Archivo de la categoría: Cuentitos Negritos

Heisenberg

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 Dos cosas. La primera: ¿alguna vez has oído hablar de Heisenberg?

—¿El científico? Sí —respondió sorprendiendo al detective—. Un poco. Un tipo curioso: la incertidumbre y todo eso de que no podemos estar seguros de lo que vemos. Para alguien dedicado a la ciencia debía de ser muy frustrante comprobar que después de tanto trabajo y tanta investigación no llegaba a ninguna certeza.

—Para alguien dedicado a la ciencia… o a cualquier otra tarea —dijo Cupido.

—¿Por qué me lo preguntas?

—Nunca lo había oído mencionar, pero anoche me hablaron de él. Heisenberg llegó a la conclusión de que los átomos se comportan de distinta forma cuando los iluminan en un laboratorio que cuando están en la sombra y nadie los observa.

—Como nosotros —murmuró el Alkalino.

—¿Sabes que era el científico que menos hacía el amor de todos los científicos?

—¿Bromeas?

—Cuando encontraba el momento no encontraba la posición, y cuando encontraba la posición no tenía energía. Esperando la continuación, el Alkalino esbozó una sonrisa que el dolor detuvo.

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FUENTES, Eugenio. Mistralia. Tusquets, 2015

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Spassky

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A nuestro control llegó otro Land Rover proveniente de la RUC de Ballymena y los polis hablaban en un dialecto tan cerrado que nos costó entenderlos. Gran parte de su conversación parecía tener que ver con Jesús y los tractores, una combinación improbable para cualquiera que no conozca Ballymena. Y al anochecer llegó un Land Rover. Este transportaba a muchachos desde un lugar tan lejano como Coleraine. A nadie se le había ocurrido traer chocolate caliente o comida o cigarrillos, pero el inspector de la RUC de Coleraine sí se había venido con un tablero de ajedrez, solo por la satisfacción de ganarnos a todos. Le conté una anécdota sobre Boris Spassky (Periodista: «¿Qué prefiere, señor Spassky, el ajedrez o el sexo?». Spassky: «Depende mucho de la posición»). Pero no quedó impresionado y me hizo jaque mate en once jugadas.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Pawn2

 

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Frank

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Man on the Moon

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—Esto es diferente, Harry. A principios de año hubo unos cuantos asesinatos relacionados con la droga. Un tipo de violencia que no habíamos visto hasta ahora. Y nadie dice nada. Encontraron a dos camellos vietnamitas colgados por los pies en una viga en el apartamento donde vendían la mercancía. Ahogados. Les habían atado a la cabeza una bolsa de plástico llena de agua.

—No es un método árabe, es ruso.

—¿Perdona?

—Los cuelgan por los pies, les atan una bolsa de plástico alrededor de la cabeza, pinchan un agujero en la bolsa a la altura del cuello para que puedan respirar y empiezan a echarles agua por las plantas de los pies. El agua va chorreando por el cuerpo hasta llegar a la bolsa, que va llenándose muy despacio. Se llama Man On The Moon.

—¿Y tú cómo sabes eso? Harry se encogió de hombros.

—Hubo un líder kirguiso, un multimillonario, que se llamaba Byráiev y que en los años ochenta se hizo con uno de los trajes espaciales del Apolo 11. Dos millones de dólares en el mercado negro. Todo aquel que intentaba engañar a Byráiev o que no le pagaba las deudas, acababa dentro del traje. Grababan la cara del desgraciado mientras iban vertiendo el agua. Después, enviaban el vídeo a los siguientes deudores cuyos plazos estaban a punto de vencer. Harry echó el humo hacia el cielo. Beate lo miró y meneó despacio la cabeza.

—¿A qué te dedicabas realmente en Hong Kong, Harry?

