Srbosjek

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—Una identificación, ¿con quién? —dijo Fabel—. No hay indicios de que utilizase esta hoja en el asesinato de Drescher. —No, no con Drescher. He investigado un poco para descubrir qué demonios es esto. Tiene un nombre: srbosjek. Se me ha ocurrido que podría ser el arma utilizada para matar a Goran Vujai en Copenhague. Aquel gángster serbio, ¿recuerda? —¿Vujai? —Fabel frunció el ceño—. ¿Qué te ha hecho pensar en él? Hechtner señaló la bolsa con un gesto. —Esto es un utensilio particularmente horrible ideado con un solo propósito: asesinar. Fue diseñado por los Ustaše, los fascistas que gobernaron durante la Segunda Guerra Mundial en Croacia. Los Ustaše creían en una Croacia étnicamente pura, libre de serbios, de gitanos y judíos… Construyeron su propio campo de concentración, Jasenovac, y asesinaron allí a un millón de personas o más. Lo hacían con sus propias manos: mataban a golpes, a cuchilladas o hachazos, cosa que suponía un trabajo intensivo. Así pues, inventaron el srbosjek. Se usaba para rebanar pescuezos con un máximo de velocidad y un mínimo esfuerzo. Por eso me he acordado de Vujai: srbosjek significa en croata «cortador de serbios». Se me ha ocurrido que alguien trató tal vez de hacer justicia poética.

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RUSSELL, Craig. La venganza de la Valquiria. Barcelona, Roca, 2012

La imagen, con licencia Creative Commons, es de la Wikipedia.

Efecto del observador

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¿Qué me dice de él? ¿Sabe que ha sido descubierto?

—Rotundamente no, Herr director. Tengo la sensación de que se cree inmune a la detección. Sus actos indican cierta arrogancia. Y mis consolidadores son expertos en vigilancia encubierta. No sabe que lo estamos observando, estoy seguro.

—¿Ha oído hablar del «efecto del observador», Bädorf?

—La verdad es que no, Herr director.

—Es un concepto de la mecánica cuántica, surgido de la observación de las partículas subatómicas: la observación en sí misma modifica el comportamiento de la partícula observada. —El director examinó mucho rato la imagen de la pantalla—. Es fundamental que no sepa que andamos tras él. Y nadie, aparte de los integrantes del equipo de vigilancia, debe estar al corriente del asunto. ¿Se da cuenta, Bädorf, del peligro en el que nos ha puesto este individuo con sus actos? ¿Del peligro en el que ha puesto al proyecto entero?

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RUSSELL, Craig. Miedo a las aguas oscuras. Barcelona : Roca, 2014

Observer

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de hartwig HKD

Fuerza de la Gravedad

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Asentí. Un metro ochenta era mucho para Glasgow. Yo mismo era alto en esta ciudad y medía exactamente lo mismo. Les tendí a regañadientes los fajos. Isaac Newton había formulado la idea de que cualquier masa, ya fuese una taza de café o una montaña, e incluso la Tierra, poseía su propio campo gravitacional. Siempre me parecía, no obstante, que el dinero ejercía una fuerza irresistible que no guardaba proporción con su masa. Y yo, como cuerpo sometido a atracciones gravitacionales, era cualquier cosa menos inamovible.

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RUSSELL, Craig. El sueño oscuro y profundo. Barcelona : Roca, 2013

292/365: Gravedad

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Andrés Nieto Porras

Astronautas místicos

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Era extraño, dada la naturaleza de su trabajo, que la única cosa que Fabel nunca había llegado a asumir del todo fuera la súbita extinción de la vida. Había oído decir que los astronautas, una vez en el espacio, se vuelven a contemplar la Tierra y sufren una transformación en un solo instante: o se vuelven totalmente ateos o se convencen de la existencia de un dios. Sin término medio. Aunque estaba por ver si era tan tajante, Fabel podía comprender la experiencia. Él tenía una sensación similar cada vez que veía un muerto. Un cadáver carece de humanidad: no parece una persona dormida, solo es un objeto de apariencia humana. Una cáscara vacía. Y en su caso, la mayoría de los muertos que contemplaba habían sido desalojados por la fuerza de esa cáscara. Allí donde algunos habrían visto acaso el recipiente abandonado por el alma fugitiva, Fabel solo veía un vacío, el cierre definitivo de un complejo sistema biológico. El final de un universo visto desde una perspectiva irrepetible.

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RUSSELL, Craig. La venganza de la Valquiria. Barcelona, Roca, 2012

planeta tierra

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de luis.labanderar

Sed

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Escocia contaba con dos pasatiempos nacionales, los únicos asuntos que despertaban verdadera pasión en el alma escocesa: el fútbol y el consumo de alcohol. Cosa curiosa, eran tan rematadamente malos en lo primero como extraordinarios en lo segundo. Igual que los irlandeses, parecía que los escoceses llevaran inscrita en su ser una sed prodigiosa. Siendo presbiterianos, sin embargo, sentían la necesidad de atemperar, contener y regular cualquier cosa considerada placentera, encajándola dentro de unos estrictos horarios. La ingesta matinal de alcohol solo estaba permitida legalmente, pues, entre las once y las dos y media. Por las tardes, los bares podían abrir únicamente desde las cinco hasta las nueve y media. Y los domingos, abstinencia. Existían, por supuesto, clubs de todo tipo que se las arreglaban para esquivar las normas, pero los escoceses en general habían aprendido a consumir cantidades impresionantes de alcohol a una velocidad pasmosa.

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RUSSELL, Craig. El sueño oscuro y profundo. Barcelona : Roca, 2013

Saciando la sed (o 'esférulas de agua en gravedad cero')

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Rufus Gefangenen

Esbjörn Svensson Trio – From Gagarin’s Point of View

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Así que Jan Fabel se tomó un respiro y se quedó en el coche con el limpiaparabrisas parado, mirando cómo se estrellaba la viscosa lluvia sobre el cristal. El día era completamente gris. El cielo, el agua, los edificios: distintos matices de gris grafito. Y este era un momento de paz gris. La música parecía encajar con su estado de ánimo —y con el clima— a la perfección: escuchaba al Esbjörn Svensson Trio en el reproductor de mp3 que había conectado al equipo de sonido del BMW. From Gagarin’s Point of View («Desde el punto de vista de Gagarin»). Un gran título. Una gran pieza para una mañana de Hamburgo gris grafito, que emanaba esa agradable melancolía que los escandinavos dominan a la perfección.

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RUSSELL, Craig. Miedo A Las Aguas Oscuras. Barcelona : Roca, 2014

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong – Stompin’ at the Savoy

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Cuando llegué a casa de Lorna, sonaba la melodía de Benny Goodman Stompin’ at the Savoy. Sonaba con tal fuerza que se oía ya desde el sendero donde dejé el coche. La puerta principal estaba abierta y entré sin más. No había ni rastro de Maggie ni de Jack Collins ni de ningún otro miembro adicional de la dinastía MacFarlane.

A Lorna la encontré bailando sola en el salón, con el disco de Benny Goodman a todo volumen. Aunque en el caso de Lorna no se trataba de “seguir el ritmo en el Savoy”, así que la tomé por la cintura y la arrastré al sofá. Descubrí entonces que tenía abrazado contra el pecho a un compañero de baile oculto. Le quité el vaso lleno de whisky de malta y la ayudé a sentarse en el sofá.

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RUSSELL, Craig. El beso de Glasgow. Barcelona: Roca editorial, 2011.