Patibularias

(…)

—Quiero decir, ¿es posible que alguno de ellos se moviera después del disparo, con convulsiones o algo parecido?

El médico se colocó las gafas, comprobó que las tenía bien puestas y se las volvió a quitar.

—No.

—He leído que durante la Revolución francesa, antes de la guillotina, cuando todavía decapitaban a la gente manualmente, los condenados a muerte eran informados de que a veces el verdugo fallaba y, si eran capaces de levantarse y bajar del patíbulo, quedarían en libertad. Se dice que unos cuantos lograron levantarse sin cabeza y pudieron dar varios pasos antes de desplomarse en el suelo, para gran regocijo del público, claro está. Si no recuerdo mal, un científico explicó que el cerebro puede preprogramarse hasta cierto punto y los músculos pueden seguir trabajando un buen rato si el corazón ha recibido grandes cantidades de adrenalina justo antes del momento de la decapitación. Al parecer, es lo que les ocurre a las gallinas cuando se les corta la cabeza.

El forense sonrió con sorna.

—Muy gracioso, inspector. Pero me temo que se trata de leyendas urbanas.

(…)

NESBO, Jo. Cucarachas. Barcelona : Penguin Random House, 2015

playmobil executioner

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de William Clifford

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Croquetas de Seitán

(…)

Nunca sabría exactamente por qué lo hizo, pero, esa tarde, Monroy se presentó en la librería de Gloria con una americana de hilo en color crudo y una invitación para cenar. Gloria, sorprendida, no supo decirle que no.

Eligieron un restaurante vegetariano, bastante tranquilo, de la zona de Vegueta. Allí, ante unas setas a la plancha y unas croquetas de seitán, Gloria decidió preguntarle a qué se debía todo aquello.

—Nada —respondió Monroy—. Pensé que nunca habíamos hecho esto.

—¿Qué? ¿Cenar?

—Nunca te había ido a buscar a la salida del trabajo. Nunca te había invitado a cenar en un restaurante.

Gloria sonrió. Tomó un sorbo de vino blanco y le miró por encima de las gafas.

—Ten cuidado, Eladio Monroy. Corres el riesgo de convertirte en una persona normal.

—Siempre he sido normal.

—Sí. Normal como un gato con seis patas.

(…)

RAVELO, Eladio: Tres funerales para Eladio Monroy. Las Palmas : Anroat, 2006

 

 

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Creedence Clearwater Revival – Bad Moon Rising

(…)

El cuerpo me pedía una copa a gritos: cuatro dedos de Jim Beam a palo seco, con una cerveza Jax de barril bien fría al lado, un chute ámbar y dorado que podía iluminarme el alma durante horas e incluso fingir que el serpentario estaba cerrado para siempre. A ambos lados de la carretera había canales y bayous, bahías barridas por el viento, islas de sauces y cipreses grises que parecían iluminarse a la luz de la luna. Entre el ruido del viento, el ronroneo del motor y las ruedas de la camioneta, pensé que oía a John Fogerty cantando:

No vengas esta noche,

te puede costar la vida,

está saliendo una mala luna.

Oigo soplar huracanes,

sé que se acerca el fin.

Noto como se desborda el río,

oigo la voz de la furia y la ruina.

(…)

BURKE, James Lee. Los prisioneros del cielo. Barcelona : RBA, 2013

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Papamóvil

(…)

—Hace tiempo que no te veía, Sean —me dijo el padre O’Hare muy expresivamente, aunque quizás con un toque admonitorio. Y si existía ese toque, no me gustaba un carajo.

—Gran error, padre —dije.

—¿Qué?

—No se puede ser cura y llevar un BMW. Es totalmente inadecuado.

—Sean, estoy seguro de que ya sabes que eso que llaman el papamóvil lo fabrica la BMW.

