The Supremes – Baby Love

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Otro mojito y un margarita más tarde era Cornelia quien estaba sobre el escenario. No recordaba cómo había logrado subir los escalones. Eran sólo cinco pero le habían parecido muy empinados. La luz la deslumbraba y anticipaba la fotofobia de la resaca que la aguardaría inexorablemente al día siguiente. Cogió el micro con la izquierda cuando ya sonaban los primeros acordes de la canción que había pedido: Baby Love, de The Supremes.

—Dale, rubia —le llegó desde el público.

Desgraciadamente no quedaron testimonios de su actuación, que fue, en palabras de Elin, memorable.

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RIBAS, Rosa. En caída libre. Barcelona : Viceversa, 2011

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Börek

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Cuando por fin se despidieron, Cornelia volvió a la ducha. Después, envuelta en un albonoz de Jan, se calentó en el microondas unos restos de börek con espinacas que había comprado en el turco de la esquina. Lo comió de tres bocados de pie en la cocina y recordó demasiado tarde que había leído que una vez que las espinacas recalentadas pueden ser tóxicas. Se acordó de que muchos emperadores romanos, temerosos de morir envenenados, acostumbraban el cuerpo con pequeñas dosis de veneno. ¿Eran tres bocados de börek de espinacas recalentadas un veneo o un antiveneno?…

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RIBAS, Rosa. Entre dos aguas. Barcelona : Ediciones Urano, 2011. p. 102

Y si quieres poner manos a la obra, te dejo un par de enlaces para experimentar:

Que aproveche!!

 

Bette Davis

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—Irene —interumpió mi movimiento. Me senté de nuevo—, ¿estás a gusto entre nosotros?.

—Claro. ¿Por qué lo preguntas?

—Para estar seguro —hizo una pausa—. Y porque quiero que sepas que estoy muy satisfecho con tu trabajo.

—Gracias, jefe.

Con tus compañeros parece que has congeniado muy bien.

—Así es.

Que Flavia ni me hablaba y me dirigía miradas torvas no se lo conté. Ésas son las cosas que los jefes tienen que averiguar por sí mismos.

—¿Te gusta el despacho?

—Sí.

—¿No te molesta compartirlo con Rodrigo?

—No. Todo lo contrario.

—Pues bien.

—Sí.

Cerró la conversación recordándome:

—¿Recuerdas el epitafio de la tumba de Bette Davis?

—Pues no, jefe.

—“She did it the hard way”

—Gracias.

Salí sin saber qué había querido decirme realmente y me preparé para el nuevo caso. Esta vez tenía que salir de la ciudad. El cliente vivía en el Prat y me iba a ayudar a encontrar lo que estaba buscando.

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RIBAS, Rosa. La detective miope. Barcelona: Ediciones Viceversa, 2010. p. 64

La imagen, en Flickr, es de ADiamondFellFromTheSky

Los Bravos – Black Is Black

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El día empezaba bien —dijo en voz alta con la boca llena de muesli.

En la radio sonaba Black Is Black.

Se levantó de un salto de la silla de la cocina y se puso a bailar con la cucharilla en la mano. Como no dominaba todavía los nuevos espacios, se dio un golpe en el codo contra el frigorífico, pero eso no la detuvo.

Black is black. I want my baby back”.

Los Bravos, uno de los grupos favoritos de su infancia. Manuel y ella los adoraban porque eran españoles. El cantante era berlinés, aunque se hiciera llamar Mike Kennedy y cantara en inglés. ¿Cómo era la coreografía que habían inventado para esa canción? Mientras se movía por la cocina, su cuerpo la iba recordando. Un movimiento demasiado amplio para las reducidas dimensiones de la habitación le costó un moratón en el muslo. No importaba. Black is Black. “I can’t choose, It’s too much to lose. My love’s toot strong”

  (…)

RIBAS, Rosa. En caída libre. Barcelona : Viceversa, 2011. p. 107

Los Bravos – Black is black

http://ia600805.us.archive.org/31/items/BlackIsBlack/58-Bravos-BlackIsBlack.mp3

Guayominí

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¿A dónde van las personas que desaparecen? —me había preguntado una vez Alicia durante el desayuno.

A Guayominí —le respondí.

No sé por qué se lo dije. Me salió así.

Para Alicia, como para todos los niños, las conversaciones de los padres estaban llenas de palabras oscuras, de fragmentos misteriosos y sugerente. Imagínense, pues, los retazos que llegan a un niño de lo que hablaban un policía y una detective. Y ella quería saber.

¿Dónde está Guayominí?

Ése es el punto, nadie lo sabe porque es un lugar que cambia y por eso necesitamos buscar tanto.

Víctor había movido la cabeza como diciendo: “¿Qué le estás contando esta vez a la cría?”. Pero al final él también acabó enviando a gente a Guayominí. La joven colombiana que transportaba drogas en el cuerpo y que habían encontrado muerta en un contenedor, a la que mencionó sin darse cuenta de la presencia de Alicia, estaba en Guayominí. También vivía allí el hijo de un traficante de drogas al que Víctor y sus compañeros anduvieron buscando infructuosamente durante un par de meses y un camello del que sólo se encontró la ropa flotanto en el Llobregat. Guayominí, el país que se desplazaba por el espacio y donde la gennte cantaba canciones horteras en inglés, se convirtió en un reino poblado por personas cuyos nombres nos perseguían a Víctor y a mí, pero que no tenían por qué perseguir a nuestra hija. El reino de los desaparecidos borrados, donde las viejas con demencia senil que salían de sus casas y no sabían encontrar el camino de vuelta de la panadería jugaban al escondite con los camellos que tenían que cambiar de barrio y con los sólidos padres de familia que un día y sin aviso previo ponían tierra por medio. Si los hallabas, te daban puntos en inglés y en francés. Doce puntos.

