Archivo de la etiqueta: George Pelecanos

Kool and the Gang – Soul Vibrations

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Jefferson se levantó y puso un álbum en el plato de su equipo compacto. Era el nuevo de Kool and the Gang, Music is the Message. Dejó caer la aguja en la canción titulada «Soul Vibrations». A medida que avanzaba, dijo:

—Este trozo de jam es alucinante. Jones no hizo ningún comentario. No le gustaban mucho ni la música ni los libros. Le gustaban las películas cuando tenía tiempo, las que tenían a tipos negros de protagonistas, pero principalmente se concentraba en su trabajo. Su meta era dejar tras de sí un nombre que la gente recordara. Eso sí que valía la pena. Tal vez fuera lo único. La única forma en que uno podía ganar. Porque al final todo el mundo se acababa yendo a dormir con los gusanos.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013

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Al Green – Are You Lonely For Me Baby

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—¿Qué te parece esto? Tengo en la nevera ese vino que te gusta. Nos tomamos una copa o dos y luego salimos a cenar algo. Ella se le acercó.

—Supongo que podemos. Strange puso Al Green Gets Next To You en el equipo de música y sirvió el Blue Nun mientras «Are you Lonely For Me Baby» creaba la atmósfera. Era el disco más soul de Al, áspero y apasionado. Se bebieron el vino demasiado dulce junto a las cristaleras abiertas de la pared sur, con Carmen sentada a su lado y él rodeándole el hombro con el brazo. Se dedicaron a hablar de la jornada y a contemplar las luces de la ciudad, que se extendían por debajo de ellos. La casa de Strange estaba en el límite del Piedmont Plateau, que era un distrito de rentas bajas, pero ningún rico tenía mejores vistas de D.C.

—¿Tienes hambre? —dijo Strange.

—Pues no.

—Ven aquí, chica.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013

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Roberta Flack – First Time Ever I Saw Your Face

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Strange esperó con temor a que la Flack se rebajara, como era inevitable, a cantar The First Time Ever I Saw Your Face. La había grabado en el 69, pero había subido como la espuma en las listas cuando Eastwood la había puesto en la película aquella del rollo de una noche que salía mal. Para Strange era una de las canciones más mediocres que habían llegado nunca a las listas. Pero a Carmen le gustaba, de manera que Strange nunca la criticaba en presencia de ella. Ahora Robería la estaba cantando, con un foco iluminándolos a ella y a su piano. En la cara de Carmen había una expresión de concentración embelesada y espiritual.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013.

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Funkadelic – You Hit The Nail On The Head

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Ya había acabado su jornada de trabajo y le quedaba un rato por matar, de manera que condujo hacia el norte por la Avenida Georgia y se paró a tomar una cerveza en un local llamado The Experience. Era un local pequeño, nada más que una sala con una barra de metal que iba de la entrada al fondo, unas cuantas mesas y una máquina de discos. La máquina casi siempre estaba desenchufada, pues al propietario, un joven llamado Grady Page, le gustaba pinchar música funk-rock, su híbrido predilecto, en el equipo de sonido del local. The Experience era un garito de barrio y tenía pósteres pegados con chinchetas a las paredes. Su clientela era una mezcla de bebedores locales, drogatas, agentes de policía fuera de servicio, operarios del ayuntamiento, guardias de seguridad y mujeres a las que les gustaban los hombres de uniforme.

Strange se sentó en la barra al lado de un policía de uniforme con los dientes mal puestos, Harold Cheek, del Distrito 4, que hoy iba de paisano. En el equipo de sonido sonaba You Hit the Nail on the Head de Funkadelic, el primer tema de su último álbum, con George Clinton tocando su Hammond en plan desatado, la idea que un colgado de las anfetas tenía de un tema circense. A Grady Page le gustaba siempre pinchar lo nuevo.

—Ponme una Bud, Grady —dijo Strange.

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PELECANOS, George. Lo que fue. Barcelona : El Aleph, 2013.

 

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Billy Paul – Me And Mrs Jones

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Strange no respondió. Subió el volumen del radiocasete y cantó por lo bajini.

We both know that it’s wrong, but is much too strong, to let it go now…

—Ésta la conozco —dijo Quinn—. El tío se está tirando a una casada, ¿verdad?

—Es algo más sutil que eso. El señor Billy Paul justificó toda su carrera con este single que oye. Me alegro de haberla grabado antes de perder mi colección de discos. Tuve que tirarlos todos después de que me reventaron las cañerías hace unos años.

—Seguro que los puede comprar en CD.

—Tengo reproductor, pero me gustan los discos. (…)

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PELECANOS, George P. Mejor que bien. Barcelona: Diagonal, 2002.

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The Blackbyrds – Walking in Rhythm

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Atravesó Petworth. En el barrio de Park View torció al este por Irving, tomó la avenida Michigan hasta pasar el hospital Infantil, viró hacia el noreste, dejó atrás la Universidad Católica y bajó por Brookland.

Aparcó frente a la humilde casa de ladrillo que Leona Wilson ocupaba en la Doce con Lawrence. Dejó el motor en marcha esperando que acabara el solo de flauta de Walking in Rhythm, aunque podía escucharlo cuando quisiera. El motivo de su visita era que le había prometido a Leona Wilson que lo haría, pero no sentía ninguna prisa por cumplir su promesa.

Strange vio moverse los visillos de la ventana en saliente de la casa de Leona. Paró el motor, bajó del coche, lo cerró y recorrió el sendero de cemento que llevaba a la entrada de la casa. A medio camino, la puerta ya se abría.

—Señora Wilson—dijo tendiendo la mano.

—Señor Strange.

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PELECANOS, George P. Mejor que bien. Barcelona: Diagonal, 2002.

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Chaka Khan – I’m Every Woman

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Ulysses Foreman fumaba un puro en el porche trasero de su casa. Ashley estaba en su habitación, haciendo el equipaje para ir a visitar a su papi en el sur de Maryland. Tenía puesto el equipo de música: Chaka Khan cantaba aquello de I’m every woman y Ashley cantaba al unísono. A ella le encantaba Chaka, y a Ulysses también, sobre todo antes, cuando estaba con Rufus. Ese cabrón sí que era bueno.

Foreman extendió un brazo y lo flexionó mientras daba una chupada al puro. Tenía que pasarse por el gimnasio; estaba empezando a atrofiarse. Un hombre tiene que prestar atención a su cuerpo, sobre todo en los tiempos que corren.

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PELECANOS, George P. Música de callejón. Barcelona: Ediciones B, 2004. p. 240

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