—El Santo Padre sobrevivió a un intento de asesinato por intervención directa de Nuestra Señora de Fátima y por tanto puede hacer lo que le dé la gana en cuestión de vehículos; pero con el debido respeto, padre, usted todavía no ha llegado ahí.

(…)

McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013.

El PapaMóvil

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Félix Bernet

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Tequila con sangrita (versión Jalisco)

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Tequila

 2 tazas de jugo de naranja

 3 cucharadas de salsa tabasco o chile en polvo

 ¼ de taza de jugo de limón

 2 tazas de jugo de tomate

 2 cucharadas de cebolla finamente picada

 2 cucharadas de salsa Worcestershire o inglesa

 3 cucharadas de sal

Mezcle bien los ingredientes, menos el tequila, sazonándolos con sal y pimienta al gusto. Sirva en un vasito tequilero. El tequila se sirve en otro igual, acompañado de una rodaja de limón. La música de Pedro Infante ayuda a la digestión.
La sangrita es una bebida popular nacida en la misma ciudad de Tequila, Jalisco. Fue a principios del siglo XX cuando se originó entre los ricos hacendados que cultivaban el maguey, de donde se destila este mezcal. Creada por la viuda de Romero, la sangrita sirve para quitarse el fuerte sabor alcohólico del tequila y así poder catarlo.
Con el tiempo se convirtió en acompañante obligado del tequila. El lado femenino de este. Se toma un sorbo de tequila, luego uno de sangrita. Pocas bebidas se mezclan tan bien en la boca. Esta es la mejor.
(…)

HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Barcelona : Roca editorial, 2009

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America – A Horse With No Name

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Ray accedió a internet y entró en una determinada web. Tecleó un nombre de usuario y una contraseña, clicó en algunas carpetas y luego le devolvió el portátil a Broome. Había ochenta y siete fotografías. Empezó por la última, la que Ray le había enviado de incógnito. Algo le llamó la atención de inmediato. Las primeras eran lo que podría definirse como paisajes pictóricos, con la excepción de que había algo en el encuadre que aportaba un matiz de melancolía. En la mayor parte de los casos, los paisajes te hacen anhelar los espacios amplios y la soledad. Pero estos eran adustos, solitarios, deprimentes… Aunque interesantes, ya que ese era claramente el estado de ánimo del fotógrafo en el momento de pulsar el disparador. Broome siguió clicando en las fotografías. Por algún motivo, le vino a la cabeza aquella estúpida estrofa de la canción A Horse With No Name: «Había plantas y pájaros y rocas y cosas». Eso venía a resumirlo todo. Broome había confiado en encontrar… ¿Qué, exactamente? Lo ignoraba. Pistas. Pero lo único que veía eran fotografías, tan anodinas como creativas y conmovedoras, del lugar en el que un hombre perdió el corazón y otros habían perdido… ¿Qué, una vez más?

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COBEN, Harlan. Quédate a mi lado. Barcelona : RBA, 2013

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Gladiadores

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-Aún deben de estar combatiendo los gladiadores -dije entornando los ojos para distinguir lo que ocurría en el circo.

-Alexandros tiene muy buena vista -dijo Olimpia-. ¿Qué ves?

-Sí, son gladiadores -dijo protegiéndose los ojos con una mano-. Tiene que haber habido ya varios combates porque veo charcos de sangre en la arena. Ahora hay tres combates a la vez: tres tracios contra tres galos.

-¿Cómo lo sabes? -preguntó Olimpia.

-Por sus armas. Los galos llevan largos escudos combados, espadas cortas, torques en el cuello y cascos con plumas. Los tracios pelean con escudos redondos, dagas largas y curvas, y cascos sin visera.

-Espartaco es tracio -dije- y sin duda Craso los eligió para que la multitud se desahogara con ellos. Si caen, no podrán esperar compasión de los espectadores.

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SAYLOR, Steven: El brazo de la justicia. Barcelona : Círculo de lectores, 1998.

Gladiador ...

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons es de Joàn Abella.

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