Archivo de la categoría: Cuentitos Negritos

Man on the Moon

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—Esto es diferente, Harry. A principios de año hubo unos cuantos asesinatos relacionados con la droga. Un tipo de violencia que no habíamos visto hasta ahora. Y nadie dice nada. Encontraron a dos camellos vietnamitas colgados por los pies en una viga en el apartamento donde vendían la mercancía. Ahogados. Les habían atado a la cabeza una bolsa de plástico llena de agua.

—No es un método árabe, es ruso.

—¿Perdona?

—Los cuelgan por los pies, les atan una bolsa de plástico alrededor de la cabeza, pinchan un agujero en la bolsa a la altura del cuello para que puedan respirar y empiezan a echarles agua por las plantas de los pies. El agua va chorreando por el cuerpo hasta llegar a la bolsa, que va llenándose muy despacio. Se llama Man On The Moon.

—¿Y tú cómo sabes eso? Harry se encogió de hombros.

—Hubo un líder kirguiso, un multimillonario, que se llamaba Byráiev y que en los años ochenta se hizo con uno de los trajes espaciales del Apolo 11. Dos millones de dólares en el mercado negro. Todo aquel que intentaba engañar a Byráiev o que no le pagaba las deudas, acababa dentro del traje. Grababan la cara del desgraciado mientras iban vertiendo el agua. Después, enviaban el vídeo a los siguientes deudores cuyos plazos estaban a punto de vencer. Harry echó el humo hacia el cielo. Beate lo miró y meneó despacio la cabeza.

—¿A qué te dedicabas realmente en Hong Kong, Harry?

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NESBO, Jo. Fantasma. Random House, 2015

MinAstronauta

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Tom B

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Rash

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Las primeras administraciones de la heroína se reciben con un fuerte desagrado: destacan las náuseas y los dolores abdominales: sin embargo, el heroinómano avezado, nada más pincharse la dosis, experimenta un brote de euforia o una sensación placentera conocida como rash: después de esa sensación inicial viene un desinterés por los asuntos habituales, acompañado de un entumecimiento que se desliza hacia un semisueño bastante parecido a la ebriedad: suele producir unas horas de calma lúcida y de propensión al contacto con los otros y a la introspección: la piel se sonroja, la boca se seca y los brazos y las piernas se vuelven pesados: el heroinómano se siente volando: dormido y despierto a la vez: la mente navega entre la niebla: el sistema nervioso central se ha debilitado.

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LLORENTE, David. Te quiero porque me das de comer. Alreves, 2014.

La imagen es de Wikipedia Commons.

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Rita Hayworth

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No sé por qué me vino a la cabeza una anécdota de Rita Hayworth. La actriz se lamentaba, al final de sus días, de que su vida había sido una constante decepción. Los hombres se acostaban con Gilda y se despertaban con ella. Margarita conocía la anécdota. La había oído alguna vez. Y siempre le pareció una frase linda y poco más. Una frase de muro de Facebook que no se correspondía con la realidad de las mujeres de carne y hueso. Claro. Estaba bonita Rita Hayworth para hablar. A ella, a Esponda, le gustaría haberla visto acabada de despertar. No era Gilda, no. Pero era Rita Hayworth. Joder. Seguía siendo una mujer bellísima. Con legañas, el pelo revuelto y el aliento a hiena. Bellísima. Además, seguro que despertaría junto a un guayabo de hombre. Un actor, un deportista, un modelo. Que no jodiera Rita Hayworth.

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CORREA, José Luis. El verano que murió Chavela. Alba, 2014

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La mano de Dios

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—¿Cree que hizo lo correcto? —preguntó Sokolnikov.

—¿Quién?, ¿Taylor? Bueno, en la repetición quedó muy claro lo sucedido. Y el hombre se anota un diez de diez en deportividad por haberlo reconocido. Eso es lo que han dicho los periódicos. Quizá ha llegado el momento de que haya más juego limpio en este deporte. Como aquella vez, en 2000, cuando Paolo Di Canio cogió la pelota en lugar de chutarla jugando con el West Ham en Goodison. Sé que João opina otra cosa, pero el hecho está ahí. En 2013 vi de manera bastante clara a Daniel Sturridge, cuando ya jugaba en el Liverpool, meterle uno al Sunderland con la mano, y por cómo miró furtivamente al juez de línea era obvio que sabía que no era un gol legal. A pesar de eso, el gol subió al marcador y el Liverpool ganó el partido. Y mire lo que ocurrió con Maradona en el Mundial de 1986 contra Inglaterra.

—La mano de Dios.

—Exacto. Es uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, pero desde luego no contribuyó a aumentar su reputación en este país.

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KERR, Philip. Mercado de Invierno. Barcelona : RBA, 2015

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Contio

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El quinto y último día que Lépido fue interrex, un triunvirato de tribunos radicales convocó un contio en el Foro. Asistimos Eco y yo. Un contio es una asamblea pública al aire libre. Aunque puede dar la impresión de informalidad, es una función del Estado y se rige por unas normas específicas. Sólo personas muy determinadas pueden hablar en un contio, que debe tratar de un asunto concreto. Lo más importante es que sólo determinados funcionarios pueden celebrarlo. Los cónsules pueden hacerlo, por ejemplo. Y también los tribunos. Roma no tenía cónsules por entonces. Pero contaba con diez tribunos, como era costumbre. Algunos se mantenían muy ocupados.

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SAYLOR, Steven. Asesinato en la Vía Apia. Booket, 2007

 La imagen es de Wikipedia Commons

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Sacamantecas

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 El Sacamantecas era nuestro Jack el Destripador alavés, estrella imprescindible en todas las formaciones de Perfiles Criminales a las que había acudido.

Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, nacido en 1821 en Eguílaz, un pueblecito de la Llanada Alavesa, asesinó, violó y mutiló a seis mujeres, cuatro de ellas prostitutas, y murió por garrote vil en la antigua prisión del Polvorín Viejo.

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GARCÍA SÁENZ DE URTURI, Eva. El silencio de la ciudad blanca. Planeta, 2016

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Srbosjek

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—Una identificación, ¿con quién? —dijo Fabel—. No hay indicios de que utilizase esta hoja en el asesinato de Drescher. —No, no con Drescher. He investigado un poco para descubrir qué demonios es esto. Tiene un nombre: srbosjek. Se me ha ocurrido que podría ser el arma utilizada para matar a Goran Vujai en Copenhague. Aquel gángster serbio, ¿recuerda? —¿Vujai? —Fabel frunció el ceño—. ¿Qué te ha hecho pensar en él? Hechtner señaló la bolsa con un gesto. —Esto es un utensilio particularmente horrible ideado con un solo propósito: asesinar. Fue diseñado por los Ustaše, los fascistas que gobernaron durante la Segunda Guerra Mundial en Croacia. Los Ustaše creían en una Croacia étnicamente pura, libre de serbios, de gitanos y judíos… Construyeron su propio campo de concentración, Jasenovac, y asesinaron allí a un millón de personas o más. Lo hacían con sus propias manos: mataban a golpes, a cuchilladas o hachazos, cosa que suponía un trabajo intensivo. Así pues, inventaron el srbosjek. Se usaba para rebanar pescuezos con un máximo de velocidad y un mínimo esfuerzo. Por eso me he acordado de Vujai: srbosjek significa en croata «cortador de serbios». Se me ha ocurrido que alguien trató tal vez de hacer justicia poética.

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RUSSELL, Craig. La venganza de la Valquiria. Barcelona, Roca, 2012

La imagen, con licencia Creative Commons, es de la Wikipedia.

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