Led Zeppelin – No Quarter

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Conduje hacia el norte pasando por Ballypatrick, Ballycastle y Ballintoy.

Aparqué en la Calzada del Gigante y cuando la lluvia amainó saqué mi walkman, me subí la cremallera de mi chaqueta de cuero, que llevaba encima de una sudadera con capucha, y caminé sobre las rocas hasta el punto máximo en que se internaban en el Atlántico Norte.

Era bastante más tarde de la medianoche. No había gente, ni pájaros, ni nada.

Alcancé a divisar algunas luces de las aldeas de la península de Kintyre, en Escocia. Nada más. Me senté sobre una de las columnas hexagonales más próximas al agua y puse Houses of the Holy de Led Zeppelin en el reproductor. Avancé a gran velocidad la casete hasta que llegué a «No Quarter». Quemé un poco de resina de cannabis y la froté para añadirla a un cigarrillo liado.

Lo encendí y me eché la capucha hacia atrás. El cielo estaba formado por espejos. Estrellas de ojos empañados de cuyos verdaderos nombres e historias estábamos destinados a no saber nada. Inhalé el cannabis negro. Lo retuve. Lo solté. La luna sabía. Había visto mucho en su elipse de cuatro mil millones de años. Pasaría mucho tiempo hasta que perdonara nuestro sacrilegio de habernos presentado ante ella espontáneamente en 1969.

Cerré los ojos. El clima era cálido. Reinaba un aroma a sal y espuma. El mar rompía suavemente contra el cabo, en este sendero oculto entre los reinos. El camino que todavía existe para aquellos que pueden ver de verdad. Me tumbé sobre las rocas planas.

—¿Qué voy a hacer ahora? —le dije al mar en voz alta—. ¿Qué voy a hacer ahora que he enderezado el mundo?

El mar, como siempre, se guardó su consejo. Yaceré aquí y me ofreceré a Lyr, el dios del agua rota. La casete terminó. El agua lamió las piedras y aquella débil nota era lo único que había en el gran pentagrama de la noche, en medio de todo aquel épico silencio.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

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Psycho-Chor Jena – Only You

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Había una escalerilla de mano ominosamente ubicada bajo el aplique de luz de la cocina. Un lugar ideal para una cuerda en la que ahorcarse. La plegué y la coloqué en el espacio que había debajo de las escaleras.

—¿Cuántos freudianos hacen falta para meterla en una bombilla? —le pregunté a Jimmy para aligerar el ánimo.

—No lo sé —dijo.

—Dos. Uno para cambiar la bombilla, el otro para sostener el pene… Quiero decir, la escalerilla. —Jimmy no lo entendió. —Creo que ya está todo —dije.

Volvimos al Land Rover y nos metimos en el vehículo. Llegamos justo a tiempo para oír que en el programa Chart Show anunciaban el número uno navideño de 1983. Era «Only You» de Vince Clark, en una versión a cargo de un tedioso grupo vocal a capela.

—Últimamente me desconcierta el gusto musical de este país —dije.

Jimmy me dedicó su sonrisa de veinticuatro años y no respondió.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Ella Fitzgerald and The Inkspots – Into Each Life Some Rain Must Fall

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Como era un día típico de la meteorología primaveral del Ulster, una fuerte lluvia horizontal azotaba ahora contra las ventanas de la cocina, así que decidí poner el mando del tocadiscos en 78 rpm y, después de rebuscar un poco, di con Into Each Life Some Rain Must Fall de los Ink Spots con Ella Fitzgerald.

Aguanté que el chico de los Ink Spots cantara el primer verso, pero cuando entró Ella casi me lo pierdo. Porque el teléfono me sobresaltó.

—¿Diga?

—¿Sabes cómo es eso que siempre me dices de que soy un puto vago y que no me tomo el trabajo en serio?

