Tom Jones – I Can’t Break the News to Myself

(…)

Amanecer en Doncaster Road.

Aparqué el Viva en el aparcamiento de detrás del Café y Motel de Redbeck. Lo dejé entre dos camiones y me quedé escuchando a Tom Jones cantando I Can’t Break the News to Myself en Radio 2. Eran las cinco menos diez cuando crucé los baches del pavimento para ir a los lavabos.

Los lavabos apestaban y el suelo de baldosas estaba cubierto de meadas negras. El barro y la tierra se me habían secado sobre la piel, que ahora tenía un tono rojo pálido debajo del polvo. Abrí el grifo del agua caliente y hundí las manos en agua fría como el hielo. Me eché agua en la cara, cerré los ojos y me pasé las manos mojadas por el pelo. El agua parduzca corrió por mi cara y me salpicó la chaqueta y la camisa. Me eché más agua en la cara y volví a cerrar los ojos.

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PEACE, David. 1974. Barcelona: Alba, 2010. 

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Carpenters – We’ve Only Just Begun

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Uno dos tres cuatro, bajo las escaleras y cruzo la puerta:

El Club de Prensa, bajo la mirada de los dos leones de piedra, centro urbano de Leeds.

El Club de Prensa, de once años ya, y en los próximos días con la actividad propia de las navidades.

El Club de Prensa, sólo para socios.

Edward Dunford, socio, baja las escaleras y cruza la puerta.

Kathryn en la barra, un borracho desconocido le habla al oído, ella clava los ojos en mí.

El borracho farfulla:

—Y un león le dice a otro: “La hostia, qué silencio, ¿no?”.

Miro hacia el escenario de verdad donde una mujer con un vestido de plumas canta con energía We’ve Only Just Begun. Dos pasos para un lado, dos pasos para el otro. El escenario más pequeño del mundo.

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PEACE, David. 1974. Barcelona: Alba, 2010. p. 43

David Bowie – Rebel Rebel

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Sentado allí atrás me estaba preguntando por qué ni siquiera me había tomado la molestia de intentar huir, me decía que tal vez no fuera tan malo como parecía y que difícilmente podría ser peor que la paliza que me habían dado en la residencia, Rojo me golpeó tan fuerte que resquebrajé con la cabeza la ventanilla de plástico lateral.

—Cierra la puta boca —rió y me agarró del pelo para obligarme a colocar la cabeza entre las piernas.

—Si fuera otro, te obligaría a chuparle la polla —gritó Burdeos desde delante.

—Vamos a poner un poco de música —dijo Rojo impidiéndome levantar la cabeza.

Rebel Rebel en todo el coche.

—Levántalo —voceó mientras me enderezaba de un tirón de pelo y susurraba—: Marica de mierda.

—¿Está sangrando? —berreó Burdeos por encima de la música.

—No lo suficiente.

Me empujó contra la ventanilla, me agrarró del cuello con la mano izquierda, se separó un poco hacia atrás y me propinó un puñetazo en el puente de la nariz que salpicó sangre caliente por todo el coche.

—Ahora está mejor —dijo, y apoyó delicadamente mi cabeza contra la ventanilla resquebrajada.

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PEACE, David.  1974. Barcelona: Alba, 2010. p. 382

¡Cubata-lejía, por favor!

¿Te apetece tomarte un cubata de lejía? Pues algo parecido a darle unos tragos a ese combinado es lo que vas a sentir cuando empieces a pasar las páginas de 1974. Eso, o el equivalente literario a que de ten un sartenazo en la cabeza. Hablamos de un libro potentísimo, en el que el autor no te lo pone nada fácil y que transmite una tristeza tremenda.

No busques grandes historias en esta novela. Tampoco intentes encontrar grandes personajes ni sobre todo héroes porque no los vas a encontrar. Esto es un tratado sobre la mala hostia donde deambulan empapados unas veces en lluvia y otras veces en alcohol distintos personajes despojados de casi todo sentido de la compasión, del heroísmo, del pensar en el que tienes al lado. Gente que va a su historia, enmarcados en un paisaje duro, ácido, rápido, húmedo… Una historia de velocidad, alcohol, violencia, extorsión, corrupción, muerte…. y en la que los buenos no están y tampoco se les espera.

