Srbosjek

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—Una identificación, ¿con quién? —dijo Fabel—. No hay indicios de que utilizase esta hoja en el asesinato de Drescher. —No, no con Drescher. He investigado un poco para descubrir qué demonios es esto. Tiene un nombre: srbosjek. Se me ha ocurrido que podría ser el arma utilizada para matar a Goran Vujai en Copenhague. Aquel gángster serbio, ¿recuerda? —¿Vujai? —Fabel frunció el ceño—. ¿Qué te ha hecho pensar en él? Hechtner señaló la bolsa con un gesto. —Esto es un utensilio particularmente horrible ideado con un solo propósito: asesinar. Fue diseñado por los Ustaše, los fascistas que gobernaron durante la Segunda Guerra Mundial en Croacia. Los Ustaše creían en una Croacia étnicamente pura, libre de serbios, de gitanos y judíos… Construyeron su propio campo de concentración, Jasenovac, y asesinaron allí a un millón de personas o más. Lo hacían con sus propias manos: mataban a golpes, a cuchilladas o hachazos, cosa que suponía un trabajo intensivo. Así pues, inventaron el srbosjek. Se usaba para rebanar pescuezos con un máximo de velocidad y un mínimo esfuerzo. Por eso me he acordado de Vujai: srbosjek significa en croata «cortador de serbios». Se me ha ocurrido que alguien trató tal vez de hacer justicia poética.

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RUSSELL, Craig. La venganza de la Valquiria. Barcelona, Roca, 2012

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Efecto del observador

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¿Qué me dice de él? ¿Sabe que ha sido descubierto?

—Rotundamente no, Herr director. Tengo la sensación de que se cree inmune a la detección. Sus actos indican cierta arrogancia. Y mis consolidadores son expertos en vigilancia encubierta. No sabe que lo estamos observando, estoy seguro.

—¿Ha oído hablar del «efecto del observador», Bädorf?

—La verdad es que no, Herr director.

—Es un concepto de la mecánica cuántica, surgido de la observación de las partículas subatómicas: la observación en sí misma modifica el comportamiento de la partícula observada. —El director examinó mucho rato la imagen de la pantalla—. Es fundamental que no sepa que andamos tras él. Y nadie, aparte de los integrantes del equipo de vigilancia, debe estar al corriente del asunto. ¿Se da cuenta, Bädorf, del peligro en el que nos ha puesto este individuo con sus actos? ¿Del peligro en el que ha puesto al proyecto entero?

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RUSSELL, Craig. Miedo a las aguas oscuras. Barcelona : Roca, 2014

Observer

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Astronautas místicos

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Era extraño, dada la naturaleza de su trabajo, que la única cosa que Fabel nunca había llegado a asumir del todo fuera la súbita extinción de la vida. Había oído decir que los astronautas, una vez en el espacio, se vuelven a contemplar la Tierra y sufren una transformación en un solo instante: o se vuelven totalmente ateos o se convencen de la existencia de un dios. Sin término medio. Aunque estaba por ver si era tan tajante, Fabel podía comprender la experiencia. Él tenía una sensación similar cada vez que veía un muerto. Un cadáver carece de humanidad: no parece una persona dormida, solo es un objeto de apariencia humana. Una cáscara vacía. Y en su caso, la mayoría de los muertos que contemplaba habían sido desalojados por la fuerza de esa cáscara. Allí donde algunos habrían visto acaso el recipiente abandonado por el alma fugitiva, Fabel solo veía un vacío, el cierre definitivo de un complejo sistema biológico. El final de un universo visto desde una perspectiva irrepetible.