¿Y por qué los buscáis?

Porque muchos se han ido sin despedirse, y eso no se hace.

Y porque cuando los encontramos vivos y los devolvíamos a su lugar, sentíamos que tal vez nuestro trabajo sí tuviera algo de sentido. Eran momentos dulces.

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RIBAS, Rosa. La detective miope. Barcelona: Ediciones Viceversa, 2010. p. 84

La imagen, en Flickr, es de fa11ing_away

Otros Cuentitos negritos relacionados:

Cuesta abajo y sin frenos

En caída libre es como me leí las tres novelas de Rosa Ribas protagonizadas por la inspectora Cornelia Weber-Tejedor. Me fueron gustando tanto que las devoré en un suspiro. Luego, he intentado espaciar los comentarios para no ser demasiado machacón, pero tengo que reconocer que para mí conocer a Rosa Ribas ha diso todo un todo un descubrimiento, y creo reconocer en Rosa a una novelista con un tremendo presente y un apasionante futuro. Toda una dama del crimen patrio aunque viva en tierras germánicas.

Y yendo al grano, En caída libre es la tercera novela de la serie. En anteriores episodios puedes leer lo que se comentó por aquí de Entre dos aguas, la puesta de largo de Cornelia en materia negrocriminal y Con anuncio, la confirmación de que estábamos ante una gran novelista y un gran personaje. También podrás encontrar algún cuentito negrito y alguna entrada en el Karaoke kriminal con Cornelia y su cuadrilla como protagonistas.

En algún comentario reciente he escrito que un escritor tan famoso como Michael Connelly suele llevar a sus personajes, sobre todo a Harry Bosch al límite. Algo parecido le pasa a Rosa Ribas y a Cornelia. No le deja que se instale, no le deja que descanse, no le deja que se acomode; hace que se mueva para resolver sus dudas…. y sobre todo hace que el personaje evolucione.

Y en este movimiento y en esta continuo cambio, nos encontramos con que esta novela es una historia de huida. De una supuesta huída hacia delante de Cornelia que, en un momento de su vida en el que todo son dudas y en el que no se encuentra especialmente contenta consigo misma aprovecha una oportunidad que le ofrece su trabajo para dar una vuelta de tuerca a su profesión, a su vida y a su rutina diaria. Así, con la excusa de resolver un caso, se tendrá que infiltrar entre las trabajadoras de la limpieza del aeropuerto de Frankfurt para descubrir una red contrabando de drogas.

Y Rosa Ribas nos va contando, despacito, los primeros pasos de la investigación, para posteriormente describirnos el penosos trabajo que supone para Cornelia ganarse la confianza de sus compañeras, que sus jefes vean que puede ser una mujer apta para darle a su faena diaria un plus…. Pero todo esto con tranquilidad y sin prisa, que el proceso de infiltración no es algo que se en un momento y sí algo lento y laborioso.

Paralelamente, mientras avanza la investigación vamos siendo espectadores del deterioro personal de la protagonista: de cómo va descuidando el lugar en el que vive, de cómo deja tirado a su hermano con toda la responsabilidad de los problemas que tienen sus padres, de cómo se esconde a la hora de tomar decisiones sobre su vida personal y de cómo acaba olvidándose de su propia salud.

Esta novela, pues, además de una novela negra tan buena como sus predecesoras, es un relato sobre la caída en barrena de su protagonista al pozo de la dejación. La descripción de un proceso lento aunque implacable que va ocurriendo de forma paralela a una investigación policial en la que también tienen protagonismo los aviones y algunas de las personas que trabajan y hacen posible que puedan despegar del suelo.

Rosa Ribas

En caída libre

Viceversa, 2011

Herman’s Hermits – No Milk Today

(…)

Veintiún días limpiando aviones.

Tenía razón Elin Herzog, la espalda le dolía tanto como después de las primeras jornadas. Al principio pensaba que se le pasaría a los pocos días, una de las expectativas que no se habían cumplido; la otra era que tal vez el cansancio físico la ayudaría a dormir. Pero el insomnio seguía. Caía agotada en la cama, el sueño no llegaba y cuando lo hacía era para abandonarla ahuyentado por cualquier sonido, una conversación en la calle, la dinamo de una vieja bicicleta una discusión en algún piso cercano. Se había levantado tan cansada que no había tenido tiempo ni ganas de bailar cuando en la radio empezó a sonar otra de sus favoritas. No Milk Today sólo la movió a comprobar, canturreándola, si le quedaba suficiente leche para el resto de la semana.

Mientras una hora después recorría con dos compañeras uno de los pasillos desnudos que conectan las zonas de embarque, aprovechó el comentario de una de ellas sobre sus pronunciadas ojeras para lamentarse una vez más de su penuria económica.

(…)

RIBAS, Rosa. En caída libre. Barcelona : Viceversa, 2011. p. 120