Archivo de la etiqueta: John Rebus

The Skids – The Saints Are Coming

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—Ya me conoces, Siobhan. No suelo dar muchas vueltas a las cosas.
—Aun así, me parece que has calado a Fox: este asunto no es más que una manera de posponer la hora maldita en que lo vuelvan a destinar al DIC. —Se interrumpió—. No te importa que haga de intermediaria, ¿verdad? —Le vio encogerse de hombros—. De hecho —se corrigió—, creo que la palabra que utilizó Fox fue «árbitro».

—No éramos más que una cuadrilla de chicos, Siobhan, lo típico en el DIC por aquel entonces.

—Solo que vuestra cuadrilla tenía un nombre.

—Yo nunca le di tanta importancia como los demás. Cuando teníamos que hacer un trabajo, llevábamos un casette en el coche: The Skids cantando «The Saints Are Coming», aquí vienen los santos. Era obligatorio ponerla.

—¿Y si se te olvidaba?

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RANKIN, Ian. La Biblia de las tinieblas. Barcelona: RBA. 2014

No es la primera vez que aparecen los Skids por aquí. Puedes ver la otra entrada aquí

 

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Jackie Leven & Michael Cosgrave – Another Man’s Rain

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En efecto, el tráfico de Edimburgo era una pesadilla. Semáforos provisionales, carreteras cortadas y desvíos. Había largos atascos por todas partes, en su mayoría para dar cabida a la construcción de una única línea de tranvías que unirían el aeropuerto y el centro de la ciudad. Aprovechó que estaba detenido para comprobar si tenía algún mensaje, y no se sorprendió al ver que no había recibido ninguno. Ningún caso urgente requería su atención: trabajaba con gente que llevaba mucho tiempo muerta, con víctimas de asesinatos de quienes se había olvidado casi todo el mundo. En los libros de la Unidad de Evaluación de Delitos Graves había once investigaciones, que se remontaban a 1966. La más reciente era de 2002. Cuando había tumbas que visitar, Rebus las visitaba. Los familiares y amigos todavía depositaban flores en algunas de ellas. Había anotado en su libreta los nombres que aparecían en las tarjetas y los había incorporado al archivo. ¿Con qué finalidad? No lo sabía a ciencia cierta. Cuando encendió el reproductor de CD del coche emanó de los altavoces la voz de Jackie Leven, profunda y visceral. Hablaba de alguien que se hallaba junto a la tumba de otro hombre. Rebus entrecerró los ojos. Por un momento estaba de nuevo en el cementerio, y le satisfacía contemplar cabezas y hombros. Extendió la mano hacia el asiento del acompañante y consiguió sacar el libreto de la caja. La canción se titulaba «Another Man’s Rain». Sobre eso cantaba Jackie, sobre encontrarse bajo la lluvia de otro hombre.

—Ha llegado el momento de pasar por el otorrino —murmuró Rebus para sus adentros.

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RANKIN, Ian. Sobre su tumba. Barcelona : RBA, 2013

 

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Rory Gallagher – Sinner Boy

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Eso es lo que ocurre, Stefan, cuando empezamos a mentir, engañar y ocultar: nos da mucho trabajo, y nada más que trabajo.

—Y en tu armario, John, ¿no hay ningún esqueleto? —Gilmour se las arregló para dejar escapar una risilla agria—. Te haría falta un espacio del tamaño de IKEA para guardarlos todos. Se cortó la comunicación, Gilmour decidido a decir la última palabra. Rebus tomó un trago de cerveza y fue a dar la vuelta al disco. Rory Gallagher: «Sinner Boy». Brindó por el guitarrista y se recostó en el sillón para pensar un poco. Luego cogió el teléfono y llamó a Clarke.

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RANKIN, Ian. La Biblia de las tinieblas. Barcelona: RBA. 2014

 

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The Skids – The Saints Are Coming

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Volvió al cuarto de estar, decidió correr las cortinas y vio que había un coche aparcado en la acera de enfrente, con los faros apagados, pero con el motor en marcha y alguien sentado al volante. Acabó de recoger y luego subió arriba a oscuras. En el dormitorio se acercó a la ventana arrimándose a la pared. Era un coche oscuro, un turismo estilizado. Desde allí no podría ver la matrícula, pero le pareció oír música. Sí, procedía del coche. No le sonaba conocida, pero el volumen aumentó. Un vecino de la casa de enfrente descorrió las cortinas para mirar. Se detuvo un taxi negro del que bajó una pareja. Era evidente que volvían tarde de hacer compras en el centro. La mujer llevaba dos bolsas de compra de aspecto caro. El marido se llamaba Joe Sillars: Fox había hablado con él algunas veces. Llevaban viviendo en la calle un par de meses. Al marcharse el taxi, miraron los dos al coche escandaloso, se dijeron algo, pero decidieron no inmiscuirse. A modo de respuesta, el del coche bajó el cristal de la ventanilla y fox reconoció entonces la canción, The Saints Are Coming, de un viejo conjunto punk llamado The Skids. La había oído en muchas fiestas de joven, pero también la había escuchado no hacía mucho: cuando Glen Heaton la mencionó en un interrogatorio.

«Una canción de la hostia… un canto solidario…»

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RANKIN, Ian. Asuntos internos. Barcelona : RBA, 2010. p. 398

The Skids – The Saints Are Coming

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Led Zeppelin – Immigrant Song

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—Qué escalera más bonita —comentó Jazz McCullough refiriéndose a los azulejos con dibujo y al suelo de mosaico en el que Rebus ni había reparado en todos aquellos años.

Una vez en el segundo piso, Rebus abrió la puerta y vio que habían echado cartas por debajo.

—Pasad ahí, al cuarto de estar —dijo—. Ahora traigo las bebidas —añadió yendo a la cocina para llenar el hervidor y abrir la nevera.

Le resultaba extraño oírles hablar porque casi nunca tenía visitas. A veces iba Jean y alguna que otra persona, pero nunca tanta gente junta; nunca desde que Rhona se había ido. Se sirvió un vaso de agua del grifo y lo apuró de un trago. Respiró hondo y se tomó otro. ¿Por qué demonios los habría invitado a su casa? Fue Gray quien lo sugirió: «Una última copita en casa de John». Trató de despejar el alcohol de su cabeza. Quizá…, quizás abriéndoles su casa, ellos se abrirían a él. Había sido idea de Gray. ¿Esperaba Francis Gray sonsacarle algo en aquella visita?

«John, ve con cuidado», se dijo.

Oyó música de repente; la identificó cuando subió el volumen. Bueno, así los estudiantes del piso de al lado sabrían lo que era bueno. Habían puesto Immigrant Song de Led Zeppelin; la voz de Robert Plant era como el lamento de una sirena. Cuando entró en el cuarto de estar con las latas de cerveza, Allan Ward ya estaba pidiendo que quitaran «aquella mierda».

—Es un clásico —replicó Jazz McCullough, generalmente muy parco en movimientos, quien estaba a cuatro patas de espaldas al grupo, mirando discos.

—Ah, a tu salud, John —dijo Sutherland tomando una lata de cerveza negra.

 (…)

RANKIN, Ian. Resurrección. Barcelona : RBA, 2004. p. 130

En Radio Garrapata puedes leer una anécdota, seguramente falsa, sobre Robert Plant y esta canción. También tienes la letra. Ah, y en la Wikipedia, la historia “oficial” de la canción.

Led Zeppelin – Immigrant song (Versión de estudio)

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