Archivo de la etiqueta: Adrian McKinty

Ulster Fry

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—¿Tienes hambre? —le pregunté a Kate.

—Podría ser —dijo, y miró con escepticismo el sitio, que era un típico local de carretera igual a los demás de la zona del pantano.

—Hacen un Ulster fry magnífico cuando Suzanne está de turno, y siempre sabes si Suzanne está de turno porque su moto Vincent Black Shadow está aparcada en el exterior.

—¿Eso que está ahí es una Vincent Black Shadow?

—Sí.

—¿El fry es la especialidad de la casa? —preguntó Kate.

—Sí.

—Entonces lo probaré.

—Yo invito —insistí.

Entramos. Pedí dos Ulster fries y dos tés. Cogí un Irish News y una Newsletter y nos sentamos en un reservado junto a la ventana. Leí las noticias deportivas y Kate leyó las noticias de verdad.

Llegaron nuestros platos: pan de patata, pan de soda, tortitas, huevos, gruesas salchichas de cerdo, beicon con grasa, morcilla… todo eso frito en grasa de carne.

—No creo que pueda comer esto —dijo Kate.

—¡Y una ración de tostadas! —le grité a Suzanne.

Kate mordisqueó una tostada, pero yo tenía que ganar peso, así que me tragué la mayor parte del plato.

La lluvia no había amainado, de modo que corrimos hasta el coche y casi nos resbalamos en el barro. Seguimos conduciendo y llegamos a Derry justo después de las diez.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

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Roxy Music – For Your Pleasure

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—¿Y ahora qué, jefe? —dice Matty.

—Coge un Land Rover y un conductor y lleva esta maceta al laboratorio. Quiero que la examinen los mejores expertos forenses de la científica y que te quedes con esos jodidos hasta que hayan terminado. Si encuentran cualquier resto del puto regaliz americano ahí nos bastará para ahorcar a McFarlane.

Matty recoge la maceta y sale disparado como Correcaminos.

El resto nos marchamos a casa.

El 113 de Coronation Road.

Pongo For Your Pleasure, de Roxy Music.

Frío un poco de beicon y cebolla.

Me tomo la cena y escucho las dos caras del LP que hacía siete u ocho años que no oía.

Cuando se acaba me pongo la gabardina y me voy andando a la comisaría para esperar a Matty.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

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Cien años de soledad

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El domingo una borrasca atlántica aparcó sobre Irlanda y estuvo lloviendo tan fuerte que podría haber sido el 12 de julio o cualquiera de esos otros días de fiesta en que Dios vierte su ira líquida sobre los unionistas que desfilan por las calles con sus sombreros de hongo y sus bandas. No salí de casa en todo el día. Estaba tan aburrido que casi me fui al Salón del Evangelio de Victoria Road donde se suponía que hablaban lenguas, danzaban con serpientes y después te invitaban a un trozo de pastel Dundee gratis. En vez de eso, me puse a oír música y a leer Cien años de soledad, que me habían mandado del club del libro. Era una buena novela, pero, como dijo aquel, tal vez setenta y cinco años de soledad hubieran sido suficientes.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Alianza, 2013

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Paul McCartney & Stevie Wonder – Ebony & Ivory

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Tony se había desplazado hasta allí en un Land Rover de la poli, así que cogimos mi coche.

El trayecto del Ballygalley rural a la miseria gris de Larne era de diez minutos. Charlamos un poquito y Radio 1 puso Ebony & Ivory, una canción nueva de Paul McCartney y Stevie Wonder. Dj Mike Read la puso dos veces seguidas, lo que era un tanto cruel por su parte, porque estaba claro que era la peor canción al menos de la década, quizás de todo el siglo.

La RUC de Larne.

Con uno de los suyos abatido a tiros, la atmósfera era apocalíptica y cargada de negrura. Dimos nuestras condolencias al sargento de guardia y metimos unas pocas monedas de cobre en la hucha de las viudas y huérfanos dejándonos ver.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

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Pink Floyd – Shine On You Crazy Diamond

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—¿Alguna mujer misteriosa más te ha dejado una felicitación?

—Hoy no.

—Si fuera algo serio te lo hubiera dicho sin más, no te hubiera dejado una nota tan críptica. Eso solo pasa en las películas.

—Estaba pensando exactamente lo mismo.

El tiempo se detuvo uno o dos segundos.

—No dejes que el trabajo te pueda, ¿vale?

—Vale.    —Pues cuídate.

—Me cuidaré.

Colgó. Me preparé otro gimlet de vodka, bajé las luces y puse Wish You Were Here, de Pink Floyd. Avancé la aguja hasta Shine On You Crazy Diamond, la canción sobre la depresión mental de Syd Barrett, y puse el tocadiscos en repetición. Llamé a la RUC de Carrick y pregunté por el agente McCrabban.

—McCrabban al habla —dijo.    —¡Cristo bendito! ¿Todavía estás ahí?

—No deberías tomar el nombre de Dios en vano. Y sí, todavía estoy aquí.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

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Papamóvil

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—Hace tiempo que no te veía, Sean —me dijo el padre O’Hare muy expresivamente, aunque quizás con un toque admonitorio. Y si existía ese toque, no me gustaba un carajo.

—Gran error, padre —dije.

—¿Qué?

—No se puede ser cura y llevar un BMW. Es totalmente inadecuado.

—Sean, estoy seguro de que ya sabes que eso que llaman el papamóvil lo fabrica la BMW.

—El Santo Padre sobrevivió a un intento de asesinato por intervención directa de Nuestra Señora de Fátima y por tanto puede hacer lo que le dé la gana en cuestión de vehículos; pero con el debido respeto, padre, usted todavía no ha llegado ahí.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013.

El PapaMóvil

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Félix Bernet

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Plastic Bertrand – Ca Plane Pour Moi

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Detuve el coche a su lado y bajé la ventanilla.

—Hola —le dije.

Pareció sobresaltarse un poco.

—Oh, qué hay… ¿qué hace por aquí?

—Vengo de ver a su cuñado.

—¿Por Martin?

—Sí.

—¿Algo nuevo?

—Me temo que no. Era para atar algunos cabos sueltos.    Asintió, frunció el ceño y después sonrió.

—¿Qué demonios es esa música? —me preguntó.

—Es Plastic Bertrand.

—¿Y ese quién es?

—Un tipo de la new wave belga.

—¿Qué es la new wave?

—¡Dios mío! Quiero decir, supongo que por aquí conocen la rueda, ¿no? ¿Y el fuego?

Se echó a reír.

—¿No vivirán todavía en cavernas y cazarán mamuts lanudos?

—Más bien mejillones —y levantó la cesta.

—¿Quiere que la lleve? —pregunté.

—En coche no se llega a donde voy.

—¿Y dónde es?

—Abajo, a la orilla.

(…)

McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013.

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