Nena 99 – Luftballons

(…)

—Lo que no entiendo es por qué le dices todo eso a Gigi— comenté—. Al fin y al cabo, el tocadiscos es tuyo y fuiste tú quien puso ahí el CD de los Smiths.

—Yo no puse ningún maldito CD de los Smiths —contestó Bubba—. Es una de esas recopilaciones de las mejores canciones de los ochenta. He tenido que soportar la canción de los Smiths porque también están Come on, Eileen y muchas otras canciones geniales.

—¿Katrina and the Waves? —dije—. ¿Bananarama? ¿Grupos realmente Buenos son éstos?

—¡Eh! Que también hay una canción de Nena, así que cierra el pico.

—“Noventa y nueve globos… la, la, la” —canturreé—. Bien, de acuerdo. —Me apoyé en la mesa y metí la número siete—. ¿De qué iba eso de que te acompañara a cerrar un trato?.

(…)

LEHANE, Dennis. Desapareció una noche. Barcelona: RBA, 2011.

  • Nena 99 Luftballons
  • Bananarama – Love in the First Degree
  • Katrina and the Waves – Walking on Sunshine
  • Dexy’s Midnight Runners – Come on Eileen 
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Johnny Cash – The Long Black Veil

(…)

“Habla, Patrick, habla o muere”.

—Bueno, Ger —le dije mientras me notaba la garganta reseca y sentía que las palabras podían estrangularme—, ¿y tú qué te cuentas de nuevo?

—Poca cosa —respondió, y vi claramente que estaba harto de cháchara. Se quedó mirando a Phil sin disimular—. ¿Aparte, claro está, de ser interrogado por el FBI?

Sonreí, tratando de rescatar la atmósfera de falso compañerismo.

—Aparte de eso, claro.

Gerry seguía con la mirada clavada en Phil.

The Long Black Veil sucedió a Midnight Rambler. Otra canción sobre la muerte. Estupendo.

(…)

LEHANE, Dennis. Abrázame, oscuridad. Barcelona: RBA, 2010. p. 398

Barry White – Can’t get enough of your love

(…)

 Richie Colgan se mostró tan contento de vernos que casi me parte el pie al intentar darme con la puerta en las narices.

—Largo de aquí —ladró.

—Bonito albornoz —comenté —. ¿Podemos pasar?

—No.

—Por favor —intervino Angie.

Detrás de Richie pude atisbar unas velas en el salón, así como una copa de champán medio llena.

—¿Qué, escuchando a Barry White? —le dije.

—Patrick…. —Le rechinaban los dientes y me pareció escuchar un gruñido procedente de su garganta.

—Es Barry White —afirmé. Concretamente, Can’t get enough of your love, Rich.

—Marchaos de aquí ahora mismo— insistió.

—No seas tan amable, Rich —ironizó Angie—. Si de verdad prefieres que volvamos en otro….

(…)

LEHANE, Dennis. Lo que es sagrado. Barcelona: RBA, 2011. p. 78

The Rolling Stones – Dead Flowers

(…)

O sea, que por ahí no había nada que rascar. Pero eso ya lo tenía muy claro. Lo que de verdad quería era irme a casa de una vez. Abrazar a mi hija, abrazar a mi mujer. Ducharme hasta deshacerme del hedor de miedo. Esperaba hacer simplemente eso, enfilando el camino hacia el parque Franklin que me serviría de atajo para acceder a mi parte de la ciudad, cuando sonó mi móvil y vi en la pantalla el nombre de Jeremy Dent.

Hay que joderse”, dije en voz alta. Tenía puesto Sticky fingers en el reproductor de cedés, bien fuerte, que es como habría que escuchar siempre ese disco de los Stones, y estaba justo en esas estrofas de “Dead flowers” en las que siempre me ponía a cantar con Jagger, que pronunciaba en plan de cachondeo las palabras “Kentucky Derby Day”

 (…)

LEHANE, Dennis. En: La última causa perdida. Barcelona: RBA, 2011. p. 193

Bob Dylan – Positively 4th Street

(…)

Llegamos a San Petesburgo y le dije:

Dime títulos de canciones de Bob Dylan.

Le echó un vistazo al mapa que tenia yo en el regazo:

Highway Sixty One revisited.

No.

Almohada de piel de leopardo

Le hice una mueca de desagrado.

¿Qué pasa —Hizo como que se indignaba—. Vale. Positively fourth street.

Le eché un vistazo al mapa

Eres estupenda —le dije.

Y ella sostuvo un magnetófono invisible:

¿Podrías dejarme grabar eso?

 (…)

LEHANE, Dennis. Lo que es sagrado. Barcelona: RBA, 2011. p. 178

La pena

(…)

—La pena —dijo— es carnívora. Se alimenta tanto si estás despierto como si no, tanto si la combates como si te rindes a ella. Se parece mucho al cáncer. Y un buen día te levantas y ves cómo ha engullido todas las demás emociones: la alegría, la envidia, la avaricia y hasta el amor. Y te encuentras a solas con la pena, desnudo ante ella, convertida en tu dueña.

Entrechocaron los cubitos de hielo de su vaso, y él se los quedó mirando—No tiene por qué ser así —dijo Angie.

(…)

LEHANE, Dennis. Lo que es sagrado. Barcelona: RBA, 2011. p. 23

La imagen, en Flickr, es de Felipe & Lyvia

Patti Smith – Horses

(…)

Llamé a Angie a su casa, pero me salió el contestador. Aun así, cabía la posibilidad de que estuviera en casa. A menudo desconecta el teléfono cuando está poco sociable.

¿Incidente? —me preguntó Bubba mientras nos dirigíamos al South End— . ¿Quieres decir un incidente internacional?

Me encogí de hombros.

Con Angie, no descartaría esa posibilidad.

¡Caramba! —exclamó Bubba—. ¡Eso síu que sería genial!

La encontramos en casa, tal y como esperaba. Había estado limpiando y fregando el suelo de madera con jabón Murphy; el Horses de Patti Smith se oía con tal estruendo que tuvimos que gritarle por una ventana abierta porque no oía el timbre.

Bajó la música, nos hizo pasar.

Si pisáis el suelo de la sala de estar, os arreo —

 (…)

LEHANE, Dennis. Plegarias en la noche. Barcelona: RBA, 2011. p. 276

Patti Smith – Horses