Odio

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-Tal vez sería mejor que nos lo contara desde el principio. Háblenos de lo que hizo el miércoles de marras.- La voz de Martin Beck.

B.S.: Mis vacaciones habían empezado el lunes, así que tenía el día libre. Por la mañana no hice nada en particular; estuve en casa. Lavé unas camisas y ropa interior, porque con este calor hay que cambiarse de ropa a menudo. Luego me comí un par de huevos fritos y tomé un poco de café para almorzar y, nada más terminar de fregar los platos salí a hacer la compra. Me fui a Tempo, en la plaza Värnhems. No es la tienda más cercana, quería matar un poco de tiempo. En Malmö no tengo muchos conocidos, sólo unos cuantos compañeros de trabajo, pero estábamos de vacaciones y todo el mundo se había ido con sus familias por allí. Cuando terminé la compra, volví a casa. Hacía un calor terrible, así que no me apetecía volver a salir y me tumbé en la cama a leer un libro que me había comprado en Tempo: El odio, de Ed McBain.* Luego, por la tarde, refrescó un poco, y a eso de las seis y media me fui en bici al campo de tiro.

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SJÖWALL, Maj y WAHLÖÖ, Per. Asesinato en el Savoy. RBA, 2010.

 

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Chaka Khan – Ain’t Nobody Love You Better

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Desconectó la llamada y puso la radio. Chaka Khan cantaba “Ain’t Nobody Love You Better”. Si podéis escucharla sin mover los pies es que tenéis un serio problema de ritmo. Se metió por la autovía de Long Island en dirección este, hoy sorprendentemente despejada: normalmente era como un aparcamiento enorme que avanzaba al unísono cada par de minutos.

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COBEN, Harlan. El miedo más profundo. RBA, 2010.

 

 

Sidecar

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2 oz de brandy

1 oz de jugo de limón

1 oz de cointreau o triple sec

 

Mezcle y enfríe con hielo. Sírvase en una copa coctelera. Se puede adornar escarchándolo con azúcar. Makin Whoope, de Ella Fitzgerald, refleja su espíritu de preguerra.

El sidecar fue creado en un bar de París donde el patrón era muy popular por conducir una motocicleta con su carro adjunto. David A. Embury, famoso historiador de cocteles, opta por el mito de que el creador fue un capitán de la primera guerra mundial que deseaba beber un daikirí en un bistró francés y que al no encontrar ron lo cambió por brandy.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

 

Iron Butterfly – In a Gadda Da Vida

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—¿Señor Decker? Soy Alex Jamison, del News Leader.

—Le gusta In-A-Gadda-Da-Vida? Fue el mayor éxito de ventas de los Iron Butterfly. Treinta millones de copias vendidas. Uno de los cuarenta principales de todos los tiempos.

Había leído aquello tres años antes en un artículo de Rolling Stone, comiéndose un sándwich de mantequilla de cacahuete con mermelada y tomándose una taza de café en un restaurante del centro, cuando era testigo de un caso sobre una banda de asaltantes a los que Lancaster y él habían arrestado. Estaba en la página cuarenta y dos de la revista, en la parte inferior derecha. Veía mentalmente la página y la foto con tanta claridad como si la estuviera viendo en alta definición por la tele. Al principio aquella memoria fotográfica lo sacaba de quicio. Ahora la encontraba algo tan natural como el aire que respiraba.

Ella pareció sorprendida por su comentario hasta que se miró el tatuaje. Luego le sonrió.

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BALDACCI, David. Memoria total. Ediciones B, 2016

 

Marck Knopfler – Postcards from Paraguay

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Comimos, bebimos y hablamos de nada mientras el saco nos vigilaba de cerca.

Cuando terminamos de comer, puse Shangri-la de Mark Knopfler. Después tomé mi copa y me fui a sentar en el sofá. Ella se quedó en su sitio. Cuando comprendió cuál sera el disco, dijo que le gustaba mucho Postcards from Paraguay. Dejé la copa en el suelo, me incliné hacia el botón y pulsé hasta la pista número siete. Entonces ella se acercó para sentarse a mi lado en el sofá, justamente cuando empezaba a sonar la canción.

One thing was leading to the next.

Precisamente.

Fue lo último racional que consiguió decirme por aquella noche.

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CAROFIGLIO, Gianrico. Dudas razonables. Ediciones Urano, 2008.

Calles

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Empezaron a dar vueltas de nuevo. De repente, el comisario recordó el criterio que todos los registros toponímicos, todos sin excepción, tanto de pueblos como de grandes ciudades, emplean para dar nombre a las calles. A las más centrales les asignan nombres de cosas abstractas, como libertad, república o independencia; a las que son un poco menos centrales, de políticos del pasado, como Cavour, Zanardelli o Crispi; a las inmediatamente contiguas, de políticos más recientes, como De Gasperi, Einaudi o Togliatti. A continuación, conforme quedan más distantes del centro, vienen los héroes, los militares, los matemáticos, los científicos, los industriales, y así sucesivamente hasta llegar a algún dentista. Por último, en las calles situadas más en la periferia, las más miserables, las que lindan con el campo abierto, aparecen nombres de artistas, escritores, escultores, poetas, pintores y músicos. De hecho, via Vitaliano Brancati consistía en cuatro casuchas donde las gallinas vivían en libertad. Y aquello fue, en cierto sentido, una suerte.

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CAMILLERI, Andrea. La búsqueda del tesoro. Salamandra, 2013

La imagen, con licencia Creative Commons, es de Wikimedia Commons.

 

Huevos fritos

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Cuando Jareño se mostró medianamente satisfecho de mi declaración, era tarde. Llegué a mi casa a las dos de la madrugada, cansado y hambriento. Tenía unos deseos incontenibles de tumbarme en la cama y meditar acerca de la mejor manera de apearme de este planeta sin lastimarme en exceso. No la encontré, en caso contrario se la diría. Cariño me esperaba con la correa en la boca y un meneo circular de cola que indicaba bien a las claras que su felicidad dependía exclusivamente de mí. Tragué dos huevos fritos con sendas lonchas de jamón de plástico. Luego Cariño y yo nos lanzamos a la noche del Poble Sec en busca de los mejores rincones para olfatear. Ya sé que las dos de la madrugada no es la mejor hora para pasear por las calles de mi barrio, pero Cariño me sorprendió, el primer día que la saque a pasear, con una cualidad de la que yo en principio no la creí capaz. Tiene un olfato especial para detectar a la mala gente, y una forma convincente de demostrarles que no le gustan. Si nos cruzamos con algún tipo que ella cree poco recomendable, un sordo ronroneo amenazador, como de gato grande, le surge de la garganta, levanta el labio superior y deja al descubierto unos sorprendentes colmillos que sin grandes dificultades servirían de paragüero.

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GUTIÉRREZ MALUENDA, Luis. Un caniche blanco muerto. Literaturascomlibros.es, 2013