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Shawarma y Falafel

(…)

Aquella noche, Lena cenaba con Samuel, por lo que no tenía nada mejor que hacer que trabajar un rato, pero necesitaba un ordenador, así que le pedí a Lena las llaves del locutorio.

Cerró después de largar a las Adoradoras del Ballenato que aún remoloneaban por allí. Charloteaban sus nostalgias y las entreveraban con rápidas alusiones a los últimos chismorreos del mundillo de los famosos y con la posibilidad de alguna boda principesca que las condujera a quimeras aprendidas en la infancia y alimentadas por la prensa del corazón. Me entregó las llaves, me hizo una caricia apresurada y se encogió de hombros a modo de disculpa.

Cené un shawarma, le añadí un falafel, los ahogué en una cantidad apreciable de cerveza y me sentí dispuesto al trabajo.

No hay nada como comer mal para estar bien dispuesto al trabajo.

(…)

GUTIÉRREZ MALUENDA, Luis: Mala hostia. Barcelona : Alrevés, 2011.

Para ilustrar estos platos os dejo los vídeos de dos jóvenes cocineras, uno de Nadima Khalil (Shawarma) y el otro de Anud Abbassi (Falafel). A ver si os gustan.

SHAWARMA

FALAFEL

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Carlos Gardel – Chorra

(…)

Aquel día pasé por el locutorio solo para recoger posibles encargos, el episodio de la bicicleta no estaba previsto. Cuando entré, Lena tenía el teléfono sujeto entre el hombro y el cuello mientras se limaba las uñas.

Con suerte, en algún momento las sentiría bajar por mi espalda.

Me miró y le dijo al aparato:

—Mirá, acaba de llegar —y me tendió el teléfono.

Cogí el teléfono mientras Lena subía el volumen del reproductor de CD que tiene sobre la mesa. La voz de Carlos Gardel inundó el locutorio:

Por ser bueno me pusiste a la miseria,

me dejaste en la palmera, me afanaste hasta el color.

En seis meses me comiste el mercadito,

la casilla de la feria, la ganchera, el mostrador,

¡Chorra, me robaste hasta el amor…!

La voz de mi exesposa contenía un lamento:

—Atila…

—Rey de los hunos —respondí.

—Eres un cabronazo. Gracias a Dios que no tuvimos hijos; de haberlos tenido, en este momento se estarían muriendo de hambre.

—No, mujer, siempre os podría cazar alguno de los gatos que andan sueltos por el barrio.

—Mira que tienes mala hostia.

(…)

GUTIÉRREZ MALUENDA, Luis. Mala Hostia. Barcelona : Alreves, 2011. p. 40

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Carlos Gardel – Caminito

(…)

 

Llegué al locutorio rondando el mediodía. Lena escuchaba con semblante melancólico a Carlos Gardel, que cantaba:

Una sombra ya pronto serás,

una sombra lo mismo que yo…

Aquello me sonó demasiado cercano a mi historia personal y dejé de prestarle atención. Besé a Lena en la comisura de los labios, ella sonrió y preguntó:

—¿Has dormido bien papito?

—Bien, ¿y tú?

Se encogió de hombros.

—Me he quedado sin cliente, Lena

—¿Y? ¿Encontraste a la mina?

—No, tampoco creo que le haga falta. Esta noche se lo han cargado de una paliza. Según los Mossos, ha sido cosa de esos rapados y tienen un testigo presencial.

—Algo me dijeron, recién, sucedió aquí al lado, pero no sabía que el muerto fuera el mismo tipo que te contrató.

—Sí, el nombre es el mismo y la fotografía que mostraron por la tele era la suya. En fin, ¿algo nuevo?

—No, de momento.

—Bueno, ya sabes, Dios aprieta pero no ahoga.

—Te fusila, concha de tu madre.

(…)

GUTIÉRREZ MALUENDA, Luis: Mala hostia. Barcelona : Alrevés, 2011. p.154

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Carlos Gardel – Mala entraña

(…)

Valentina es lo único bueno de lo que podría hablarles.

Pero en este momento no tengo ganas de hacerlo.

En ocasiones, mientras hago el amor con Valentina, trato de imaginar el goce de hacer el amor con ella.

No sé si seré capaz de mantenerla a mi lado durante mucho tiempo.

Ella dice que sí.

Pero mi suerte y yo hace tiempo que no mantenemos las mejores relaciones.

¿Y qué más?

