Ratoncito Pérez

(…)

Mientras le abrochaba los cordones de las deportivas recordó una antigua adivinanza que treinta años antes le había contado su padre.

—¿Tú sabes cuál es el animal que tiene más dientes? —le preguntó muy serio.

—El león.

—No. —El cocodrilo. —No. —El tiburón.

—No.

—El lobo.

—No.

—¡Los perros! —exclamó, comenzando a impacientarse.

—No.

—¡Venga, dímelo!

—¡El ratoncito Pérez!

Alba frunció las cejas unos instantes, desconcertada, y luego, de pronto, soltó una risa ancha y feliz que a Julián Monasterio le pareció un prodigio.

(…)

FUENTES, Eugenio. La Sangre de los Ángeles. Alba, 2001

La imagen, con licencia Creative Commos, es de Wikimedia Commons.

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