Associates – Even Dogs in the Wild

(…)

—Todavía crees que puedes con él, ¿verdad? —dijo Rebus.

Cafferty se detuvo sin darse la vuelta y levantó el dedo índice. Rebus sabía qué significaba aquel gesto.

«Todavía puedo librar una batalla…».

No lo dudó ni por un segundo.

Rebus se montó en el Saab y acarició a Brillo antes de arrancar. Vio cómo desaparecía la figura de Cafferty y luego cogió un CD del asiento del acompañante y lo puso en el reproductor. Había llegado por correo a primera hora de la mañana. El disco se titulaba The Affectionate Punch. Fue directo a la canción número siete y escuchó a Billy Mackenzie cantar sobre un niño, un niño asustado, ignorado, abandonado. Padres e hijos, pensó: Malcolm y Mitch Fox, Dennis y Joe Stark, Jordan Foyle y Bryan Holroyd. El teléfono lo avisó de que había recibido un mensaje. Era de Samantha. Había enviado la foto que le pidió, en la que aparecían él y Carrie. La contempló unos instantes y se la mostró a un perplejo Brillo. Luego subió el volumen de la radio, salió de la plaza de aparcamiento dando marcha atrás y volvió a la ciudad.

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RANKIN, Ian. Perros salvajes. RBA, 2016

Steve Miller Band – Quicksilver Girl

(…)

Con un suspiro, Rebus la acompañó al salón.

—La trama se complica —dijo Clarke—. Dos vasos usados y olor a perfume en el aire viciado. —Se acercó al equipo de música y cogió un CD—. ¿Se largó ella cuando pusiste esto?

—Es la Steve Miller Band. Pon la número siete mientras busco una corbata.

Rebus se fue y Clarke hizo lo que le pedía. La canción se titulaba «Quicksilver Girl». El volumen estaba bajo, lo suficiente para una conversación de madrugada.

—Me gusta bastante —reconoció cuando volvió Rebus—. Son como unos Beach Boys más tranquilos. Pero los altavoces no funcionan bien.

—Ya lo sé.

(…)

RANKIN, Ian. Perros salvajes. RBA, 2016