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RUSSELL, Craig. La venganza de la Valquiria. Barcelona, Roca, 2012

planeta tierra

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Esbjörn Svensson Trio – From Gagarin’s Point of View

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Así que Jan Fabel se tomó un respiro y se quedó en el coche con el limpiaparabrisas parado, mirando cómo se estrellaba la viscosa lluvia sobre el cristal. El día era completamente gris. El cielo, el agua, los edificios: distintos matices de gris grafito. Y este era un momento de paz gris. La música parecía encajar con su estado de ánimo —y con el clima— a la perfección: escuchaba al Esbjörn Svensson Trio en el reproductor de mp3 que había conectado al equipo de sonido del BMW. From Gagarin’s Point of View («Desde el punto de vista de Gagarin»). Un gran título. Una gran pieza para una mañana de Hamburgo gris grafito, que emanaba esa agradable melancolía que los escandinavos dominan a la perfección.

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RUSSELL, Craig. Miedo A Las Aguas Oscuras. Barcelona : Roca, 2014

Kunoichi

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 —¿A qué se refiere exactamente? —dijo.

Adebach hizo un gesto con la cabeza a su ayudante, que le tendió un expediente a Drescher.

—¿Conoce el término japonés kunoichi? Una kunoichi viene a ser el equivalente femenino del ninja varón. Tanto las kunoichi como los ninja fueron adiestrados como asesinos consumados, pero en su preparación se reconocía que el género jugaba un papel en el modo de realizar sus respectivas misiones. Las kunoichi dominaban todas las técnicas de combate sin armas, pero también se las instruía en el arte de la seducción. Eran grandes expertas en el cuerpo humano, tanto para hacerlo reaccionar de modo erótico como para saber encontrar sus puntos débiles, es decir, para matar rápidamente y con un mínimo esfuerzo siempre que fuese necesario, dejando pocos o ningún indicio de violencia. Eran diestras en el arte de la simulación y la ocultación: se disfrazaban de criadas, prostitutas o campesinas, y sabían ocultar las armas o improvisarlas con objetos domésticos. Además, eran envenenadoras consumadas. Habían recibido una exhaustiva educación botánica y sabían improvisar una toxina mortífera a partir de la vegetación que tuviesen más a mano. Lo que pretendemos, comandante Drescher, es desarrollar nuestra propia fuerza de kunoichi e infiltrarla en lo más profundo de la estructura del capitalismo occidental. Estas agentes poseerán todas las habilidades de las kunoichi… pero también serán expertas en todas las modalidades de las armas modernas.

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RUSSELL, Craig. La venganza de la Valquiria. Barcelona, Roca, 2012

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Gastos de envío

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—¿La Liga Hanseática?

—Sí. Decía que ustedes aún conservaban el tino comercial de esa época. Todo estaba relacionado con Extremo Oriente, según él. Con China e India. Decía que Hamburgo iba a convertirse en el gran socio comercial europeo de Oriente. ¿Es cierto lo que decía sobre ustedes?

—Bastante. —Fabel sonrió—. Hay un chiste que dice que el negociante medio alemán vendería a su madre, pero que un político de Hamburgo lo haría además sin gastos de envío.

—Hum… —Sarah Westland no pareció verle la gracia. Quizá no era momento para chistes, por otro lado.

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RUSSELL, Craig. La venganza de la Valquiria. Barcelona, Roca, 2012

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Carnaval

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El carnaval de Colonia es una tradición que se remonta a la fundación de la ciudad por parte de los romanos. Sus raíces yacen probablemente en el oscuro pasado pagano de los celtas, que habitaron la zona antes de la llegada de los invasores germanos y romanos.

Durante el carnaval, el caos sustituye al orden; la abstinencia de la Cuaresma viene precedida por el abandono y la indulgencia. Es un momento en el que el mundo está cabeza abajo; un tiempo en que todas las personas pueden convertirse, por unas horas en seres distintos.

El Señor del Carnaval es el Prinz karneval, también conocido como seine Tollität, “Su Altísima Locura”. El PrinzKarneval tiene la proteción del Prinzengarde, su guardaespaldas personal.

La palabra alemana Karneval procede del latín carne vale, “despedida de la carne”.

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RUSSELL, Craig. En: El señor del Carnaval. Barcelona: Roca bolsillo, 2009. p. 9

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