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NESBO, Jo. Fantasma. Random House, 2015

MinAstronauta

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Tom B

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Rash

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Las primeras administraciones de la heroína se reciben con un fuerte desagrado: destacan las náuseas y los dolores abdominales: sin embargo, el heroinómano avezado, nada más pincharse la dosis, experimenta un brote de euforia o una sensación placentera conocida como rash: después de esa sensación inicial viene un desinterés por los asuntos habituales, acompañado de un entumecimiento que se desliza hacia un semisueño bastante parecido a la ebriedad: suele producir unas horas de calma lúcida y de propensión al contacto con los otros y a la introspección: la piel se sonroja, la boca se seca y los brazos y las piernas se vuelven pesados: el heroinómano se siente volando: dormido y despierto a la vez: la mente navega entre la niebla: el sistema nervioso central se ha debilitado.

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LLORENTE, David. Te quiero porque me das de comer. Alreves, 2014.

La imagen es de Wikipedia Commons.

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Rita Hayworth

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No sé por qué me vino a la cabeza una anécdota de Rita Hayworth. La actriz se lamentaba, al final de sus días, de que su vida había sido una constante decepción. Los hombres se acostaban con Gilda y se despertaban con ella. Margarita conocía la anécdota. La había oído alguna vez. Y siempre le pareció una frase linda y poco más. Una frase de muro de Facebook que no se correspondía con la realidad de las mujeres de carne y hueso. Claro. Estaba bonita Rita Hayworth para hablar. A ella, a Esponda, le gustaría haberla visto acabada de despertar. No era Gilda, no. Pero era Rita Hayworth. Joder. Seguía siendo una mujer bellísima. Con legañas, el pelo revuelto y el aliento a hiena. Bellísima. Además, seguro que despertaría junto a un guayabo de hombre. Un actor, un deportista, un modelo. Que no jodiera Rita Hayworth.

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CORREA, José Luis. El verano que murió Chavela. Alba, 2014

La imagen es de Wikipedia Commons.

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La mano de Dios

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—¿Cree que hizo lo correcto? —preguntó Sokolnikov.

—¿Quién?, ¿Taylor? Bueno, en la repetición quedó muy claro lo sucedido. Y el hombre se anota un diez de diez en deportividad por haberlo reconocido. Eso es lo que han dicho los periódicos. Quizá ha llegado el momento de que haya más juego limpio en este deporte. Como aquella vez, en 2000, cuando Paolo Di Canio cogió la pelota en lugar de chutarla jugando con el West Ham en Goodison. Sé que João opina otra cosa, pero el hecho está ahí. En 2013 vi de manera bastante clara a Daniel Sturridge, cuando ya jugaba en el Liverpool, meterle uno al Sunderland con la mano, y por cómo miró furtivamente al juez de línea era obvio que sabía que no era un gol legal. A pesar de eso, el gol subió al marcador y el Liverpool ganó el partido. Y mire lo que ocurrió con Maradona en el Mundial de 1986 contra Inglaterra.

—La mano de Dios.

—Exacto. Es uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, pero desde luego no contribuyó a aumentar su reputación en este país.

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KERR, Philip. Mercado de Invierno. Barcelona : RBA, 2015

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Contio

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El quinto y último día que Lépido fue interrex, un triunvirato de tribunos radicales convocó un contio en el Foro. Asistimos Eco y yo. Un contio es una asamblea pública al aire libre. Aunque puede dar la impresión de informalidad, es una función del Estado y se rige por unas normas específicas. Sólo personas muy determinadas pueden hablar en un contio, que debe tratar de un asunto concreto. Lo más importante es que sólo determinados funcionarios pueden celebrarlo. Los cónsules pueden hacerlo, por ejemplo. Y también los tribunos. Roma no tenía cónsules por entonces. Pero contaba con diez tribunos, como era costumbre. Algunos se mantenían muy ocupados.

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SAYLOR, Steven. Asesinato en la Vía Apia. Booket, 2007

 La imagen es de Wikipedia Commons

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