¡Claro! El espíritu de Gardel sigue poseyéndome, pero ahora paulatinamente va dejando espacio para otras músicas. El tiempo no perdona, la inmortalidad también envejece.

Sin embago, el otro día le escuché cantando un tango que no conocía, se llama «Mala Entraña», a mí me suena casi como «Mala Hostia» y me hizo pensar.

Más o menos dice así:

Te criaste entre cafishos, malandrines y matones

entre gentes de averías desarrollaste pasiones

por tu estampa de suburbios florecieron los balcones

y lograste la conquista de sensibles corazones.

Vos, que sos más estirado que el tejido de fiambrera,

quiera Dios que no te cache la mala racha fulera

que si no, como un alambre te voy a ver, pa enrollar.

GUTIÉRREZ MALUENDA, Luis: Mala hostia. Barcelona : Alrevés, 2011. p.154

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Atila, episodio huno

Mala Hostia es la segunda novela que el @Clubnoir_ se propuso como lectura para ir intercambiando pareceres durante el mes de febrero de 2012. Si no sabes bien qué ese eso del @Clubnoir_ unicamente es un pequeño esfuerzo por juntar a un puñado de personas apasionadas por el género negro que nos movemos en Twitter y en el que se propone una lectura al mes para ir comentando la jugada. Todo muy poco estructurado y en plan un poco salvaje; como el propio espíritu de Twitter, vamos.

Tras una primera lectura en la que se le hincó el diente a Cosecha Roja, y viendo que la idea de empezar por los clásicos tampoco había sido una buena decisión, cambiamos totalmente el rumbo y nos decantamos por Gutiérrez Maluenda, un autor que nos gusta mucho a la gente que solemos mover los hilos del @clubnoir_, que es bastante desconocido para lo buen escritor que es y que tiene algo que yo suelo buscar en los libros que leo como si de pepitas de oro se tratara, y es el ser capaz de darle a sus historias unos buenos brochazos de sentido del humor. Es mucho más habitual que te encuentres con novelas negras que se pasen de frenada en lo que a truculencia se refiere y que para pasar página tengas que apartar un par de cadáveres que encontrarte una obra que se pase (o que simplemente lo intente) a la hora de utilizar el sentido del humor.

Es verdad que de Atila esperaba más. Está muy bien la novela y está muy bien el personaje, pero en todo momento lo iba comparando con Humphrey, otro personaje de Gutiérrez Maluenda que se mueve por las mismas calles que Atila y que a mi me gusta mucho más. Quizá porque Atila es más hijoputa, más seco, un tipo que no duda a la hora de tirar de gatillo… pero no sé, me gusta más Humphrey, quizá un personaje mucho más literario y menos real, pero, qué hostias, esto es literatura, y a cada cual le gusta lo que le gusta. Por cierto, puedes leer una reseñita que escribí sobre la primera novela de este personaje, Los muertos no tienen amigos.

Me ha recordado un poco la lectura de Mala hostia a las novelas de Ken Bruen con Taylor como protagonista. Son novelas, igual que ésta de Gutiérrez Maluenda muy contundentes, con una banda sonora bestial (si te gustan los tangos te lo vas a pasar de miedo leyendo a Atila. Gardel va haciendo un bonito repaso a algunos tangos legendarios a lo largo de esta novela)… pero es un personaje que vive tanto tiempo en el filo de la navaja que en alguna ocasión acaba cortándose. Eso me ha pasado a mi con Atila.

Que lo que aquí te digo no sea obstáculo para que en cuanto puedas te agencies esta novela y empieces a leerla. Vas a darte una vuelta por la parte menos turística de El Raval y te vas a ver enseguida atrapado por una historia de puticlubs y de mujeres muy blancas que llegaron a nuestras tierras buscando una vida mejor y que no salen bien paradas.

La historia de Atilano, aprendiz de Huno y politoxicómano del drinkin, que como los detectives clásicos es de los que no suelta la presa una vez que ha empezado a morder, pero que en su ir derribando obstáculos que le lleven a la resolución del misterio arrastra toda un mochilón de recuerdos, nostalgias y descreimientos que le hacen ver la vida con un escepticismo que raya lo brutal.

Y de banda sonora, Gardel.

Atila

Luis Gutiérrez Maluenda

Al revés, 2011

Y que no se me olvide recomendarte una visita a otro puntillo de vista, el de Aramys Romero, el auténtico motor del @Clubnoir_

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