Marck Knopfler – Postcards from Paraguay

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Comimos, bebimos y hablamos de nada mientras el saco nos vigilaba de cerca.

Cuando terminamos de comer, puse Shangri-la de Mark Knopfler. Después tomé mi copa y me fui a sentar en el sofá. Ella se quedó en su sitio. Cuando comprendió cuál sera el disco, dijo que le gustaba mucho Postcards from Paraguay. Dejé la copa en el suelo, me incliné hacia el botón y pulsé hasta la pista número siete. Entonces ella se acercó para sentarse a mi lado en el sofá, justamente cuando empezaba a sonar la canción.

One thing was leading to the next.

Precisamente.

Fue lo último racional que consiguió decirme por aquella noche.

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CAROFIGLIO, Gianrico. Dudas razonables. Ediciones Urano, 2008.

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Calles

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Empezaron a dar vueltas de nuevo. De repente, el comisario recordó el criterio que todos los registros toponímicos, todos sin excepción, tanto de pueblos como de grandes ciudades, emplean para dar nombre a las calles. A las más centrales les asignan nombres de cosas abstractas, como libertad, república o independencia; a las que son un poco menos centrales, de políticos del pasado, como Cavour, Zanardelli o Crispi; a las inmediatamente contiguas, de políticos más recientes, como De Gasperi, Einaudi o Togliatti. A continuación, conforme quedan más distantes del centro, vienen los héroes, los militares, los matemáticos, los científicos, los industriales, y así sucesivamente hasta llegar a algún dentista. Por último, en las calles situadas más en la periferia, las más miserables, las que lindan con el campo abierto, aparecen nombres de artistas, escritores, escultores, poetas, pintores y músicos. De hecho, via Vitaliano Brancati consistía en cuatro casuchas donde las gallinas vivían en libertad. Y aquello fue, en cierto sentido, una suerte.

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CAMILLERI, Andrea. La búsqueda del tesoro. Salamandra, 2013

La imagen, con licencia Creative Commons, es de Wikimedia Commons.

 

Huevos fritos

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Cuando Jareño se mostró medianamente satisfecho de mi declaración, era tarde. Llegué a mi casa a las dos de la madrugada, cansado y hambriento. Tenía unos deseos incontenibles de tumbarme en la cama y meditar acerca de la mejor manera de apearme de este planeta sin lastimarme en exceso. No la encontré, en caso contrario se la diría. Cariño me esperaba con la correa en la boca y un meneo circular de cola que indicaba bien a las claras que su felicidad dependía exclusivamente de mí. Tragué dos huevos fritos con sendas lonchas de jamón de plástico. Luego Cariño y yo nos lanzamos a la noche del Poble Sec en busca de los mejores rincones para olfatear. Ya sé que las dos de la madrugada no es la mejor hora para pasear por las calles de mi barrio, pero Cariño me sorprendió, el primer día que la saque a pasear, con una cualidad de la que yo en principio no la creí capaz. Tiene un olfato especial para detectar a la mala gente, y una forma convincente de demostrarles que no le gustan. Si nos cruzamos con algún tipo que ella cree poco recomendable, un sordo ronroneo amenazador, como de gato grande, le surge de la garganta, levanta el labio superior y deja al descubierto unos sorprendentes colmillos que sin grandes dificultades servirían de paragüero.

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GUTIÉRREZ MALUENDA, Luis. Un caniche blanco muerto. Literaturascomlibros.es, 2013

Van Morrison – Someone Like You

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Cuando llegué a casa, Diana estaba en el salón leyendo un libro enorme. Van Morrison cantaba «someone like you make it all worth while», y no me oyó hasta que estuve justo delante leyendo el título de la portada en voz alta:

—¿Así se forma un niño?

Ella se sobresaltó, pero se le iluminó la cara. Aunque se apresuró a guardar el libro en la estantería que tenía detrás.

—Llegas tarde, mi amor. ¿Has estado haciendo algo agradable, o solo trabajando?

—Ambas cosas —dije encaminándome a la ventana del salón. La blanca luz de la luna bañaba el garaje, pero todavía faltaban muchas horas para que Ove viniera a buscar el cuadro—. He hecho un par de llamadas y he pensado un poco en el candidato propuesto para Pathfinder.

Entusiasmada, dio una palmadita.

—Qué emocionante. Al final fue el que te ayudé a elegir… el tal, ay, ¿cómo se llama?

—Greve.

