Tortellini a la marinera

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—No te preocupes, Uli te ayudará. Es un experto en cocina italiana —añade Maña.

—¿Cómo un alemán puede ser experto en comida italiana? —le pregunta Adrianí.

Uli se echa a reír.

—En los restaurantes alemanes la cocina cierra a las diez, Adrianí —explica—. Los que quieren cenar más tarde, van a un griego o un italiano. Mis amigos y yo cenábamos siempre tarde, así que íbamos a menudo a restaurantes italianos. Así aprendí.

—Por eso se adaptó tan fácilmente a las costumbres griegas. Porque ya había aprendido a cenar tarde en Alemania —dice Maña—. Cuando vienen a visitarnos sus padres, nos quieren sentar a la mesa a las siete de la tarde. Un día les dije que, en Grecia, ni en los hospitales te dan de cenar a las siete.

—Pida tortellini a la marinera —me sugiere Uli—. Es un plato muy sabroso.

Acepto la sugerencia al tiempo que me santiguo mentalmente. Espero que esta cosa se pueda comer, porque, si no, me veré obligado a tragar hasta el último bocado para no ofenderlo. Mis temores demuestran carecer de fundamento, porque el plato está delicioso y, acompañado de las dos ensaladas que han pedido Katerina y Fanis para compartir, la cena es un auténtico manjar. Pienso que la salida de esta noche será la guinda del pastel y mañana volveré a encontrarme fatal.

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MÁRKARIS, Petros. Offshore. Tusquets, 2017

Mai tai

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1 ½ oz de ron blanco

1 oz de ron oscuro

½ oz de jugo limón

1 oz de jugo de toronja

1 oz de triple sec

1 cucharadita de falernum

2 gotas de angostura

Hielo

 Mézclelo en licuadora por medio minuto. Sírvalo en un vaso old fashion adornado con una rebanada de piña y una cereza.

El mai tai es la bebida que volvió famoso al restaurante Trader Vic en Oakland, California. Aunque la fecha de su apogeo es 1944, Don the Beachcomber reclama haberlo inventado en 1933. Las dos recetas son distintas y el sabor cambia. Aun así, el mai tai es otro símbolo de la cultura Tiki. En el Trader Vic se cuenta que cuando su dueño y famoso mixólogo Victor J. Bergeron lo elaboró una tarde para unos amigos de Tahití, uno de ellos al probarlo dijo «Maitai roa!» (¡Muy bueno!). Había nacido un clásico, como el Wooly Bully de Sam the Sham & The parahons.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

Mayiritsa

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Terminada la llamada, Adrianí vuelve a la cocina para buscar la mayiritsa y Maña la sigue con los huevos pintados y la ensalada. Mi mujer choca su huevo con el mío y me lo rompe, mientras que Uli rompe el de Maña.

—¿Qué esperabas de un alemán? —dice Maña riéndose—. Siempre tiene las de ganar.

—¿Sabéis cuál es la diferencia entre vosotros y nosotros, los alemanes, con respecto a la religión? —me pregunta Uli.

—Vete a saber. ¿Que nosotros somos ortodoxos y vosotros católicos o protestantes?

—Sois ortodoxos, efectivamente, es decir, de Oriente. Nosotros somos occidentales y nos lo tomamos todo muy en serio. En la iglesia tenemos que estar muy serios, con la cabeza inclinada, en silencio. Vosotros, por el contrario, os reís hasta cuando celebráis el entierro de Jesucristo, y también la Resurrección, por supuesto. Esto me gusta mucho. Porque inclinar la cabeza y no hablar en una celebración es de hipócritas. Vosotros, en cambio, disfrutáis de la fiesta sin tapujos.

Adrianí tiene razón, el chico se ha helenizado por completo, pienso mientras observo cómo ataca la mayiritsa.

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MÁRKARIS, Petros. Offshore. Tusquets, 2017

 

Manhattan

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2 oz de whisky

½ oz de vermut dulce

Cereza maraschino

Hielo

 Mezcle las bebidas con el hielo en el vaso mezclador, agitándolo para escarchar. Sirva en una copa de coctel. Adorne con la cereza. Bébalo oyendo I’d Like to Hate Myself in the Morning de Shirley Bassey.

 El Manhattan fue elaborado por primera vez a finales del siglo XIX, cuando la famosa fiestera Jenny Jerome pidió que le sirvieran al gobernador de Nueva York, Samuel J. Tilden, una bebida especial. Esto, en medio de una alborotada fiesta en el Manhattan Club. El coctel se volvió famoso en Wall Street, Broadway y el Hollywood de los años dorados.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

Salado

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1 parte de ginebra o vodka

3 partes de jugo de toronja

Sal

 Mezcle la ginebra con el jugo en un vaso alto con hielo y escarchado con sal.

 El perro salado es una variación del Greyhound, la diferencia es la sal. Se comenta que la bebida nació en tiempos de la guerra, en el Pacífico. Su popularidad en las islas fue por la facilidad de encontrar el jugo de toronja fresco. En los cincuenta fue llevado a los torneos de golf en Palm Spring, como aperitivo después de una larga caminata de 18 hoyos. Dean Martin lo hubiera disfrutado mucho.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

 

Kamikaze

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1 parte de vodka

1 parte de triple sec o cointreau

1 parte de jugo de limón

Mezcle todo. Agítelo con hielo. Sírvalo en un vaso corto o caballito tequilero. Se le puede agregar azúcar para endulzarlo. Si se quiere un color fluorescente, agregue una parte de curaçao azul. Si quiere algo más movido, pruebe con Summertime blues de Eddie Cochran.

El coctel kamikaze fue bautizado así en honor a los pilotos suicidas japoneses de la segunda guerra mundial. Quien lo prueba recibe, en efecto, una bomba, pero debe ser tomado todo de golpe, de un trago, con lo que se incrementa el golpe.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

Ulster Fry

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—¿Tienes hambre? —le pregunté a Kate.

—Podría ser —dijo, y miró con escepticismo el sitio, que era un típico local de carretera igual a los demás de la zona del pantano.

—Hacen un Ulster fry magnífico cuando Suzanne está de turno, y siempre sabes si Suzanne está de turno porque su moto Vincent Black Shadow está aparcada en el exterior.

—¿Eso que está ahí es una Vincent Black Shadow?

—Sí.

—¿El fry es la especialidad de la casa? —preguntó Kate.

—Sí.

—Entonces lo probaré.

—Yo invito —insistí.

Entramos. Pedí dos Ulster fries y dos tés. Cogí un Irish News y una Newsletter y nos sentamos en un reservado junto a la ventana. Leí las noticias deportivas y Kate leyó las noticias de verdad.

Llegaron nuestros platos: pan de patata, pan de soda, tortitas, huevos, gruesas salchichas de cerdo, beicon con grasa, morcilla… todo eso frito en grasa de carne.

—No creo que pueda comer esto —dijo Kate.

—¡Y una ración de tostadas! —le grité a Suzanne.

Kate mordisqueó una tostada, pero yo tenía que ganar peso, así que me tragué la mayor parte del plato.

La lluvia no había amainado, de modo que corrimos hasta el coche y casi nos resbalamos en el barro. Seguimos conduciendo y llegamos a Derry justo después de las diez.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016