Blondie – Heart of Glass (2)

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—Buenos días, Ulises. ¿Qué tal va todo?

—Perfectamente, doña Lucía, no puedo quejarme. Bueno, en realidad, aunque me quejase no me serviría de nada, así que…

—Vaya, le veo algo triste. ¿Asuntos laborales? Si quiere, le dejo las películas de las que le hablé el otro día, no conozco mejor remedio para olvidarse de todo. Bueno, la música de los ochenta también ayuda lo suyo, ¿no cree? —añade señalando las notas discotequeras que siguen sonando a toda pastilla.

—Desde luego, doña Lucía. Por cierto, que esa canción es una de las favoritas de mi madre. No sé qué de un corazón o algo por el estilo…

—Heart of Glass, de Blondie. Ahora ya no se hace música como la de entonces. Ni películas tampoco. ¿Qué? ¿Se las dejo?

—Pues mire, no es mala idea, no me vendría mal un rato de evasión —le agradezco el detalle.

—Ahora mismo se las traigo.

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BOSQUE, Ricardo. Cuestión de galones. Madrid : Literaturas Com Libros, 2011.

No es la primera vez que suena este tema en el Karaoke Kriminal. Puedes echarle un ojo a esta otra “versión”, en el Cold, cold, ground de Adrian McKinty.

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Rollito de primavera

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El restaurante en cuestión se llama El Mar de las Delicias, no por lo que cocina en sus fogones sino en referencia al barrio en el que se ubica. Por lo demás, es como todos, con sus dragones custodiando la entrada, los cuadros con cataratas móviles y los farolillos rojos colgados por todo el techo. Al entrar, sentado a una mesa de la derecha, me llama la atención la presencia de un chino de manos gordas y grasienta cara de satisfacción. Ante él, tantos platos que no sabe a cuál de ellos dedicarse.

—No te creas nada, lo tienen todo el día comiendo en la misma mesa, haciendo de reclamo para la clientela que pasa por la calle. Ya sabes, si un occidental ve a un oriental gordo comiendo en un restaurante chino se piensa que la comida que sirven es auténtica. Pero no te preocupes —añade—, aquí te dan la misma porquería que en todos: tallarines fritos, ensalada de algas que a saber de dónde las sacan, rollitos de primavera… Vamos. Lo que a ti y a mí nos encanta.

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BOSQUE, Ricardo. Cuestión de galones. Madrid : Literaturas Com Libros, 2011.

Este vídeo del canal recetasdecocina me ha parecido que lo explica de una forma muy sencilla y apetecible. Yo fijo que me animo a intentarlo.

Y por si acaso te atreves con la salsa agridulce, te dejo otro vídeo del mismo canal. Que aproveche!

Migas a la aragonesa

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—¿El mesón? —pregunta Ariel.

—El mesón, claro —aunque entrar aquí es lo más parecido a recurrir a un restaurante español cuando viajas por el extranjero.

Pedimos la típica ensalada aragonesa –morcilla, longaniza y chorizo, todo ello bien frito en aceite de girasol cien veces utilizado–, unas migas con uva, un plato de jamón y otro de queso. De beber, vino tinto de la casa que el camarero –un tipo de rostro huraño con más mierda en las manos que en el delantal– nos sirve en una jarra de barro. Los vasos de Duralex que deja sobre la mesa requerirían un dragado a fondo si fuéramos escrupulosos, en cuyo caso habríamos comenzado por no poner los pies jamás en un local como este.

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BOSQUE, Ricardo. Cuestión de galones. Madrid : Literaturas Com Libros, 2011. 

Nada mejor que el video de Williviajera para ilustrar como acercarse a esta sencilla pero contundente y sabrosa receta. Creo que hay tantas variantes de migas como cocinillas que se ponen manos a la obra, pero me ha gustado la sencillez con la que lo explica.

Que aproveche!!!

