Burmese Days

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—¿Y tus ladies? —preguntó Ferrer—. ¿Se quedó alguna?

—No, la duquesa y su séquito regresaron a Londres antes de esta guilladura colectiva. Se han ido hasta las cocottes francesas.

—Te debes aburrir mucho sin mujeres —bromeó Regina.

—Me ha salvado una inglesa preciosa con la que no tengo esperanza alguna: está casada y enamorada, que es peor; Eileen, se llama. —Los ojos del casanova se iluminaron por primera vez— Su marido es un inglés larguirucho que vino para pelear con el POUM en Aragón. Ahora el hombre está aquí, en el teatro Poliorama disparando contra los guardias que se atrincheraron en el café Moka.

Eddy sacó un libro del bolsillo de su chaqueta. Burmese Days. Tenía la cubierta rota y las esquinas dobladas por muchas lecturas.

—Es escritor, aunque usa un seudónimo para firmar. —Le pasó el libro a Regina.

—George Orwell —leyó ella—. No he oído hablar de él.

—Yo tampoco, hasta que Eileen me regaló el libro; estoy convencido de que algún día será famoso. —Eddy volvió a guardarse el volumen—. Escribe bien y ha vivido mucho, ¿qué más se le puede pedir?

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IBÁÑEZ, José Luis. También mueren ángeles en primavera. Espasa Calpe, 2009

 

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Simply Red – Stars

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Ese atardecer, después de acompañar a Merlin hasta la puerta de su vivienda y dejar a Soledad en el centro de Galway, se marchó con las carpetas de Pembroke a un bar cercano. Al igual que lo había hecho en el Antiguo Bar Inglés, de Valparaíso, buscó una mesa apartada, ordenó una jarra de Guinness mientras retumbaba «Stars», de Simply Red, y comenzó a examinar los apuntes. Tenía confianza en ellos. Un historiador, pensó, no solo deja por escrito el pasado, sino también aquello que lo inquieta del presente.

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AMPUERO, Roberto. Bahía de los misterios. Plaza y Janés, 2014

Torre Eiffel

ía calor cuando por fin avisté la casa de Ove Kjikerud. Fui hasta la orilla del bosque y me senté en un tocón desde donde podía ver bien la calle con sus chalets adosados y sus bloques de casas. Y me di cuenta de que la gente que vive en la zona este de la ciudad no tiene unas vistas tan diferentes a los de la elegante zona oeste. Todos teníamos vistas al edificio del Postgirobygget y al Hotel Plaza. La ciudad no se veía ni más fea ni más bonita. En realidad, la única diferencia era que desde aquí podía verse la parte oeste de la ciudad. Lo que me hizo pensar en cuando Gustave Eiffel construyó su famosa torre para la exposición universal de París en 1889 y los críticos dijeron que la mejor vista parisina era desde la torre Eiffel porque era el único sitio desde el que no se veía la torre Eiffel.

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NESBO, Jo. Headhunters. RBA, 2012

Eiffel

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de

Eiffel

Jefferson Airplane – White Rabbit

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Sonaba «White Rabbit» en el estéreo, me había liado un grueso porro con kif de las montañas del Atlas y el más dulce tabaco para pipa de Carolina del Norte, y estaba a punto de meterme en la bañera cuando oí que sonaba el teléfono en la sala, que estaba en la planta inferior.

Las probabilidades de que le hiciera caso o no eran de cincuenta y cincuenta.

Lee dijo que si no hubiera contestado, no habría vuelto a llamarme porque tenía el instinto de no ofrecer información a la policía en ninguna circunstancia.

Sí bajé. Sí cogí el teléfono que estaba en la mesa.

—¿Sí?

—Soy Lee McPhail.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

Pasta ‘Ncasciata

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Quizá Adelina había tenido la buena idea de celebrar solemnemente su reincorporación al servicio. El caso es que, al abrir el frigorífico, se encontró ante una decena de involtini de pez espada preparados como a él le gustaban, y dos grandes hinojos cortados y limpios, perfectos para refrescar la boca. Y había también una botella de vino. En la parte interior de la puerta había un papel donde ponía: «Mirar también en el horno.» Y él miró. ¡En el horno resplandecía una fuente de pasta ‘ncasciata! Ni siquiera con el uso de la fuerza o la seducción dejaría que Ingrid lo convenciera para ir a cenar a un restaurante, fuera cual fuese. Por si acaso, cogió otra botella de vino blanco y la metió en el frigorífico. Y en ese preciso momento recordó que no tenía ni una gota de whisky en casa.

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CAMILLERI, Andrea. La búsqueda del tesoro. Salamandra, 2013

 

 

Sex Pistols – No future

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 —Ya, pero no te fuiste.

—A veces soy un poco lento pensando.

—¿Y después?

Harry se cruzó de brazos.

—Después, esto: Chungking.

—¿Y los planes de futuro?

Harry se encogió de hombros y apagó el cigarro. Y a Kaja se le vino a la cabeza la carátula del disco que Even le había enseñado, con la foto de Sid Vicious, de los Sex Pistols. Y la música que sonaba de fondo: «No future, no future».

—Ya sabes lo que necesitabas saber, Kaja Solness.

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NESBO, Jo. El leopardo. Random House, 2014

Doctor House

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Para relajarse, Conde decidió no pensar más en los Kaminsky mientras cubría a pie el trayecto de ocho cuadras hasta la casa de Tamara. Al llegar descubrió a la mujer en la sala de la televisión, en apariencia tranquila, concentrada en el disfrute de uno de aquellos episodios del Doctor House, abominable y repulsiva para el Conde. En su criterio, el tal doctor era el tipo más comemierda, petulante, imbécil e hijo de ¡la grandísima puta que hubiera podido salir de la cabeza de un guionista, y nada más de oírle la voz, su ánimo se volvió a alterar. Al verlo llegar, la mujer detuvo la proyección y, luego de recibir el beso más cariñoso que Conde guardaba en su repertorio de besos culpables, se quedó en silencio, observándolo.

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PADURA, Leonardo. Herejes. RBA. 2013

Missing Hugh II

 

La Imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Little Miss no Name