—Clas Greve. Menuda despistada me he vuelto. Espero que me compre un cuadro bien caro cuando se lo digan. Me lo merezco, ¿verdad?

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NESBO, Jo. Headhunters. RBA, 2012

La línea

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Cuando no se consigue digerir la hostia recibida, la única solución es ir a hablar con alguien que ha recibido muchas más hostias que tú y es, por lo tanto, un experto.

Encuentro a Zisis junto a la entrada, el pequeño espacio que hace las veces de portería y de despacho. En el bar hay algunos usuarios. Unos leen el periódico y otros charlan animadamente.

—¿Cómo tú por aquí de buena mañana? —me pregunta Zisis con una sonrisa.

Me lo llevo al bar y nos sentamos a una mesa apartada. Él se sienta de cara a la puerta, para controlar las entradas y las salidas. Empiezo a contarle con todo lujo de detalles mi aventura de ayer y mi encontronazo con el subdirector general.

Zisis escucha sin interrumpirme y al final me dice tranquilamente:

—Es la línea, camarada.

Su respuesta me deja anonadado. Esperaba algún consejo, alguna explicación, quizá unas palabras de consuelo, y él me sale con eso de «camarada».

Piso el freno para no mostrarme agresivo.

—¿Desde cuándo soy militante del Partido Comunista, que no me he enterado? —pregunto con toda la calma de la que soy capaz.

Zisis no deja de sonreír.

—Cuando la dirección del partido tomaba una decisión con la que algunos no estábamos de acuerdo, el secretario general nos decía: «Es la línea, camarada». Es decir: «Cierra el pico y obedece». Esto es, exactamente, lo que te dijo tu subdirector.

—Pero yo no pertenezco a un partido sino a la policía. Soy un funcionario.

—Los nuestros también eran funcionarios. De la revolución —contesta él secamente.

—¿Y qué debo hacer? —pregunto desesperado.

—Nada, o te meterás en un lío mayor y te expulsarán del juego. Lo mismo nos pasaba a nosotros —es la dura respuesta. Hace una pequeña pausa antes de continuar—: Tú, al menos, quieres pillar a los verdaderos culpables, no pretendes salvar a la humanidad. Nosotros queríamos salvar a la humanidad y nos pasaron cosas mucho peores.

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MÁRKARIS, Petros. Offshore. Tusquets, 2017

Follow the line - Galway, Ireland - Black and white street photography

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons es de Giuseppe Milo

Madonna – Papa Don’t Preach

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-¿Qué más, Rose? -preguntó Carl-. Vamos, dilo.

-No sabes mucho de Madonna, ¿verdad, Carl? -fue lo único que dijo.

La observó, cansado. Para ojos como los de Rose, que llevaban en este mundo bastante menos que él, parecía que en cuanto cumplías los treinta te quedabas estancado, y si cumplías cuarenta, entonces nunca habías sido joven. ¿Cómo iban a catalogarte aquellos ojos cuando cumplieras cincuenta, sesenta e incluso más?

Se alzó de hombros. A pesar de su edad, sabía bastantes cosas de Madonna, por supuesto. Pero Rose no tenía por qué saber que una de sus novias lo había vuelto loco con «A Material Girl», o que Vigga había bailado desnuda ante él sobre el edredón mientras, con eróticas sacudidas de cadera, vociferaba Papa don’t preach, I’m in trouble deep. Papa don’t preach, I’ve been losing sleep. No era una visión que quisiera desvelar a nadie.

-Bueeeno, un poco, sí -informó-. En los últimos tiempos le ha dado por la religión, ¿no?

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ADLER-OLSEN, Jussi. Expediente 64. Maeva, 2013

Lolita

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1 cerveza

1 parte de ginebra

Jugo de limón

Hielo

 Mezcle las partes, sírvalo en un vaso alto con hielo, adornado con limón amarillo.

 Lolita es la famosa novela de Nabokov sobre la relación de una ninfa adolescente y su padrastro, a quien arrastra a un infierno interno y es señalado por la sociedad. No es una historia puritana, más bien una alegoría sobre los deseos reprimidos. La película que realizó Kubrik en 1961 fue tan comentada y criticada como nunca otra lo había sido.

Este coctel fue creado en un bar del sur de Francia por unos marineros. Tal vez el nombre se debe más a la imagen de Sue Lyon en bikini que estaba en ese bar, cuyos comensales habituales no leen a Nabokov.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009