Más birras – Apuesta por el Rock and Roll

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Salimos juntos y caminamos en silencio hasta llegar a la avenida César Augusto. Nos despedimos, Ariel se va hacia la parada del tranvía, yo subo hacia plaza España y en el GCAB tomo un taxi fluvial. Ahora no van sobre ruedas pero casi todos siguen escuchando las mismas emisoras de siempre. Sin embargo, el taxista que me toca en suerte es una excepción, un tipo patilludo, descomunal tupé engominado, mentón pronunciado, chupa de cuero… En el reproductor suena puro rockabilly aragonés del siglo pasado:

 Ya no puedo darte el corazón

Iré donde quieran mis botas

y si quieres que te diga qué hay que hacer

te diré que apuestes por mi derrota

Quítate la ropa, así está bien

No dejes nada por hacer

Si has venido a comprarme, lárgate

Si vas a venir conmigo, agárrate

Larguémonos chica hacia el mar

No hay amanecer en esta ciudad

Y no sé si nací para correr

pero quizás sí que nací para apostar

Sé que ya nada va a ocurrir

Pero ahora estoy contra las cuerdas

y no veo ni una forma de salir

Pero voy a apostar fuerte mientras pueda

Larguémonos chica hacia el mar

No hay amanecer en esta ciudad

Y no sé si nací para correr

pero quizás sí que nací para apostar

Ya no puedo darte el corazón

Perdí mi apuesta por el rock’n’roll

Perdí mi apuesta por el rock’n’roll

Perdí mi apuesta

Es la deuda que tengo que pagar

y ya no tiene sentido abandonar

Ya no tiene sentido abandonar

Oooooohhhh!!!

Noooo late el corazón.

—Cojonudo el Mauricio, ¿eh? —me pregunta el taxista rocker—. Desde que la palmó, nadie ha vuelto a componer como él.

—Y que lo diga, compadre, y que lo diga. Ya lo dice mi vecina: en los ochenta, se acabó la música.

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BOSQUE, Ricardo. Cuestión de galones. Madrid : Literaturas Com Libros, 2011. 

Venecia Baturra

Hay libros que nos marcan, por las razones que sean, y de los que siempre te vas a acordar. Cuestión de galones ha sido uno de esos libros de los que seguramente no me voy a olvidar.

Fíjate: ni se me había pasado por la imaginación agenciarme un dispositivo para leer libros electrónicos… y de repente veo que el Bosque edita una novela nueva sólo para leerse en digital. Oooooño, me dije. Si el Kamarada Ricardo se ha tirado al monte con lo de los ebooks hay que pensarse la historia. Y es que quizá no lo he dicho, pero tengo debilidad por el editor de La Balacera, Calibre 38 y este hombre es de los que, en materia negrocriminal, se apunta a los bombardeos buenos.

Y dicho y hecho. Entre que voy viendo que Ulises Sopena va adquiriendo vida propia, ahora con un libro ya editado y esto, lo otro y lo de más allá, de repente me encuentro con que tengo que aprender cómo funciona el Kindl que me han mandado a casa.

Y el primer libro que me cargo y leo es Cuestión de galones, una novela bastante marciana porque nos plantea la acción en una Zaragoza futurista en la que las principales calles y avenidas están inundadas, consecuencia de la expo del agua aquella de la quizá todavía te acuerdes. ¿Difícil imaginarse a los descendientes de “Orgullo baturro” cantando encima de una almadía? Quita, quita, si Ricardo nos dice que hay que ir imaginándose a esta población ebráica yéndose a casar en góndola, y al de la cocacola descargando de una gran piragua, no seremos nosotros los que pongamos cortapisas a la imaginación.

Piensa además, que en esta Zaragoza que cala hasta los huesos, la policía se mueve en motos acuáticas y la gente en vaporettos de lo más apañados. Y por último, y ya nos va costando entrar en materia, donde antes “reinaba” el Zaragoza Club de Fútbol, la ciudad ahora rinde pleitesía a los reyes del waterpolo, el Zarawater y las reinas de la natación sincronizada. A mi, por cierto, tampoco me parece mal cambio.

Y en medio de esta húmeda Zaragoza se mueve Ulises Sopena, un policía más o menos solitario, nostálgico de la música de final de siglo XX, bastante saladillo y salidillo y que trasmite cantidad de simpatía y buen rollo. Ulises y su gente. Su mascota, sus compañeros, sus jefes, los contactos… todo es más o menos parecido a lo que podría ocurrir hoy en día en una menos acuosa ciudad del valle del Ebro, solo que parece que al doblar cualquier inundada esquina te vayas a encontrar con precursores kevincostnerianos enfilando las principales avenidas con sus catamaranes derrapando en plan waterworld.

Me parece de ley destacar esta nueva forma de edición, y no me refiero simplemente a la aventura que supone editar solo en formatos digitales, sino todo el trabajo que en redes sociales lleva a cabo el autor presentándonos al personaje meses antes de que vea oficialmente la luz, desgranándonos poco a poco su biografía, la música que le gusta…. generando expectativas y ganas de leer la novela. Hasta el punto de que la elección de la portada, si Ricardo no me corrige, se hizo por votación entre gente de la comunidad “Ulises” entre unos cuantos diseños previamente elegidos.

