Bebe – Siempre me quedará

 

 

(…)

Rompiendo el silencio que habían creado sus últimas palabras, una melodía brotó de repente de algún lugar de la ropa de Kate McCrane. Me sonaba, y la reconocí cuando escuché la letra de la canción:

Siempre me quedará

la voz suave del mar,

volver a respirar,

la lluvia que caerá…

Kate echó mano al bolsillo de la pernera a la que no llevaba adosada la pistola, lo desabrochó con dedos nerviosos y extrajo un iPhone último modelo, que acalló sin mirarlo, mientras se disculpaba:

—Perdonen, se me olvidó silenciarlo. La costumbre. Aquí hay que estar con todas las comunicaciones abiertas, por si acaso.

 

SILVA, Lorenzo. Donde los escorpiones. Barcelona : Destino, 2016

Leonard Cohen – In My Secret Life

(…)

Sin embargo, aquella tarde notaba una presión singular, que por momentos tenía un desagradable parecido con la angustia: la que me producía asomarme a aquel precipicio que, por tantas razones, era para mí la vida secreta de Robles. Todas las vidas secretas, cualquiera que sea su titular, participan de ese vértigo y de ese desasosiego, por más que el interesado intente justificarlas, o excusarlas con un cúmulo de pretextos, o apaciguarse con sus alicientes, reales o imaginarios. Al final, como bien dice esa canción de Leonard Cohen, In My Secret Life, que sólo pudo escribir alguien que sabe de lo que habla, las vidas secretas están llenas de frío y soledad. Mientras Chamorro conducía hacia el puerto donde a las cuatro y media de aquella tarde debíamos encontrarnos con el sargento Nuño, que prefería los Porsche antes que honrar sus juramentos, me acordé de aquellos versos terribles del poeta canadiense:

 

And I’d die for the truth

in my secret life.

 

Bien sabía que era así, que por la verdad uno moriría cuando vive fuera de ella. Para mi amigo, ya muerto, se acercaba la hora de la verdad. Y, me gustara o no, era yo quien tenía que sacarla a la luz.

(…)

SILVA, Lorenzo. La marca del meridiano. Barcelona : Planeta, 2012.