Extrechinato y tu – Abrazado a la tristeza

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Alguien que me conocía muy bien, probablemente Estíbaliz, habló más de la cuenta y contó que mi canción favorita era el Abrazado a la tristeza de Extrechinato y tú, y por los altavoces de mi plaza comenzó a escucharse la primera estrofa que yo había repetido billones de veces:

He salido a la calle abrazado a la tristeza.

Vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena.

Los llantos desconsolados que estrangulan las gargantas,

los ancianos encorvados, parece que la tierra les llama.

Para el imaginario popular de la ciudad quedó que el abuelo no se separó de mí, que no comió, que no durmió, que ni siquiera bebió agua y que los médicos entendieron que aquel hombre había echado raíces y nadie iba a sacarle de la UCI si no era con los pies por delante.

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GARCÍA SÁENZ DE URTURI, Eva. El silencio de la ciudad blanca.: Planeta, 2016

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Kamikaze

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1 parte de vodka

1 parte de triple sec o cointreau

1 parte de jugo de limón

Mezcle todo. Agítelo con hielo. Sírvalo en un vaso corto o caballito tequilero. Se le puede agregar azúcar para endulzarlo. Si se quiere un color fluorescente, agregue una parte de curaçao azul. Si quiere algo más movido, pruebe con Summertime blues de Eddie Cochran.

El coctel kamikaze fue bautizado así en honor a los pilotos suicidas japoneses de la segunda guerra mundial. Quien lo prueba recibe, en efecto, una bomba, pero debe ser tomado todo de golpe, de un trago, con lo que se incrementa el golpe.

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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Roca editorial, 2009

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Dolly Parton – The Ballad of the Green Berets

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Entró en el Lou, un billar que se encontraba cerca del parque de bomberos, y echó una partida. Alguien puso The Ballad of the Green Berets en la máquina de discos y un par de borrachos empezaron a cantar. Martini dijo el número de la bola que pretendía meter, la número ocho, y después de conseguirlo le pasó el taco a un tipo al que no conocía. Uno de los borrachos se apartó de su camino cuando cruzó la sala; en el barrio sabían que Martini era el marine que había entrado en acción en Vietnam, así que supuso que le tendría miedo. Sin embargo, ni el borracho ni nadie más sabía que sus días de peleas habían terminado.

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PELECANOS, George. Revolución en las calles. Zeta bolsillo, 2005

 

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Man on the Moon

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—Esto es diferente, Harry. A principios de año hubo unos cuantos asesinatos relacionados con la droga. Un tipo de violencia que no habíamos visto hasta ahora. Y nadie dice nada. Encontraron a dos camellos vietnamitas colgados por los pies en una viga en el apartamento donde vendían la mercancía. Ahogados. Les habían atado a la cabeza una bolsa de plástico llena de agua.

—No es un método árabe, es ruso.

—¿Perdona?

—Los cuelgan por los pies, les atan una bolsa de plástico alrededor de la cabeza, pinchan un agujero en la bolsa a la altura del cuello para que puedan respirar y empiezan a echarles agua por las plantas de los pies. El agua va chorreando por el cuerpo hasta llegar a la bolsa, que va llenándose muy despacio. Se llama Man On The Moon.

—¿Y tú cómo sabes eso? Harry se encogió de hombros.

—Hubo un líder kirguiso, un multimillonario, que se llamaba Byráiev y que en los años ochenta se hizo con uno de los trajes espaciales del Apolo 11. Dos millones de dólares en el mercado negro. Todo aquel que intentaba engañar a Byráiev o que no le pagaba las deudas, acababa dentro del traje. Grababan la cara del desgraciado mientras iban vertiendo el agua. Después, enviaban el vídeo a los siguientes deudores cuyos plazos estaban a punto de vencer. Harry echó el humo hacia el cielo. Beate lo miró y meneó despacio la cabeza.

—¿A qué te dedicabas realmente en Hong Kong, Harry?

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NESBO, Jo. Fantasma. Random House, 2015

MinAstronauta

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Tom B

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Wynton Marsalis – The Majesty Of The Blues

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Satisfecho de que su corazonada de que Ellis podría intentar algo contra él era equivocada, Bosch empezó a relajarse. Encendió las luces de la sala y fue al equipo de música. Lo puso en marcha y colocó la aguja en el álbum que ya estaba puesto en el tocadiscos. Ni siquiera miró cuál era. Dejó su pistola en el receptor estéreo, se quitó la chaqueta y la lanzó al sofá. Estaba exhausto de un día largo y tenso, pero demasiado acelerado para dormir. Los primeros compases de trompeta se alzaron desde los altavoces y Bosch supo que era Wynton Marsalis tocando The Majesty of the Blues, una vieja grabación que había comprado recientemente en vinilo. La canción parecía apropiada para el momento. Abrió la corredera y salió a la terraza de atrás.

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CONNELLY, Michael. Del otro lado. Alianza, 2016

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Ulster Fry

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—¿Tienes hambre? —le pregunté a Kate.

—Podría ser —dijo, y miró con escepticismo el sitio, que era un típico local de carretera igual a los demás de la zona del pantano.

—Hacen un Ulster fry magnífico cuando Suzanne está de turno, y siempre sabes si Suzanne está de turno porque su moto Vincent Black Shadow está aparcada en el exterior.

—¿Eso que está ahí es una Vincent Black Shadow?

—Sí.

—¿El fry es la especialidad de la casa? —preguntó Kate.

—Sí.

—Entonces lo probaré.

—Yo invito —insistí.

Entramos. Pedí dos Ulster fries y dos tés. Cogí un Irish News y una Newsletter y nos sentamos en un reservado junto a la ventana. Leí las noticias deportivas y Kate leyó las noticias de verdad.

Llegaron nuestros platos: pan de patata, pan de soda, tortitas, huevos, gruesas salchichas de cerdo, beicon con grasa, morcilla… todo eso frito en grasa de carne.

—No creo que pueda comer esto —dijo Kate.

—¡Y una ración de tostadas! —le grité a Suzanne.

Kate mordisqueó una tostada, pero yo tenía que ganar peso, así que me tragué la mayor parte del plato.

La lluvia no había amainado, de modo que corrimos hasta el coche y casi nos resbalamos en el barro. Seguimos conduciendo y llegamos a Derry justo después de las diez.

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McKINTY, Adrian. Por la mañana me habré ido. Alianza, 2016

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Roxy Music – For Your Pleasure

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—¿Y ahora qué, jefe? —dice Matty.

—Coge un Land Rover y un conductor y lleva esta maceta al laboratorio. Quiero que la examinen los mejores expertos forenses de la científica y que te quedes con esos jodidos hasta que hayan terminado. Si encuentran cualquier resto del puto regaliz americano ahí nos bastará para ahorcar a McFarlane.

Matty recoge la maceta y sale disparado como Correcaminos.

El resto nos marchamos a casa.

El 113 de Coronation Road.

Pongo For Your Pleasure, de Roxy Music.

Frío un poco de beicon y cebolla.

Me tomo la cena y escucho las dos caras del LP que hacía siete u ocho años que no oía.

Cuando se acaba me pongo la gabardina y me voy andando a la comisaría para esperar a Matty.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

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