Archivo de la categoría: Karaoke Kriminal

Lou Reed – Vicious

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 Arranqué, procurando no hacer ningún movimiento brusco, dando tiempo a que Willy nos siguiera con comodidad. Le pregunté a Andrade si le importaba que pusiera la radio.

—Haz lo que te salga de la pinga —contestó, poniéndose cómodo.

Estaban dando Vicious, de Lou Reed. Me divirtió mucho la coincidencia: conducir hacia la salida Sur de la ciudad llevando en la furgona al padre de la Patri y que sonara precisamente esa canción, Vicious, que habla de una tía viciosa que quiere que le den leña. Estuve a punto de hacer partícipe al poli de estos pensamientos, pero provocarle hubiera podido precipitar demasiado las cosas.

Continuamos avanzando por entre el tráfico de la autopista, escuchando rock hasta más allá de Telde. Creo recordar que pusieron el Young Americans de David Bowie y una de Frank Zappa, Apostrophe. Después, pasando Vecindario, justo cuando estaba comenzando Voodoo Longue, la señal se perdió y aquella banda fue invadida por una de esas emisoras del sudeste que dan música pachanguera.

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RAVELO, Alexis. La última tumba. Madrid : Edaf 2013

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Ry Cooder – Teardrops Will Fall

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Me llevé el teléfono móvil al bolsillo. No más llamadas. Estábamos a última hora del viernes por la tarde. Era mejor que me olvidara del caso y lo retomara por la mañana. Todo podía esperar hasta entonces.

—Rojas, pon un poco de música. ¡Ha llegado el fin de semana, hombre! Rojas pulsó la tecla del reproductor de discos compactos en el salpicadero. Me había olvidado de qué disco había puesto la última vez, pero pronto identifiqué la canción como la versión que había hecho Ry Cooder de Teardrops Will Fall, aquel tema clásico de los años sesenta que aparecía en la recopilación de lo mejor del cantante. Era una buena canción, y muy apropiada. Una canción sobre el amor perdido y el abandono.

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CONNELLY, Michael. El quinto testigo. Barcelona : RBA, 2015

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Paul McCartney & Stevie Wonder – Ebony & Ivory

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Tony se había desplazado hasta allí en un Land Rover de la poli, así que cogimos mi coche.

El trayecto del Ballygalley rural a la miseria gris de Larne era de diez minutos. Charlamos un poquito y Radio 1 puso Ebony & Ivory, una canción nueva de Paul McCartney y Stevie Wonder. Dj Mike Read la puso dos veces seguidas, lo que era un tanto cruel por su parte, porque estaba claro que era la peor canción al menos de la década, quizás de todo el siglo.

La RUC de Larne.

Con uno de los suyos abatido a tiros, la atmósfera era apocalíptica y cargada de negrura. Dimos nuestras condolencias al sargento de guardia y metimos unas pocas monedas de cobre en la hucha de las viudas y huérfanos dejándonos ver.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

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Kool and the Gang – Soul Vibrations

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Jefferson se levantó y puso un álbum en el plato de su equipo compacto. Era el nuevo de Kool and the Gang, Music is the Message. Dejó caer la aguja en la canción titulada «Soul Vibrations». A medida que avanzaba, dijo:

—Este trozo de jam es alucinante. Jones no hizo ningún comentario. No le gustaban mucho ni la música ni los libros. Le gustaban las películas cuando tenía tiempo, las que tenían a tipos negros de protagonistas, pero principalmente se concentraba en su trabajo. Su meta era dejar tras de sí un nombre que la gente recordara. Eso sí que valía la pena. Tal vez fuera lo único. La única forma en que uno podía ganar. Porque al final todo el mundo se acababa yendo a dormir con los gusanos.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013

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Shosholoza

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Emmanuel se estaba adentrando en el veld cuando un segundo grupo de criados, decididos a despejar la zona blanca del pueblo antes del toque de queda, pasaron andando a buen paso y cantando. Emmanuel conocía la canción:

– Shosholoza, shosholoza… Kulezontaba

La traducción aproximada era «Ve más deprisa, andas vagando por esas montañas. El tren viene de Sudáfrica». La propia palabra shosholoza sonaba como el silbido de un tren de vapor. El aire trajo el rítmico canto de los criados a sus oídos y Emmanuel sintió el calor de la noche africana en su piel y su pelo. Las voces de los criados se fueron apagando y él se volvió hacia la casa del comisario.

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NUNN, Malla. Un hermoso lugar para morir. Madrid : Siruela, 2012

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Ruso blanco

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 2 partes de vodka

1 parte de licor de café,

preferentemente Kalhúa

Leche o crema ligera

 

Mezcle el vodka, preferentemente muy frío, con el licor de café. Sírvalo en un vaso corto con hielos. Ponga la crema al gusto muy despacio, para lograr un efecto visual especial de la crema mezclándose lentamente con el alcohol.

Éste es un coctel para muchas ocasiones. Lleva su nombre en honor de los «anti-bolcheviques», los rusos blancos de la Revolución rusa. No es una bebida rusa, pero se prepara con vodka, una bebida femenina y alcahueta. The Dude en Big Lebowski la llamaba, cariñosamente, «caucásica». Cest si bon, de Eartha Kitt y Henri Rene, tampoco es rusa, pero es igual de buena.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

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The Stranglers – Peaches

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Tengo tonos de llamada personalizados según quién me llame. Para Viktor Sokolnikov, el Ejército Rojo canta una famosa canción tradicional rusa llamada Kalinka. El de Zarco es London Calling, de The Clash. El de Sonja es I’m So Excited, de las Pointer Sisters. Esta vez no era ninguno de esos. Peaches, de The Stranglers, significaba que era Maurice McShane (lo había relacionado con el actor Ian McShane, que aparecía en Sexy Beast); Maurice era asesor personal y negociador extraoficial del City y la primera línea de defensa en cualquier crisis que estallara fuera del terreno de juego. Su labor consistía en ayudar a nuestros jugadores, pagados en exceso y a menudo ingenuos, en todo tipo de cosas: desde abrir una cuenta bancaria en un paraíso fiscal hasta pagar a algún capullo al que alguno de ellos le ha dado una paliza. Eso significaba que Maurice era uno de los hombres más ocupados de la ciudad deportiva. Los jugadores suelen confiar problemas al auxiliar que ni se plantearían mencionar al director técnico; solo ahora se los confiesan a Maurice, que a veces —si el asunto es de gravedad— me informa de ello. Lo de contratar a Maurice fue idea mía; lo había conocido en el talego y en los cinco meses que llevábamos juntos en el City ya habíamos atajado varios escándalos. No entraré en eso ahora mismo. Baste decir que jamás hemos hecho nada ilegal. Solo cosas que mantenían alejados a nuestros jugadores de los periódicos por un motivo u otro.

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KERR, Philip. Mercado de Invierno. Barcelona : RBA, 2015

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