Archivo de la etiqueta: Jo Nesbo

Deep Purple – Speed King

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 Harry entró en el apartamento. Le dio al interruptor y comprobó que aún no le habían cortado la luz. Se quitó el abrigo, entró en el salón, puso a Deep Purple, su grupo favorito en la categoría «involuntariamente cómico pero fenomenal de todos modos». «Speed King», con Ian Paice a la batería. Se sentó en el sofá y se presionó las sienes con las yemas de los dedos. Los sabuesos tiraban de las cadenas. Aullaban, gruñían, mordían; le clavaban los dientes y le despedazaban las entrañas. Si los dejaba sueltos esta vez, no habría vuelta atrás. Esta vez no. Antes siempre tenía alguna razón lo bastante buena para parar una vez más. Rakel, Oleg, el trabajo, incluso su padre. Ya no le quedaba ninguna de esas razones. No podía suceder. El alcohol, no. Así que necesitaba una euforia sustituta. Una euforia que sí pudiera controlar. Gracias, Kaja. ¿Si se avergonzaba? Por supuesto que se avergonzaba. Pero el orgullo era un lujo que uno no siempre podía permitirse.

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NESBO, Jo. El leopardo. Barcelona : Random House, 2014

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Miles Davis – Kind Of Blues

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 Harry cerró el grifo. Notaba en las rodillas la puerta del armario de debajo del fregadero. Jim Beam susurraba su nombre desde el interior.

Se puso un pantalón y una camiseta, fue al salón y puso Kind of Blues, de Miles Davis. Era el original, en el que no habían compensado el que la grabadora del estudio fuera un pelín lenta y todo el disco resultara en una dislocación imperceptible de la realidad. Estuvo escuchando un rato antes de subir el volumen para acallar los susurros de la cocina. Cerró los ojos.

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NESBO, Jo. El leopardo. Barcelona : Random House, 2014

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Patibularias

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—Quiero decir, ¿es posible que alguno de ellos se moviera después del disparo, con convulsiones o algo parecido?

El médico se colocó las gafas, comprobó que las tenía bien puestas y se las volvió a quitar.

—No.

—He leído que durante la Revolución francesa, antes de la guillotina, cuando todavía decapitaban a la gente manualmente, los condenados a muerte eran informados de que a veces el verdugo fallaba y, si eran capaces de levantarse y bajar del patíbulo, quedarían en libertad. Se dice que unos cuantos lograron levantarse sin cabeza y pudieron dar varios pasos antes de desplomarse en el suelo, para gran regocijo del público, claro está. Si no recuerdo mal, un científico explicó que el cerebro puede preprogramarse hasta cierto punto y los músculos pueden seguir trabajando un buen rato si el corazón ha recibido grandes cantidades de adrenalina justo antes del momento de la decapitación. Al parecer, es lo que les ocurre a las gallinas cuando se les corta la cabeza.

El forense sonrió con sorna.

—Muy gracioso, inspector. Pero me temo que se trata de leyendas urbanas.

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NESBO, Jo. Cucarachas. Barcelona : Penguin Random House, 2015

playmobil executioner

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de William Clifford

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Espen Lin – When Susannah Cries

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Harry la agarró del brazo y la ayudó a bajar las escaleras del restaurante. Le dio la dirección al taxista junto con un billete de cinco dólares, pidiéndole que se asegurara de que entraba en su casa. Probablemente no entendiera gran cosa de lo que le decía Harry, pero pareció comprender a qué se refería.

Entró en un bar de Soi 2, en la parte baja de Silom. La barra estaba prácticamente vacía y en el escenario había dos gogós a las que nadie había comprado para pasar la noche. Tampoco parecían tener muchas esperanzas de que alguien lo hiciera. Era como si estuvieran fregando platos, sacudiendo las piernas por cumplido mientras sus pechos se mecían arriba y abajo al compás de «When Susannah Cries». Harry no estaba seguro de qué le resultaba más triste.

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NESBO, Jo. Cucarachas. Barcelona : Penguin Random House, 2015

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Mosca

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Se dice que el concepto que la mosca tiene del tiempo, la razón de que perciba con una lentitud extrema el movimiento de la palma de una mano que se dirige hacia ella a toda velocidad, es que la información que recibe a través de los ojos compuestos le proporciona tal cantidad de datos que la naturaleza debió de dotarla con un procesador ultrarápido para poder asimilarlo todo de una sola vez.

En la sala de estar reinaba un silencio absoluto que se prolongó durante varios segundos. No sé cuántos. Yo era una mosca y la palma de la mano estaba en camino. La pistola Glock de Ove Kjikerud me apuntaba al pecho. Y la mirada de Clas Greve al cráneo reluciente.

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NESBO, Jo. Headhunters. Barcelona : RBA, 2012

Fly, standing still

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Jiří Zůna

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Ensalada Som-Tam

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—El cuchillo no presenta huellas dactilares —dijo Crumley chasqueando satisfecha la lengua.

La sôm-tam, una especie de ensalada de papaya verde, no tenía el sabor tan extraño que Harry se había imaginado. De hecho estaba deliciosa. Y picante.

Crumley sorbía ruidosamente la espuma de la cerveza. Él miró a los demás clientes, pero al parecer nadie más se percató del ruido que hacía, probablemente porque el sonido era ahogado por una orquesta de cuerda que interpretaba polcas al fondo del restaurante, que a su vez eran ahogadas por el tráfico del exterior. Harry decidió que se tomaría dos cervezas. Y punto. Podía comprarse un paquete de seis de camino al apartamento.

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NESBO, Jo. Cucarachas. Barcelona : Penguin Random House, 2015

Complicado acercarse a la cocina tailandesa. Sin embargo, creo que con este video de Cocino Thai, si te animas (y encuentras los ingredientes) podrás acercarte a saborear lo que Harry Hole paladea en el párrafo de arriba. Yo no se si me animaré a prepararla, pero a probarla, seguro.

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AK-47

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La habitación era lo bastante alta para él y tenía un suelo liso de cemento. Tres de las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de la mercancía habitual: pistolas Glock muy usadas, Smith & Wesson calibre 38 como la suya, cajas de munición, un Kalashnikov. Harry nunca había tenido en sus manos un ejemplar de aquella famosa automática rusa, cuyo nombre oficial era AK-47. Acarició la culata de madera.

—Un original de 1947, el primer año de fabricación —dijo Van Boorst.

—Parece que aquí todo el mundo tiene una —dijo Harry—. La causa de muerte más popular en África, según dicen.

Van Boorst asintió.

—Por dos razones muy sencillas. Cuando los países comunistas empezaron a exportarlas a este continente después de la guerra fría, un Kalashnikov costaba tanto como una gallina cebada en tiempo de paz. Y, en tiempo de guerra, no más de cien dólares. Por otro lado, funciona bien, con independencia de lo que hagas con él, y eso en África es importante. A los mozambiqueños les gustan tanto los Kalashnikov que han puesto uno en la bandera nacional.

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NESBO, Jo. El leopardo. Barcelona : Random House, 2014

La imagen, con licencia Creative Commons, es de la Wikipedia

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