Tigres del Norte – Camelia, la Texana

(…)

Algunos ya hacían fila y permanecían de pie o sentados en el suelo, mientras otros habían dejado sus mochilas y motetes, y aun bloques de construcción, en señal del sitio que les correspondía. Debajo de un frondoso mango de hojas lustrosas sembrado en la vereda, unos habían arrimado piedras para encender un fogón y calentaban café en una lata de leche condensada, y otros dormían sobre el cemento de la acera, abrigados con hojas de papel periódico o plásticos negros, de los mismos de embalar basura.

En un radio de baterías que sonaba quedamente, el locutor nocturno de La Picosa animaba a solicitar complacencias, y una radioescucha del barrio Campo Bruce pidió Camelia, la Texana, que empezó a escucharse de inmediato. Con el olor del café se esparcía el tufo de orines y ropa enmohecida, y desde la calle llegaba en oleadas la pestilencia de los promontorios de desperdicios.

Era una clientela de veteranos, al punto de matricular sus puestos en la fila con tanta confianza. Si Marcela había traspuesto aquel portón, alguno de ellos debió haberla visto, y ya el dato en mano, sólo era asunto de entrevistarse con esa reverenda Úrsula que decía Justin. De confirmarle ella que la muchacha se hallaba refugiada allí, asunto terminado. Le pasaría el dato a Mónica, y todos contentos.

—A lo mejor la desaparecida quiere purgar sus remordimientos de clase lavando los platos en la cocina de este refugio —dijo Lord Dixon.

(…)

RAMÍREZ, Sergio. Ya nadie llora por mí. Madrid : Alfaguara, 2017

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