Era Matty.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

Spassky

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A nuestro control llegó otro Land Rover proveniente de la RUC de Ballymena y los polis hablaban en un dialecto tan cerrado que nos costó entenderlos. Gran parte de su conversación parecía tener que ver con Jesús y los tractores, una combinación improbable para cualquiera que no conozca Ballymena. Y al anochecer llegó un Land Rover. Este transportaba a muchachos desde un lugar tan lejano como Coleraine. A nadie se le había ocurrido traer chocolate caliente o comida o cigarrillos, pero el inspector de la RUC de Coleraine sí se había venido con un tablero de ajedrez, solo por la satisfacción de ganarnos a todos. Le conté una anécdota sobre Boris Spassky (Periodista: «¿Qué prefiere, señor Spassky, el ajedrez o el sexo?». Spassky: «Depende mucho de la posición»). Pero no quedó impresionado y me hizo jaque mate en once jugadas.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Pawn2

 

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Frank

Ulster Fry

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—¿Tienes hambre? —le pregunté a Kate.

—Podría ser —dijo, y miró con escepticismo el sitio, que era un típico local de carretera igual a los demás de la zona del pantano.

—Hacen un Ulster fry magnífico cuando Suzanne está de turno, y siempre sabes si Suzanne está de turno porque su moto Vincent Black Shadow está aparcada en el exterior.

—¿Eso que está ahí es una Vincent Black Shadow?

—Sí.

—¿El fry es la especialidad de la casa? —preguntó Kate.

—Sí.

—Entonces lo probaré.

—Yo invito —insistí.

Entramos. Pedí dos Ulster fries y dos tés. Cogí un Irish News y una Newsletter y nos sentamos en un reservado junto a la ventana. Leí las noticias deportivas y Kate leyó las noticias de verdad.

Llegaron nuestros platos: pan de patata, pan de soda, tortitas, huevos, gruesas salchichas de cerdo, beicon con grasa, morcilla… todo eso frito en grasa de carne.

—No creo que pueda comer esto —dijo Kate.

—¡Y una ración de tostadas! —le grité a Suzanne.

Kate mordisqueó una tostada, pero yo tenía que ganar peso, así que me tragué la mayor parte del plato.

La lluvia no había amainado, de modo que corrimos hasta el coche y casi nos resbalamos en el barro. Seguimos conduciendo y llegamos a Derry justo después de las diez.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Roxy Music – For Your Pleasure

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—¿Y ahora qué, jefe? —dice Matty.

—Coge un Land Rover y un conductor y lleva esta maceta al laboratorio. Quiero que la examinen los mejores expertos forenses de la científica y que te quedes con esos jodidos hasta que hayan terminado. Si encuentran cualquier resto del puto regaliz americano ahí nos bastará para ahorcar a McFarlane.

Matty recoge la maceta y sale disparado como Correcaminos.

El resto nos marchamos a casa.

El 113 de Coronation Road.

Pongo For Your Pleasure, de Roxy Music.

Frío un poco de beicon y cebolla.

Me tomo la cena y escucho las dos caras del LP que hacía siete u ocho años que no oía.

Cuando se acaba me pongo la gabardina y me voy andando a la comisaría para esperar a Matty.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

Cien años de soledad

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El domingo una borrasca atlántica aparcó sobre Irlanda y estuvo lloviendo tan fuerte que podría haber sido el 12 de julio o cualquiera de esos otros días de fiesta en que Dios vierte su ira líquida sobre los unionistas que desfilan por las calles con sus sombreros de hongo y sus bandas. No salí de casa en todo el día. Estaba tan aburrido que casi me fui al Salón del Evangelio de Victoria Road donde se suponía que hablaban lenguas, danzaban con serpientes y después te invitaban a un trozo de pastel Dundee gratis. En vez de eso, me puse a oír música y a leer Cien años de soledad, que me habían mandado del club del libro. Era una buena novela, pero, como dijo aquel, tal vez setenta y cinco años de soledad hubieran sido suficientes.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Alianza, 2013