Una nueva forma de editar, una nueva forma de promoción, una nueva forma de vivir la literatura… pero que en el fondo, lo que hay y lo que funciona es lo de siempre; porque el amigo Ricardo sigue siendo fiel a un estilo donde impera la originalidad y donde es obligatorio el sentido del humor, dos aspectos marca de la casa, difíciles de encontrar y que a mi me encantan.

Ah, y que sepas que el muchacho se sigue superando en cada entrega. Me gustaron las dos aventuras de Tana Marqués: Manda flores a mi entierro y Suicidio a crédito, pero esta peripecia de Ulises me ha gustado más.

Y eso, que os dejo a ver si pongo a punto la moto de agua, que he quedado con la cuchipandi para echar unas cañas.

Ricardo Bosque

Cuestión de Galones.

Literaturas Com Libros, 2011

Churros

(…)

—¿Café? Y si quieres puedo descongelar una docena de churros en un momento.

—Vale. Ni me ha dado tiempo de desayunar, ¿sabes? Por cierto, bonita casa. Me habían hablado de ella, pero no me la imaginaba así, la verdad.

—Gracias. ¿Leche?

—Una gota, para quitarle el color simplemente.

—¿Azúcar?

—Sacarina si es posible. La línea, ya sabes.

Ya me imaginaba yo que el secreto de Sara estaba en el edulcorante, porque los bocadillos que se mete a la hora del almuerzo no deben ser buenos para mantener un tipazo como el suyo. Lo que me recuerda que un día de estos debería empezar con el régimen. Mañana, tal vez, los churros de hoy no los perdono de ningún modo.

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BOSQUE, Ricardo. Cuestión de galones. Madrid : Literaturas Com Libros, 2011. 

Y como siempre, un par de sitios para ponerte “.

  • En “Directo a paladar” podremos aventurarnos  a cocinar churros andaluces y en Pepekitchen probar los churros madrileños (más ligeros los primeros pero caseros todos).
  • Y si tienes una thermomix, más fácil todavía.
  • Y ya por último, os dejo un clásico, la receta de Simone Ortega, leída en el blog “Cocinarecetas”

La imagen, en Flickr, es de Pinot & Dita

Espaguetis Ulises Sopena

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No tengo prisa para volver al trabajo. Total, para aguantar la bronca de Cansado… Me meto en la cocina, con el pinche canino pendiente de todos mis movimientos y le echo un ojo a la despensa. Tengo algo de pasta, ajos, tomates, cerveza y unos langostinos en el congelador, suficiente para elaborar una de las especialidades que aprendí en un programa de la televisión de cocina para solteros. Ideal para impresionar a cualquier invitada aunque también hoy me toque comer solo.

Se requieren tres latas de cerveza, media para el plato y el resto para el cocinero. Pelo los langostinos y frío en una sartén las pieles y las cabezas, machacándolas convenientemente para que suelten todo su jugo, algo a lo que ayuda la media lata de cerveza. Me bebo el resto mientras se va preparando la salsa que añadiré más tarde a la pasta. Me llevo otra al salón mientras se va cociendo.

Pongo las noticias locales, que están ya en la sección de deportes. Me cago en mi mala suerte y pongo la Dos. El nieto de Jordi Hurtado, con la misma sonrisa natural del abuelo, presenta Saber y ganar. Cambio de canal y me encuentro con el sobrino de Arguiñano, al que recuerdo haber visto cuando yo era un crío. Los mismos chistes heredados del tío.

La pasta ya está al dente. Escaldo los tomates, los pelo, les quito las semillas y los troceo bien finos. Me tomo la segunda cerveza mientras preparo un sofrito con el tomate y el ajo, añado los langostinos, dejo que se doren y vuelco encima la pasta. Riego todo con la salsa. Dos vueltas, perejil, orégano y a emplatar, como dicen en la tele.

Me siento a la mesa después de dejar encerrado a Nono en la cocina. Poco a poco, acompañado por un vino tinto de Cariñena, voy dando buena cuenta de los espagueti. En la tele ya ha empezado el Telediario: violencia de género, pateras, algo de corrupción urbanística… Lo de todos los días, vaya.

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BOSQUE, Ricardo. Cuestión de galones. Madrid : Literaturas Com Libros, 2011. 

La imagen, en Flickr, gentileza de Daniel Alexandre | Photography (con licencia Creative Commons)