Dolly Parton – The Ballad of the Green Berets

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Entró en el Lou, un billar que se encontraba cerca del parque de bomberos, y echó una partida. Alguien puso The Ballad of the Green Berets en la máquina de discos y un par de borrachos empezaron a cantar. Martini dijo el número de la bola que pretendía meter, la número ocho, y después de conseguirlo le pasó el taco a un tipo al que no conocía. Uno de los borrachos se apartó de su camino cuando cruzó la sala; en el barrio sabían que Martini era el marine que había entrado en acción en Vietnam, así que supuso que le tendría miedo. Sin embargo, ni el borracho ni nadie más sabía que sus días de peleas habían terminado.

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PELECANOS, George. Revolución en las calles. Zeta bolsillo, 2005

 

Kool and the Gang – Soul Vibrations

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Jefferson se levantó y puso un álbum en el plato de su equipo compacto. Era el nuevo de Kool and the Gang, Music is the Message. Dejó caer la aguja en la canción titulada «Soul Vibrations». A medida que avanzaba, dijo:

—Este trozo de jam es alucinante. Jones no hizo ningún comentario. No le gustaban mucho ni la música ni los libros. Le gustaban las películas cuando tenía tiempo, las que tenían a tipos negros de protagonistas, pero principalmente se concentraba en su trabajo. Su meta era dejar tras de sí un nombre que la gente recordara. Eso sí que valía la pena. Tal vez fuera lo único. La única forma en que uno podía ganar. Porque al final todo el mundo se acababa yendo a dormir con los gusanos.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013

Al Green – Are You Lonely For Me Baby

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—¿Qué te parece esto? Tengo en la nevera ese vino que te gusta. Nos tomamos una copa o dos y luego salimos a cenar algo. Ella se le acercó.

—Supongo que podemos. Strange puso Al Green Gets Next To You en el equipo de música y sirvió el Blue Nun mientras «Are you Lonely For Me Baby» creaba la atmósfera. Era el disco más soul de Al, áspero y apasionado. Se bebieron el vino demasiado dulce junto a las cristaleras abiertas de la pared sur, con Carmen sentada a su lado y él rodeándole el hombro con el brazo. Se dedicaron a hablar de la jornada y a contemplar las luces de la ciudad, que se extendían por debajo de ellos. La casa de Strange estaba en el límite del Piedmont Plateau, que era un distrito de rentas bajas, pero ningún rico tenía mejores vistas de D.C.

—¿Tienes hambre? —dijo Strange.

—Pues no.

—Ven aquí, chica.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013

Roberta Flack – First Time Ever I Saw Your Face

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Strange esperó con temor a que la Flack se rebajara, como era inevitable, a cantar The First Time Ever I Saw Your Face. La había grabado en el 69, pero había subido como la espuma en las listas cuando Eastwood la había puesto en la película aquella del rollo de una noche que salía mal. Para Strange era una de las canciones más mediocres que habían llegado nunca a las listas. Pero a Carmen le gustaba, de manera que Strange nunca la criticaba en presencia de ella. Ahora Robería la estaba cantando, con un foco iluminándolos a ella y a su piano. En la cara de Carmen había una expresión de concentración embelesada y espiritual.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013.

Funkadelic – You Hit The Nail On The Head

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Ya había acabado su jornada de trabajo y le quedaba un rato por matar, de manera que condujo hacia el norte por la Avenida Georgia y se paró a tomar una cerveza en un local llamado The Experience. Era un local pequeño, nada más que una sala con una barra de metal que iba de la entrada al fondo, unas cuantas mesas y una máquina de discos. La máquina casi siempre estaba desenchufada, pues al propietario, un joven llamado Grady Page, le gustaba pinchar música funk-rock, su híbrido predilecto, en el equipo de sonido del local. The Experience era un garito de barrio y tenía pósteres pegados con chinchetas a las paredes. Su clientela era una mezcla de bebedores locales, drogatas, agentes de policía fuera de servicio, operarios del ayuntamiento, guardias de seguridad y mujeres a las que les gustaban los hombres de uniforme.

Strange se sentó en la barra al lado de un policía de uniforme con los dientes mal puestos, Harold Cheek, del Distrito 4, que hoy iba de paisano. En el equipo de sonido sonaba You Hit the Nail on the Head de Funkadelic, el primer tema de su último álbum, con George Clinton tocando su Hammond en plan desatado, la idea que un colgado de las anfetas tenía de un tema circense. A Grady Page le gustaba siempre pinchar lo nuevo.

—Ponme una Bud, Grady —dijo Strange.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013.

 

Billy Paul – Me And Mrs Jones

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Strange no respondió. Subió el volumen del radiocasete y cantó por lo bajini.

We both know that it’s wrong, but is much too strong, to let it go now…

—Ésta la conozco —dijo Quinn—. El tío se está tirando a una casada, ¿verdad?

—Es algo más sutil que eso. El señor Billy Paul justificó toda su carrera con este single que oye. Me alegro de haberla grabado antes de perder mi colección de discos. Tuve que tirarlos todos después de que me reventaron las cañerías hace unos años.

—Seguro que los puede comprar en CD.

—Tengo reproductor, pero me gustan los discos. (…)

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PELECANOS, George P. Mejor que bien. Barcelona: Diagonal, 2002.

Stevie Wonder – Superstition

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En la cena de esa noche, Strange ocupó la cabecera de la mesa de Janine, como siempre, en la única silla que tenía brazos. Antes la usaba el padre de Janine. Lionel se sentaba a su izquierda y ella a la derecha. Greco jugaba con una pelota de goma, con alguna mirada ocasional a la mesa pero controlándose, tumbado bocabajo en el suelo, a los pies de Strange.

Janine había puesto Talking Book en la torre, bajito. Desde luego, le encantaba Stevie, sobre todo sus primeros trabajos para Motown a principios de los setenta.

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PELECANOS, George P. Ojo por ojo. Barcelona: Diagonal, 2003.