Blind Willie Johnson – Tear This Building Down

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Nos quedamos de pie unos segundos y giré para marcharme.

—De todas maneras, no te diremos dónde está Dermot —dijo Fiona.

—Lo sé. Esto no es por eso.

—¿Y por qué es?

—Por los viejos tiempos.

Bajé las escaleras, subí al BMW y encendí las luces. La lluvia caía con más fuerza que nunca, así que puse al máximo los limpiaparabrisas y el desempañador. Atravesé el Shantallow. Estaban llegando unos coches de bomberos del Waterside para apagar el incendio de la tienda de Poppy Devlin pero, como era habitual, se había reunido una multitud para contemplar embobados las llamaradas y arrojar botellas de leche y piedras a los bomberos impidiéndoles acercarse. Rebusqué en la caja de casetes y saqué la cinta de Blind Willie Johnson. Apreté el avance rápido hasta que llegué a la pista cuatro, «Tear This Building Down», «Demoler este edificio». La guitarra emitió sus rasgueos y Blind Willie Johnson gruñó la letra: «Bien, si pudiera hacer lo que quiero, Señor, en este mundo malvado, Señor. Si pudiera hacer lo que quiero, Señor, demolería este edificio…».

Por fin dejó de llover y mantuve una buena velocidad durante el viaje hacia el sur. Cuando llegué a Carrickfergus, no eran más de las diez de la noche, pero estaba tan cansado que me acosté de inmediato y, por una vez, dormí el sueño de los justos.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

 

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Jefferson Airplane – White Rabbit

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Sonaba «White Rabbit» en el estéreo, me había liado un grueso porro con kif de las montañas del Atlas y el más dulce tabaco para pipa de Carolina del Norte, y estaba a punto de meterme en la bañera cuando oí que sonaba el teléfono en la sala, que estaba en la planta inferior.

Las probabilidades de que le hiciera caso o no eran de cincuenta y cincuenta.

Lee dijo que si no hubiera contestado, no habría vuelto a llamarme porque tenía el instinto de no ofrecer información a la policía en ninguna circunstancia.

Sí bajé. Sí cogí el teléfono que estaba en la mesa.

—¿Sí?

—Soy Lee McPhail.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Led Zeppelin – No Quarter

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Conduje hacia el norte pasando por Ballypatrick, Ballycastle y Ballintoy.

Aparqué en la Calzada del Gigante y cuando la lluvia amainó saqué mi walkman, me subí la cremallera de mi chaqueta de cuero, que llevaba encima de una sudadera con capucha, y caminé sobre las rocas hasta el punto máximo en que se internaban en el Atlántico Norte.

Era bastante más tarde de la medianoche. No había gente, ni pájaros, ni nada.

Alcancé a divisar algunas luces de las aldeas de la península de Kintyre, en Escocia. Nada más. Me senté sobre una de las columnas hexagonales más próximas al agua y puse Houses of the Holy de Led Zeppelin en el reproductor. Avancé a gran velocidad la casete hasta que llegué a «No Quarter». Quemé un poco de resina de cannabis y la froté para añadirla a un cigarrillo liado.

Lo encendí y me eché la capucha hacia atrás. El cielo estaba formado por espejos. Estrellas de ojos empañados de cuyos verdaderos nombres e historias estábamos destinados a no saber nada. Inhalé el cannabis negro. Lo retuve. Lo solté. La luna sabía. Había visto mucho en su elipse de cuatro mil millones de años. Pasaría mucho tiempo hasta que perdonara nuestro sacrilegio de habernos presentado ante ella espontáneamente en 1969.

Cerré los ojos. El clima era cálido. Reinaba un aroma a sal y espuma. El mar rompía suavemente contra el cabo, en este sendero oculto entre los reinos. El camino que todavía existe para aquellos que pueden ver de verdad. Me tumbé sobre las rocas planas.

—¿Qué voy a hacer ahora? —le dije al mar en voz alta—. ¿Qué voy a hacer ahora que he enderezado el mundo?

