Archivo de la etiqueta: Harry Bosch

Cab Caloway – Everybody That Comes to My Place Has to Eat

(…)

El alquiler que la pobre mujer pagaba por el apartamento de Cerrone servía básicamente para financiar las facturas de lencería de las putas de Cerrone. Bosch sintió rabia, pero tuvo una idea. Los apartamentos Grandview eran el ideal último de California. El edificio, construido junto a unos grandes almacenes, permitía a sus inquilinos acceder directamente al centro comercial desde su apartamento, eliminando de este modo el que hasta este momento es el terreno propicio para toda la cultura e interacción del sur de California: el coche. Bosch aparcó en el garaje del centro comercial y accedió al vestíbulo exterior a través de la entrada trasera. Era todo de mármol italiano, con un gran piano en el centro que tocaba solo. Bosch reconoció la canción. Era un estándar de Cab Calloway: Everybody That Comes to My Place Has to Eat.

(…)

CONNELLY, Michael. La rubia de hormigón. Barcelona: Roca bolsillo, 2011.

Deja un comentario

Archivado bajo Karaoke Kriminal

George Cables – Helen’s song

(…)

 —Felicidades, papá.

Bosch levantó la botella de cerveza, ya casi vacía.

—Por la buena comida y por la buena música. Y, sobre todo, por la buena compañía.

La copa tintineó al chocar contra la botella.

—Hay más cerveza en la nevera, por si te apetece —dijo ella.

—Ya. ¿Y de dónde la has sacado?

—No te preocupes por eso. Tengo mis métodos.

Maddie entrecerró los ojos remedando una expresión de conspiradora.

—Eso es lo que me preocupa.

—Papá, no empecemos. ¿Es que no puedes disfrutar de la cena que te acabo de preparar?

Bosch asintió con la cabeza, dejando correr el asunto… Por el momento.

—Sí, claro. Se puso a comer. Advirtió que en el equipo de sonido estaba sonando Helen’s Song. Se trataba de una canción maravillosa, y uno podía sentir el amor que George Cables había puesto en ella. Bosch siempre había pensado en la tal Helen como en una esposa o una compañera especial del músico.

(…)

CONNELLY, Michael. La caja negra. Barcelona : RBA, 2012

Deja un comentario

Archivado bajo Karaoke Kriminal

Abismo

(…)

—Las pruebas demostrarán, damas y caballeros, que el detective Bosch es un producto de su departamento —dijo Chandler—, una máquina insensible y arrogante que dispensaba justicia según él la veía. Se les pide que se pregunten si es eso lo que queremos de nuestro departamento de policía. Se les pide que enmienden un error para proporcionar justicia a una familia cuyo padre y marido les fue arrebatado.

»Para terminar me gustaría citar a un filósofo alemán llamado Friedrich Nietzsche, quien hace más o menos un siglo escribió algo que creo que guarda relación con lo que estamos haciendo hoy aquí. Nietzsche dijo: “Si luchas contra monstruos, tú serás uno de ellos. Si miras al abismo, el abismo te devolverá la mirada…”

 (…)

CONNELLY, Michael. La rubia de hormigón. Barcelona: Roca bolsillo, 2011. p. 40

La imagen, en Flickr, es de kinojam

Deja un comentario

Archivado bajo Cuentitos Negritos

John Coltrane – Spiritual

(…)

Bosch abrió la última tarjeta lenta y cuidadosamente. Al igual que las anteriores, sabía perfectamente quién se la enviaba; en este caso el sobre llevaba el matasellos de Tehachapi, lo cual no dejaba lugar a dudas. Al sacar la felicitación, Bosch vio un dibujo algo borroso de un belén, impreso manualmente en papel reciclado de la misma prisión. Su remitente era una mujer con quién el detective había pasado una sola noche pero en quién pensaba casi todas las noches. Ella también le pedía que la viniera a ver, aunque los dos eran conscientes de que él no lo haría.

Al son de Spiritual de Coltrane ‑grabada en directo en el Village Vanguard de Nueva York, cuando Harry era todavía un niño‑, Bosch tomó un sorbito de vino y comenzó a fumarse un cigarrillo. Y justo en ese momento oyó algo raro por la radio de la policía, que seguía encendida en una mesa junto al televisor. Hacía tanto tiempo que aquélla se había convertido en su música de fondo que era capaz de olvidar las voces, concentrarse en el sonido del saxofón, y al mismo tiempo captar palabras y códigos poco frecuentes. En esa ocasión la voz dijo:

—Uno ka doce, Número dos necesita vuestra veinte.

