Burmese Days

(…)

—¿Y tus ladies? —preguntó Ferrer—. ¿Se quedó alguna?

—No, la duquesa y su séquito regresaron a Londres antes de esta guilladura colectiva. Se han ido hasta las cocottes francesas.

—Te debes aburrir mucho sin mujeres —bromeó Regina.

—Me ha salvado una inglesa preciosa con la que no tengo esperanza alguna: está casada y enamorada, que es peor; Eileen, se llama. —Los ojos del casanova se iluminaron por primera vez— Su marido es un inglés larguirucho que vino para pelear con el POUM en Aragón. Ahora el hombre está aquí, en el teatro Poliorama disparando contra los guardias que se atrincheraron en el café Moka.

Eddy sacó un libro del bolsillo de su chaqueta. Burmese Days. Tenía la cubierta rota y las esquinas dobladas por muchas lecturas.

—Es escritor, aunque usa un seudónimo para firmar. —Le pasó el libro a Regina.

—George Orwell —leyó ella—. No he oído hablar de él.

—Yo tampoco, hasta que Eileen me regaló el libro; estoy convencido de que algún día será famoso. —Eddy volvió a guardarse el volumen—. Escribe bien y ha vivido mucho, ¿qué más se le puede pedir?

(…)

IBÁÑEZ, José Luis. También mueren ángeles en primavera. Espasa Calpe, 2009

 

Bacalao con pisto

(…)

Ferrer había pasado la tarde con Regina ajeno a aquel clima hostil. Charlaron e intercambiaron confidencias, descubriéndose mientras preparaban la cena. Se quemó las yemas de los dedos pelando un tomate y un pimiento escaldados que ella picó y sofrió con un cuarto de calabaza y una cebolla. Desde el día anterior, unos lomos de bacalao se estuvieron desalando en el fregadero; un conocido se los había cambiado por uno de los paquetes de café que Albert les había traído de Francia. De la todavía bien surtida bodega del señor Urgell tomaron un blanco de Mosela que hizo honor al magnífico bacalao con pisto.

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IBÁÑEZ, José Luis. Nadie debería matar en Otoño. Madrid: Espasa Calpe, 2007.

Y para aprender a cocinar esta receta, os dejo el vídeo de Cocinar para los amigos, uno de mis canales preferidos. ¡¡Qué aproveche!!