El mar, como siempre, se guardó su consejo. Yaceré aquí y me ofreceré a Lyr, el dios del agua rota. La casete terminó. El agua lamió las piedras y aquella débil nota era lo único que había en el gran pentagrama de la noche, en medio de todo aquel épico silencio.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Psycho-Chor Jena – Only You

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Había una escalerilla de mano ominosamente ubicada bajo el aplique de luz de la cocina. Un lugar ideal para una cuerda en la que ahorcarse. La plegué y la coloqué en el espacio que había debajo de las escaleras.

—¿Cuántos freudianos hacen falta para meterla en una bombilla? —le pregunté a Jimmy para aligerar el ánimo.

—No lo sé —dijo.

—Dos. Uno para cambiar la bombilla, el otro para sostener el pene… Quiero decir, la escalerilla. —Jimmy no lo entendió. —Creo que ya está todo —dije.

Volvimos al Land Rover y nos metimos en el vehículo. Llegamos justo a tiempo para oír que en el programa Chart Show anunciaban el número uno navideño de 1983. Era «Only You» de Vince Clark, en una versión a cargo de un tedioso grupo vocal a capela.

—Últimamente me desconcierta el gusto musical de este país —dije.

Jimmy me dedicó su sonrisa de veinticuatro años y no respondió.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Ella Fitzgerald and The Inkspots – Into Each Life Some Rain Must Fall

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Como era un día típico de la meteorología primaveral del Ulster, una fuerte lluvia horizontal azotaba ahora contra las ventanas de la cocina, así que decidí poner el mando del tocadiscos en 78 rpm y, después de rebuscar un poco, di con Into Each Life Some Rain Must Fall de los Ink Spots con Ella Fitzgerald.

Aguanté que el chico de los Ink Spots cantara el primer verso, pero cuando entró Ella casi me lo pierdo. Porque el teléfono me sobresaltó.

—¿Diga?

—¿Sabes cómo es eso que siempre me dices de que soy un puto vago y que no me tomo el trabajo en serio?

Era Matty.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

Spassky

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A nuestro control llegó otro Land Rover proveniente de la RUC de Ballymena y los polis hablaban en un dialecto tan cerrado que nos costó entenderlos. Gran parte de su conversación parecía tener que ver con Jesús y los tractores, una combinación improbable para cualquiera que no conozca Ballymena. Y al anochecer llegó un Land Rover. Este transportaba a muchachos desde un lugar tan lejano como Coleraine. A nadie se le había ocurrido traer chocolate caliente o comida o cigarrillos, pero el inspector de la RUC de Coleraine sí se había venido con un tablero de ajedrez, solo por la satisfacción de ganarnos a todos. Le conté una anécdota sobre Boris Spassky (Periodista: «¿Qué prefiere, señor Spassky, el ajedrez o el sexo?». Spassky: «Depende mucho de la posición»). Pero no quedó impresionado y me hizo jaque mate en once jugadas.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Pawn2

 

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Frank

Ulster Fry

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—¿Tienes hambre? —le pregunté a Kate.

—Podría ser —dijo, y miró con escepticismo el sitio, que era un típico local de carretera igual a los demás de la zona del pantano.

—Hacen un Ulster fry magnífico cuando Suzanne está de turno, y siempre sabes si Suzanne está de turno porque su moto Vincent Black Shadow está aparcada en el exterior.

—¿Eso que está ahí es una Vincent Black Shadow?

—Sí.

—¿El fry es la especialidad de la casa? —preguntó Kate.

—Sí.

—Entonces lo probaré.

—Yo invito —insistí.

Entramos. Pedí dos Ulster fries y dos tés. Cogí un Irish News y una Newsletter y nos sentamos en un reservado junto a la ventana. Leí las noticias deportivas y Kate leyó las noticias de verdad.

Llegaron nuestros platos: pan de patata, pan de soda, tortitas, huevos, gruesas salchichas de cerdo, beicon con grasa, morcilla… todo eso frito en grasa de carne.

—No creo que pueda comer esto —dijo Kate.

—¡Y una ración de tostadas! —le grité a Suzanne.

Kate mordisqueó una tostada, pero yo tenía que ganar peso, así que me tragué la mayor parte del plato.

La lluvia no había amainado, de modo que corrimos hasta el coche y casi nos resbalamos en el barro. Seguimos conduciendo y llegamos a Derry justo después de las diez.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016