Archivo de la categoría: Cuentitos Negritos

Rita Hayworth

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No sé por qué me vino a la cabeza una anécdota de Rita Hayworth. La actriz se lamentaba, al final de sus días, de que su vida había sido una constante decepción. Los hombres se acostaban con Gilda y se despertaban con ella. Margarita conocía la anécdota. La había oído alguna vez. Y siempre le pareció una frase linda y poco más. Una frase de muro de Facebook que no se correspondía con la realidad de las mujeres de carne y hueso. Claro. Estaba bonita Rita Hayworth para hablar. A ella, a Esponda, le gustaría haberla visto acabada de despertar. No era Gilda, no. Pero era Rita Hayworth. Joder. Seguía siendo una mujer bellísima. Con legañas, el pelo revuelto y el aliento a hiena. Bellísima. Además, seguro que despertaría junto a un guayabo de hombre. Un actor, un deportista, un modelo. Que no jodiera Rita Hayworth.

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CORREA, José Luis. El verano que murió Chavela. Alba, 2014

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La mano de Dios

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—¿Cree que hizo lo correcto? —preguntó Sokolnikov.

—¿Quién?, ¿Taylor? Bueno, en la repetición quedó muy claro lo sucedido. Y el hombre se anota un diez de diez en deportividad por haberlo reconocido. Eso es lo que han dicho los periódicos. Quizá ha llegado el momento de que haya más juego limpio en este deporte. Como aquella vez, en 2000, cuando Paolo Di Canio cogió la pelota en lugar de chutarla jugando con el West Ham en Goodison. Sé que João opina otra cosa, pero el hecho está ahí. En 2013 vi de manera bastante clara a Daniel Sturridge, cuando ya jugaba en el Liverpool, meterle uno al Sunderland con la mano, y por cómo miró furtivamente al juez de línea era obvio que sabía que no era un gol legal. A pesar de eso, el gol subió al marcador y el Liverpool ganó el partido. Y mire lo que ocurrió con Maradona en el Mundial de 1986 contra Inglaterra.

—La mano de Dios.

—Exacto. Es uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, pero desde luego no contribuyó a aumentar su reputación en este país.

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KERR, Philip. Mercado de Invierno. Barcelona : RBA, 2015

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Contio

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El quinto y último día que Lépido fue interrex, un triunvirato de tribunos radicales convocó un contio en el Foro. Asistimos Eco y yo. Un contio es una asamblea pública al aire libre. Aunque puede dar la impresión de informalidad, es una función del Estado y se rige por unas normas específicas. Sólo personas muy determinadas pueden hablar en un contio, que debe tratar de un asunto concreto. Lo más importante es que sólo determinados funcionarios pueden celebrarlo. Los cónsules pueden hacerlo, por ejemplo. Y también los tribunos. Roma no tenía cónsules por entonces. Pero contaba con diez tribunos, como era costumbre. Algunos se mantenían muy ocupados.

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SAYLOR, Steven. Asesinato en la Vía Apia. Booket, 2007

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Sacamantecas

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 El Sacamantecas era nuestro Jack el Destripador alavés, estrella imprescindible en todas las formaciones de Perfiles Criminales a las que había acudido.

Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, nacido en 1821 en Eguílaz, un pueblecito de la Llanada Alavesa, asesinó, violó y mutiló a seis mujeres, cuatro de ellas prostitutas, y murió por garrote vil en la antigua prisión del Polvorín Viejo.

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GARCÍA SÁENZ DE URTURI, Eva. El silencio de la ciudad blanca. Planeta, 2016

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Srbosjek

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—Una identificación, ¿con quién? —dijo Fabel—. No hay indicios de que utilizase esta hoja en el asesinato de Drescher. —No, no con Drescher. He investigado un poco para descubrir qué demonios es esto. Tiene un nombre: srbosjek. Se me ha ocurrido que podría ser el arma utilizada para matar a Goran Vujai en Copenhague. Aquel gángster serbio, ¿recuerda? —¿Vujai? —Fabel frunció el ceño—. ¿Qué te ha hecho pensar en él? Hechtner señaló la bolsa con un gesto. —Esto es un utensilio particularmente horrible ideado con un solo propósito: asesinar. Fue diseñado por los Ustaše, los fascistas que gobernaron durante la Segunda Guerra Mundial en Croacia. Los Ustaše creían en una Croacia étnicamente pura, libre de serbios, de gitanos y judíos… Construyeron su propio campo de concentración, Jasenovac, y asesinaron allí a un millón de personas o más. Lo hacían con sus propias manos: mataban a golpes, a cuchilladas o hachazos, cosa que suponía un trabajo intensivo. Así pues, inventaron el srbosjek. Se usaba para rebanar pescuezos con un máximo de velocidad y un mínimo esfuerzo. Por eso me he acordado de Vujai: srbosjek significa en croata «cortador de serbios». Se me ha ocurrido que alguien trató tal vez de hacer justicia poética.

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RUSSELL, Craig. La venganza de la Valquiria. Barcelona, Roca, 2012

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Resistol

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Los clientes estaban agrupados en una esquina de la barra, apenas iluminados por el resplandor mortecino de la poca luz disponible. Había dos cazadores extraviados, todavía vestidos con ropas de camuflaje y chalecos reflectantes color naranja. Quizá este año, entre los ciervos, el color de moda fuera el azul. Distinguí a Buck Morris, uno de los vaqueros locales que cuidaba del ganado de la Fundación. Y era fácil distinguirlo por el sombrero: un Resistol muy ajado por el que un ejecutivo del petróleo le había ofrecido doscientos cincuenta dólares. Todo el mundo opinaba que Buck había dejado pasar su oportunidad.

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JOHNSON, Craig. Fría venganza. Madrid : Siruela, 2012

1911LOami Resistol Hats

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Miller Hats

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Patibularias

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—Quiero decir, ¿es posible que alguno de ellos se moviera después del disparo, con convulsiones o algo parecido?

El médico se colocó las gafas, comprobó que las tenía bien puestas y se las volvió a quitar.

—No.

—He leído que durante la Revolución francesa, antes de la guillotina, cuando todavía decapitaban a la gente manualmente, los condenados a muerte eran informados de que a veces el verdugo fallaba y, si eran capaces de levantarse y bajar del patíbulo, quedarían en libertad. Se dice que unos cuantos lograron levantarse sin cabeza y pudieron dar varios pasos antes de desplomarse en el suelo, para gran regocijo del público, claro está. Si no recuerdo mal, un científico explicó que el cerebro puede preprogramarse hasta cierto punto y los músculos pueden seguir trabajando un buen rato si el corazón ha recibido grandes cantidades de adrenalina justo antes del momento de la decapitación. Al parecer, es lo que les ocurre a las gallinas cuando se les corta la cabeza.

El forense sonrió con sorna.

—Muy gracioso, inspector. Pero me temo que se trata de leyendas urbanas.

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NESBO, Jo. Cucarachas. Barcelona : Penguin Random House, 2015

playmobil executioner

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de William Clifford

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