Un combinado criminal que aunque la propia estructura y cómo está escrito te animan a leerlo a toda velocidad yo he tenido que leerlo poco a poco, casi casi con pajita, como si el sartenazo del que hablábamos arriba me hubiera dejado la mandíbula, batiente, con fracturas múltiples.

Después de leer las andanzas de esta peña, y sobre todo de su protagonista, triste entre los tristes, primus inter pares en lo que a miseria se refiere… voy a tener que leer con mucha tranquilidad y bien espaciadas las otras tres novelas con las que cuenta esta aclamada serie, Red Riding Quartet.

¡Ah!, el mío con mucho hielo.

¡Salud!

David Peace

1974

Traducción de Manu Berastegui

Alba, 2010

Shang a Lang – Bay City Rollers

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La M1, la autopista número 1, de Leeds a Osssett en dirección sur.

El Viva de mi padre forzado hasta los ciento diez por hora bajo la lluvia, la radio al ritmo de Shang-a-lang de los Rollers.

Más de diez kilómetros repitiendo el titular como un mantra:

La madre hizo una emotiva súplica.

La madre de Clare Kemplay, la niña de diez años desaparecida, hizo una emotiva súplica.

La señora Sandra Kemplay hace una emotiva súplica mientras crecen los temores.

Emotivas súplicas, temores crecientes.

Aparqué delante de la casa de mi madre en Wesley Street, Ossett, a las diez menos diez preguntándome por qué los Rollers no habrían hecho una versión de El pequeño tamborilero y pensé hazlo y hazlo bien.

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PEACE, David. 1974. Barcelona: Alba, 2010. p. 24

Bay City Rollers – Sang a Lang


John Kincade – Dreams Are Ten a Penny

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Construcciones Foster.

La urbanización en obras estaba detrás de la prisión de Wakefield, a unos metros de Devil’s Ditch.

Hora de la comida de un lluvioso martes de diciembre y aquello era como una tumba.

Una melodía en el aire húmedo, Dreams Are Ten a Penny

Me guié por la música

—¿Todo bien? —dije retirando la tela asfáltica que servía de puerta a una casa inacabada.

Cuatro hombres masticaban sándwiches y bebían té de sus termos.

—¿Podemos ayudarle? —dijo uno.

—¿Te has perdido? —intervino otro.

—Lo cierto es que estoy buscando a… —respondí

—Nunca he oído ese nombre —apostilló uno.

—Periodista, ¿no? —preguntó otro.

—Se nota, ¿verdad?

—Sí —corearon todos.

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PEACE, David. En 1974. Barcelona: Alba, 2010. p. 196

David Bowie – Life On Mars

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—¿Lo estás pasando bien?

8 p.m. El Club de Prensa, bajo la mirada de los dos leones de piedra, en el centro de Leeds.

Kathryn se pedía media pinta, yo estaba tomando una entera.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí? —preguntó.

—Desde que abrieron.

La camarera sonrió a Kathryn y le dijo “seis” en voz baja al entregarle su copa.

—Cuántas te has tomado?

—No las suficientes.

La camarera levantó cuatro dedos.

Le lancé una mirada asesina y dije:

—Vamos a sentarnos en una mesa, joder.

Kathryn pidió dos copas más y me siguió al rincón más oscuro del Cub de Prensa.

—No tienes muy buena pinta, cariño. ¿Qué has hecho?.

Suspiré y le cogí un cigarrillo de su paquete.

—No sé por dónde empezar.

Life on Mars empezaba a sonar en la máquina de discos.

—Tranquilo. No tengo ninguna prisa dijo Kathryn poniendo una mano sobre la mía.

Retiré la mano.

(…)

PEACE, David. En 1974. Barcelona: Alba, 2010. p. 121