The Lass of Richmod Hill

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Amanece a las cuatro y arrían los botes de nuevo. Sumner va en el sexto con Cavendish, el camarero, el grumete y algunos de los falsos enfermos más persistentes. Hace dieciocho grados bajo cero, sopla una ligera brisa y el mar tiene el color y la consistencia del lodo de Londres. Sumner, que teme las lesiones por congelación, lleva su gorra de punto y una bufanda tejida. Sujeta un rifle entre las rodillas. Tras remar hacia el sureste media hora, divisan un trecho oscuro de focas a media distancia. Dejan el bote anclado en el hielo y desembarcan. Abre la marcha Cavendish, silbando The Lass of Richmond Hill, y los demás le siguen en una fila india algo desordenada. Cuando llegan a sesenta metros de las focas, se dispersan y empiezan a disparar. Matan tres focas adultas y acaban a golpes con seis crías, pero el resto del grupo escapa indemne. Cavendish escupe y vuelve a cargar su rifle; trepa hasta lo alto de una cresta de presión y otea el panorama.

—Por allí —grita a los demás,

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McGUIRE, Ian. La sangre helada. Roca editorial, 2016

Burning – ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

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Jandro, relajado, feliz, conducía con la música a todo volumen. Seguía escuchando a los mismos grupos que en los ochenta. «¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?, ¿qué clase de aventura has venido a buscar?», cantaban los Burning. De repente un taxista cambió de carril sin anunciarlo con el intermitente y Jandro tuvo que pegar un frenazo. Apagó la música y se concentró en el volante. No había bebido lo suficiente para emborracharse, pero pensó que si los paraban en un control de alcoholemia podía meter a su compadre en problemas. De repente le preguntó a Torca:

—Oye, ¿y tú qué hacías en un sitio como Burgos?

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PÉREZ, Leandro. Las cuatro torres. Planeta, 2014

Big Star – O My Soul

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El teléfono, los primeros compases de «O My Soul» de Big Star, interrumpió sus pensamientos. Por supuesto, había sido Bjørn quien se lo había bajado después de explicarle con mucha pasión la grandeza de esta banda setentera de los estados del Sur, además de quejarse de que el documental de Netflix le había privado de su labor misionera de muchos años: «Que les den, gran parte del placer que proporcionan las bandas desconocidas es precisamente eso, que son desconocidas». Bjørn tendría que madurar bastante para parecer adulto.

Contestó la llamada.

—Sí, Gunnar.

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NESBO, Jo. La sed. Reservoir books, 2017

Steve Miller Band – Quicksilver Girl

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Con un suspiro, Rebus la acompañó al salón.

—La trama se complica —dijo Clarke—. Dos vasos usados y olor a perfume en el aire viciado. —Se acercó al equipo de música y cogió un CD—. ¿Se largó ella cuando pusiste esto?

—Es la Steve Miller Band. Pon la número siete mientras busco una corbata.

Rebus se fue y Clarke hizo lo que le pedía. La canción se titulaba «Quicksilver Girl». El volumen estaba bajo, lo suficiente para una conversación de madrugada.

—Me gusta bastante —reconoció cuando volvió Rebus—. Son como unos Beach Boys más tranquilos. Pero los altavoces no funcionan bien.

—Ya lo sé.

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RANKIN, Ian. Perros salvajes. RBA, 2016

Mai tai

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1 ½ oz de ron blanco

1 oz de ron oscuro

½ oz de jugo limón

1 oz de jugo de toronja

1 oz de triple sec

1 cucharadita de falernum

2 gotas de angostura

Hielo

 Mézclelo en licuadora por medio minuto. Sírvalo en un vaso old fashion adornado con una rebanada de piña y una cereza.

El mai tai es la bebida que volvió famoso al restaurante Trader Vic en Oakland, California. Aunque la fecha de su apogeo es 1944, Don the Beachcomber reclama haberlo inventado en 1933. Las dos recetas son distintas y el sabor cambia. Aun así, el mai tai es otro símbolo de la cultura Tiki. En el Trader Vic se cuenta que cuando su dueño y famoso mixólogo Victor J. Bergeron lo elaboró una tarde para unos amigos de Tahití, uno de ellos al probarlo dijo «Maitai roa!» (¡Muy bueno!). Había nacido un clásico, como el Wooly Bully de Sam the Sham & The parahons.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

Grace Kelly – Somewhere Over the Rainbow

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De camino al Edificio de Administración de la Policía paró en el Blue Whale para ver quién estaba tocando y quién vendría ese mes, y le sorprendió gratamente ver a Grace Kelly en el escenario con un cuarteto. Grace era una joven saxofonista de sonido poderoso. También cantaba. Bosch llevaba algunos de sus temas en el móvil y en ocasiones pensaba que Kelly estaba canalizando al difunto Frank Morgan, uno de sus saxofonistas favoritos. Pero nunca la había visto tocar en directo, así que pagó la entrada, pidió otra cerveza y se sentó al fondo de la sala, con el maletín en el suelo entre sus pies.

Disfrutó del concierto, sobre todo del juego entre Grace y su sección rítmica. Grace terminó con un solo que se clavó profundamente en el corazón de Bosch. La canción era Somewhere Over the Rainbow, y Grace sacó del saxo un sonido que ninguna voz humana podría igualar. Era quejumbroso y triste, pero venía acompañado de una ola innegable de esperanza subyacente. Hizo que Bosch pensara que todavía tenía alguna oportunidad, que podía todavía encontrar lo que estaba buscando, sin que importara el poco tiempo que le quedara.

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CONNELLY, Michael. La habitación en llamas. Alianza editorial, 2017

 

Joan Manuel Serrat – No hago otra cosa que pensar en ti

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Abrí los ojos en la oscuridad. Por la herida de la cortina del cuarto sangraba el hilo de luz de una farola en la calle. Una chicharra me anunció que aún faltaban algunas horas para que amaneciera. Lo que no pudo pronosticar, por más que se empecinara, fue el día que estaba por amanecer. Fui incapaz de calcular el tiempo que había pasado desde el tiroteo. ¿De qué me extrañaba? A un cuerpo viejo y magullado, a un estado de ánimo deplorable solía acompañarlos una mente perdida y mustia. Los ojos me pesaban. Volví a cerrarlos como si el gesto pudiese protegerme de algo: del pánico, del Alzheimer, de la muerte.

Descubrí una grieta zigzagueante que cruzaba el techo desde la comisura de la lámpara hasta la ventana y me acordé de Serrat. ¿Cómo se titulaba la canción? Pensando en ti… Solo pienso en ti… No hago otra cosa que pensar en ti. Eso. No hago otra cosa que pensar en ti… Y no se me ocurre nada.

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CORREA, José Luis. El detective nostálgico. Alba, 2017