 (…)

 CONNELLY, Michael. Hielo negro. Barcelona: Roca bolsillo, 2010. p. 9

Deja un comentario

Archivado bajo Karaoke Kriminal

Chinacienta

(…)

Por el camino, Chu fue el primero en hablar y explicó que la señora Li había firmado su declaración y no había añadido nada a ella. No había reconocido al hombre del vídeo de seguridad y aseguró no saber nada sobre los pagos a la tríada. Bosch explicó entonces la escasa información que había recabado de Mia-ling Li y preguntó a Chu qué sabía de la tradición de mantener a una hija adulta en casa para cuidar de los padres.

— Es una chinacienta — dijo Chu —. Se queda en casa y se ocupa de cocinar y limpiar, casi como una criada de sus padres.

— ¿No quieren que se case y se vaya de casa?

— Ni hablar, es mano de obra gratuita. ¿Por qué iban a querer que se casara? Entonces tendrían que contratar a una criada, un cocinero y un chófer. Así lo tienen todo sin tener que pagar.

Bosch condujo en silencio durante un rato después de eso, pensando en la vida que le tocaba vivir a Mia-ling Li. No creía que cambiara nada tras la muerte de su padre: todavía tenía que ocuparse de su madre.

Recordó algo relacionado con el caso y volvió a hablar.

— Dijo que la familia probablemente cerraría la tienda y se quedaría sólo con la del valle.

— De todos modos no ganaban nada — dijo Chu —. Puede que logren vendérsela a alguien de la comunidad y saquen algo de dinero.

— No es mucho después de casi treinta años aquí.

— La historia del inmigrante chino no siempre es una historia feliz — dijo Chu.

 (…)

CONNELLY, Michael. En: Nueve Dragones. Barcelona: Roca editorial, 2010. p. 55

 

La imagen, en Flickr, es de Chesi – Fotos CC

Deja un comentario

Archivado bajo Cuentitos Negritos

Hielo Negro

(…)

—Hielo negro… —susurró ella al cabo de un rato.

—¿Qué pasa?

—Nada, que es curioso. —Ella se quedó callada unos instantes y miró la habitación como dándose cuenta por primera vez de que aquél era el sitio donde había venido a vivir su marido después de su separación—. Lo del hielo negro. Yo crecí en la zona de la Bahía, en los alrededores de San Francisco, y siempre nos decían que tuviéramos cuidado con eso. Aunque se referían al otro hielo negro.

Cuando ella lo miró, vio que Bosch no la comprendía.

—En el invierno, en esos días que hace mucho frío después de llover, cuando el agua se hiela en la carretera; eso es hielo negro. Está en la carretera, en el asfalto negro, pero no se ve. Recuerdo que mi padre me enseñó a conducir y siempre me decía: «¡Ten cuidado con el hielo negro, niña! No se ve el peligro hasta que se está encima. Y entonces es demasiado tarde porque se empieza a patinar y se pierde el control».

Ella sonrió al recordar aquello.

—Bueno, ése era el hielo negro que yo conocía, al menos de pequeña. Igual que la coca; antes era un refresco. El significado de las palabras puede cambiar con el tiempo.

Bosch se limitó a mirarla, pero deseaba volver a abrazarla, a sentir la suavidad de aquella mejilla sobre la suya.

—¿No te dijo tu padre que tuvieras cuidado con el hielo negro? —preguntó ella.

—A mi padre no lo conocí. Aprendí a conducir yo solo.

Ella asintió sin decir nada, pero tampoco desvió la mirada.

—Me costó tres coches aprender a conducir —explicó Bosch—. Cuando finalmente le cogí el tranquillo, nadie se atrevía a dejarme un coche. Y nadie me contó lo del hielo negro.

—Yo te lo he contado.

(…)

CONNELLY, Michael. Hielo negro. Barcelona: Roca bolsillo, 2010. p. 217.

La imagen, en Flickr, es de aka Quique

Deja un comentario

Archivado bajo Cuentitos Negritos

Frank Sinatra – Summer Wind

(…)

Sinatra cantaba Summer Wind desde una máquina de discos que Bosch no podía ver; una camarera con una peluca hinchada y billetes enrollados en los dedos —de diez, de cinco y de uno— estaba sirviendo una ronda de martinis a cuatro abogados sentados cerca de la entrada principal y el barman estaba inclinado sobre la barra tenuemente iluminada, fumando un cigarrillo y leyendo el Hollywood Repórter. Bosch supuso que cuando no trabajaba en la barra sería actor o guionista. O tal vez un cazatalentos. ¿Quién no era cazatalentos en Los Ángeles?

 (…)

CONNELLY, Michael. La rubia de hormigón. Barcelona: Roca bolsillo, 2011. p. 237

Frank Sinatra – Summer Wind

2 comentarios

Archivado bajo Karaoke Kriminal