)

Quizá Adelina había tenido la buena idea de celebrar solemnemente su reincorporación al servicio. El caso es que, al abrir el frigorífico, se encontró ante una decena de involtini de pez espada preparados como a él le gustaban, y dos grandes hinojos cortados y limpios, perfectos para refrescar la boca. Y había también una botella de vino. En la parte interior de la puerta había un papel donde ponía: «Mirar también en el horno.» Y él miró. ¡En el horno resplandecía una fuente de pasta ‘ncasciata! Ni siquiera con el uso de la fuerza o la seducción dejaría que Ingrid lo convenciera para ir a cenar a un restaurante, fuera cual fuese. Por si acaso, cogió otra botella de vino blanco y la metió en el frigorífico. Y en ese preciso momento recordó que no tenía ni una gota de whisky en casa.

(…)

CAMILLERI, Andrea. La búsqueda del tesoro. Salamandra, 2013