Ian Hunter – All the Young Dudes

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Mehmet Kalak había dado descanso a Coldplay y U2 y estaba probando a Ian Hunter con la clientela. Los altavoces atronaban con «All the Young Dudes».

—¿Qué te parece? —preguntó Mehmet.

—No está mal, pero molaba más por David Bowie —respondió la clientela.

Mejor dicho, Øystein Eikeland, que se había colocado al otro lado de la barra ya que su trabajo había terminado. Y, en vista de que tenían el bar para ellos solos, Mehmet subió el volumen.

—¡Por muy alto que pongas a Hunter! —gritó Øystein levantando su daiquiri.

Era el quinto. Opinaba que, puesto que lo había preparado él mismo y por tanto debía considerarse parte de su aprendizaje como encargado de bar, eran gastos de formación y por tanto deducibles en la declaración de la renta. Y dado que como empleado le hacían precio especial, pero pensaba presentar el gasto por la cantidad del precio de venta al público, en realidad ganaba dinero con las consumiciones.

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NESBO, Jo. La sed. Reservoir books, 2017

 

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Blind Willie Johnson – Tear This Building Down

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Nos quedamos de pie unos segundos y giré para marcharme.

—De todas maneras, no te diremos dónde está Dermot —dijo Fiona.

—Lo sé. Esto no es por eso.

—¿Y por qué es?

—Por los viejos tiempos.

Bajé las escaleras, subí al BMW y encendí las luces. La lluvia caía con más fuerza que nunca, así que puse al máximo los limpiaparabrisas y el desempañador. Atravesé el Shantallow. Estaban llegando unos coches de bomberos del Waterside para apagar el incendio de la tienda de Poppy Devlin pero, como era habitual, se había reunido una multitud para contemplar embobados las llamaradas y arrojar botellas de leche y piedras a los bomberos impidiéndoles acercarse. Rebusqué en la caja de casetes y saqué la cinta de Blind Willie Johnson. Apreté el avance rápido hasta que llegué a la pista cuatro, «Tear This Building Down», «Demoler este edificio». La guitarra emitió sus rasgueos y Blind Willie Johnson gruñó la letra: «Bien, si pudiera hacer lo que quiero, Señor, en este mundo malvado, Señor. Si pudiera hacer lo que quiero, Señor, demolería este edificio…».

Por fin dejó de llover y mantuve una buena velocidad durante el viaje hacia el sur. Cuando llegué a Carrickfergus, no eran más de las diez de la noche, pero estaba tan cansado que me acosté de inmediato y, por una vez, dormí el sueño de los justos.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

 

Buddy Knox – Party Doll

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Entró en la gasolinera. El gerente, que había sido un tipo fuerte y ahora sólo era un tipo gordo, estaba sentado en su escritorio; como siempre, sin hacer nada. En la radio sonaba Party Doll, con Buddy Knox y su suave forma de cantar, y con ese bonito solo de guitarra con ritmo de rock and roll que venía después. A Stewart le gustaba. No era Link, pero estaba bien.

—¿Podemos hablar? —preguntó Stewart.

—Adelante —dijo el gerente, sin mirarlo a los ojos.

—¿Cuándo me darás la oportunidad de arreglar coches?

—Cuando hagas el cursillo.

—Podría montar y desmontar un motor con los ojos cerrados.

—Bueno, tal vez puedas aprovechar ese don en un circo —observó el gerente—, pero el cartel de ahí fuera dice «mecánicos titulados». Si quieres trabajar de mecánico, nuestra empresa matriz exige que hagas el curso.

«Que le den por culo al curso —pensó Stewart—. No he estudiado desde que estuve en Montgomery Blair, cuando tenía dieciséis años. No necesitaba cursos entonces y, desde luego, no necesitaba terminar la secundaria. Para saber trabajar en un coche no hace falta sentarse en un aula.»

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PELECANOS, George. Revolución en las calles. Zeta bolsillo, 2005

The White Stripes – Blue Orchid

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—¿Los mormones usan crucifijos?

—No —dijo Wyller—. Creen que la cruz simboliza la muerte y es pagana. Creen en la resurrección.

—Mmm… Así que un mormón con un crucifijo en la pared es casi como…

—Un musulmán con una caricatura de Mahoma.

—Exacto.

Harry subió el volumen de la música que sonaba en la radio. The White Stripes. «Blue Orchid.» Guitarra y batería. Desnudo. Nítido. Subió el volumen sin saber muy bien qué era lo que quería silenciar.

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NESBO, Jo. La sed. Reservoir books, 2017

 

Simply Red – Stars

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Ese atardecer, después de acompañar a Merlin hasta la puerta de su vivienda y dejar a Soledad en el centro de Galway, se marchó con las carpetas de Pembroke a un bar cercano. Al igual que lo había hecho en el Antiguo Bar Inglés, de Valparaíso, buscó una mesa apartada, ordenó una jarra de Guinness mientras retumbaba «Stars», de Simply Red, y comenzó a examinar los apuntes. Tenía confianza en ellos. Un historiador, pensó, no solo deja por escrito el pasado, sino también aquello que lo inquieta del presente.

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AMPUERO, Roberto. Bahía de los misterios. Plaza y Janés, 2014

Jefferson Airplane – White Rabbit

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Sonaba «White Rabbit» en el estéreo, me había liado un grueso porro con kif de las montañas del Atlas y el más dulce tabaco para pipa de Carolina del Norte, y estaba a punto de meterme en la bañera cuando oí que sonaba el teléfono en la sala, que estaba en la planta inferior.

Las probabilidades de que le hiciera caso o no eran de cincuenta y cincuenta.

Lee dijo que si no hubiera contestado, no habría vuelto a llamarme porque tenía el instinto de no ofrecer información a la policía en ninguna circunstancia.

Sí bajé. Sí cogí el teléfono que estaba en la mesa.

—¿Sí?

—Soy Lee McPhail.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Sex Pistols – No future

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 —Ya, pero no te fuiste.

—A veces soy un poco lento pensando.

—¿Y después?

Harry se cruzó de brazos.

—Después, esto: Chungking.

—¿Y los planes de futuro?

Harry se encogió de hombros y apagó el cigarro. Y a Kaja se le vino a la cabeza la carátula del disco que Even le había enseñado, con la foto de Sid Vicious, de los Sex Pistols. Y la música que sonaba de fondo: «No future, no future».

—Ya sabes lo que necesitabas saber, Kaja Solness.

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NESBO, Jo. El leopardo. Random House, 2014